Hasta hace pocos días, la campaña electoral del Barça solo tenía el aliciente de poder contrastar el carisma expansivo del president Laporta y compararlo con el muermo del aspirante Víctor Font. Pero tras el debate en RAC1 entre ambos candidatos y la aparición sorpresa (sic) de Xavi Hernàndez en la prensa del régimen, habría que enmendar la primera frase del artículo para decir que los socios culés estamos a punto de elegir, dicho mal y deprisa, entre un líder que defiende al Barça y una gente que quiere enmerdarlo. En el mencionado cara a cara, Font se dedicó a propagar la sombra de la corrupción en el club (sus asesores, temerosos de alguna encuesta interna, le dirían que repitiera hasta la náusea las palabras “expresident”, “Congo” y “comisiones”) sin ningún tipo de documento probatorio. Contraviniendo la caracterización laportista de Font como “el hombre del ordenador”, yo más bien le imputaría la condición de simple fotocopiadora.
Pero la realidad es muy tozuda y nos recuerda que Joan Laporta ha puesto en marcha tres proyectos deportivos distintos que han llevado al Barça a su máxima cuota histórica de poder mundial. El último de ellos, liderado por Hansi Flick, ha hecho que los culés tengamos de nuevo ganas de pegarnos a la televisión para ver a nuestro equipo y así reafirmar semana tras semana cómo unos jugadores que habían rozado la retirada o la venta (recordad la forma física y la motivación de Pedri o de Raphinha apenas hace unos años) ahora sean titulares totalmente indiscutibles en el mejor once del mundo. Cuando Joan Laporta fichó a Hansi Flick, contra la opinión de todo cristo, algunos iluminados de la vida, como Ernest Folch, dijeron que el Barça había contratado a un “entrenador de gimnasio con un pito.” Aparte de certificar la condición inframental del periodismo deportivo tribal, esto deja la capacidad de intuición de nuestro president fuera de cualquier duda.
Joan Laporta ha puesto en marcha tres proyectos deportivos distintos que han llevado al Barça a su máxima cuota histórica de poder mundial
El mundo del balón es un lugar selvático, donde a menudo impera la locura y el delirio. En este sentido, hoy un president del Barça debe tener un punto de fantasía y, sobre todo, mucha resistencia. Mis ojos han visto a Joan Laporta sonreír muy feliz de la vida mientras algunos antiguos presidents del club querían cargarse su patrimonio a base de operaciones judiciales asquerosas. También he visto a este president dejándose la vida por el Barça y plantándose ante quien fuera por los intereses del club. Hay quien dice, como el humorista Joel Díaz, que Jan parece poco catalán, porque tiene demasiados atributos de macho alfa; esto es precisamente lo que nos gusta del president, Joel, que —si entendemos ser catalán como vivir perpetuamente en 1714— Laporta es un hombre para quien ganar y hacerlo con gran belleza es lo más normal del mundo. Si queréis que el Barça vaya a empatar por sistema, ¡ay!, elegid a Font. Si queréis levantar copas, ya sabéis dónde estamos.
El único motivo que ha llevado a Xavi Hernàndez a meter las narices en campaña es el resentimiento y la angustia de ver cómo sus jugadores, antes medio cojos, ahora son estrellas mundiales. Es una pena que una gloria de nuestro club como el antiguo míster manche de esta forma tan obtusa su legado a base de atacar a Laporta. Sobre todo, querido Xavi, porque quien en primera instancia decidió dejar el Barça fuiste tú. Y en segundo lugar, ya que cuando el president rectificó para darte continuidad (con la simple condición de que te creyeras la calidad del equipo), te dedicaste a dar una rueda de prensa diciendo que no tenías jugadores con suficiente nivel. Sabe muy mal, admirado jugador, que reclames la verdad a base de unas trolas que incluso alguien tan poco barcelonista como Javier Tebas te desmonta en un tuit. Al club de tu vida hay que darle las gracias y no tratarlo como a la exmujer que te dejó, por aburrido.
Por fortuna, todo esto pasará a la historia del estercolero nacional… y a partir del domingo podrá consolidarse una nueva etapa gloriosa del Barça, con el estadio bien acabado, con la economía un poco más saneada y también, si la caja lo permite, con los dos o tres jugadores diferenciales que aún necesitamos para tener una plantilla que pueda volver a ganar la Champions sin despeinarse. Esto no se hará enmerdando, sino defendiendo al club, y diría que la inmensa mayoría de mis consocios podrían firmar este artículo sin cambiar ni una sola coma. Y esto de la fotocopiadora, os lo ruego, olvidémoslo muy pronto, porque los muebles de antes ahora ya son inservibles y, además, contaminan mucho.
