Esta semana ha generado polémica la decisión del Govern de decretar el cierre de las escuelas, las universidades, los espacios deportivos abiertos y promover el teletrabajo ante el episodio de viento que, efectivamente, el jueves irrumpió con fuerza en diversas comarcas de Catalunya. El debate estaba entre los que consideraban que el Govern había sido excesivo con las medidas y los que, por el contrario, defendían las actuaciones, guiadas por el principio de más vale prevenir que lamentar.
El problema de este debate es que está contaminado por diversos factores que impiden una conclusión clara. El más importante de todos es la falta real de la Generalitat de emitir órdenes de manera ejecutiva en todos los ámbitos porque no dispone de las herramientas políticas para hacerlo. El Govern catalán puede ordenar el cierre de escuelas porque tiene competencias traspasadas en educación y no puede cerrar el aeropuerto de El Prat porque es responsabilidad española, como si las rachas de viento supieran discriminar la titularidad de cada instalación pública.
Y en este sentido, la orden más extrema de todas, el cierre total del país, no la puede ordenar la Generalitat porque la Constitución española deja muy claro que la competencia de establecer deberes para los ciudadanos “en los casos de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública” es exclusivamente estatal. En el peor escenario de la covid, el entonces president Quim Torra quiso confinar a toda Catalunya a raíz del brote en la Anoia. La petición fue entre el 12 y el 13 de marzo del 2020. El Estado lo desestimó y tomó la misma decisión, pero para todo el Estado, unos días después, el 15.
Una de las cosas que nos enseñó la pandemia es que se podía actuar comarca por comarca
La pandemia estableció un nuevo paradigma en la gestión de las crisis y de las emergencias y sorprende que de aquella circunstancia tan extrema no se hayan extraído algunas cosas positivas como por ejemplo la de poder territorializar el confinamiento por comarcas. El jueves se decretó el cierre de las escuelas y de la atención médica no urgente en todo el país, con independencia del viento que allí soplara y que, ya el miércoles, se había advertido que no sería igual de grave en toda Catalunya. Esta homologación de todo el territorio también generó muchas críticas y, efectivamente, será bueno extraer reflexiones sobre un centralismo que, si no se quiere de Madrid, tampoco es aconsejable que sea de Barcelona. O sea, repensar si era bueno cerrar toda Catalunya.
Otra cuestión a tener en cuenta no es territorial, sino sectorial, y especialmente pensando en la actividad económica. De la misma manera que el viento no distingue entre administraciones, tampoco lo hace entre profesiones. Si se hizo una recomendación genérica de evitar desplazamientos, de hacer teletrabajo, y encima en algunas comarcas el riesgo era de 6 sobre 6, no tenía sentido que a continuación se dejara en manos de los ciudadanos evaluar la conveniencia de ir a trabajar o no. Si se deja esta responsabilidad en manos del trabajador, es posible que entonces no impere un sentido de la seguridad sino de relaciones laborales, cosa que tampoco te protege de un árbol caído.
Gobernar significa tomar decisiones, y de las crisis se pueden sacar aprendizajes
A este cóctel hay que añadirle la hipersensibilidad generada a raíz de la DANA y especialmente de la nefasta gestión del president valenciano Carlos Mazón, que, al otro extremo de todo esto, desistió de liderar la reacción a la tormenta y pasó la tarde en el restaurante El Ventorro. De las muchas derivadas que se desataron de aquella penosa jornada, también hay que destacar un aprendizaje: toda una Administración autonómica no puede estar secuestrada si, por los motivos que sean, su presidente no está localizable.
De todo ello se pueden extraer muchas conclusiones y la principal es que gobernar significa exactamente eso: tomar decisiones. Y eso incluye que, si se decide cerrar el país para acercarse lo más posible al riesgo cero, entonces se debe hacer con toda la fuerza y todas las consecuencias: prohibición de circular, cierre obligatorio y permiso retribuido para todos. Y si, por el contrario, se considera que puede haber cierta actividad, entonces intentar ser lo más quirúrgico posible sobre si la afectación es igual en todas partes. Ah, y ya puestos, si en lugar de ES-Alert se enviaran mensajes CAT-Alert, quedaría mucho más claro de qué país estamos hablando.