¿Cuántas veces he escuchado la típica frase, que es mucho más difícil de poner en práctica que de decir? Sobre todo, cuando quieres tener un hijo y no llega. Que estás la mitad del mes portándote bien y la otra no. Y lo peor de todo es que es verdad. ¿Te explico cuántas veces había buscado por Google (no existía ChatGPT) si estaba embarazada o no? Supongo que menos que las que se hacían la prueba de la rana. ¿Cuántos días antes de que fuera legítimo me hacía la prueba? Quizás sea obsesiva, o simplemente es que tenía muchas ganas de quedarme embarazada. La teoría está clara. No es lo mismo estar esperando el autobús de pie blasfemando que estar sentada contestando emails tranquilamente o leyendo un buen libro al sol. El tiempo es como un chicle. Un segundo de sufrimiento es eterno y dos horas en la cama cuando te acabas de enamorar es un aperitivo.
Dicen que este 2026 es el comienzo de un ciclo de diez años. No sé, pero lo espero. O no. Porque, con todas estas guerras, parece que el mundo se acabe mientras miramos tiktoks y nos anestesiamos para no tener tanta ansiedad. Voy mirando otra vez el móvil por si me han contestado de esta propuesta televisiva que te rompería tu calendario profesional y doméstico. Pues ese proyecto internacionalmente mediático que sí te habría cambiado la vida no pudo ser porque era un embarazo de riesgo y casi no te podías mover de la cama. Al final tampoco nació ese bebé. Siempre había pensado que era porque todavía me tenía que llegar una oportunidad más grande, pero veo que ya no estoy ni en los castings nacionales. “Llegará cuando menos pienses en ello, ya lo verás”. Y vuelves a pensar en esta oportunidad, tan cerca y en prime time. Es como decir que no pienses en un elefante blanco, que es la primera imagen que te viene. Igual que es imposible distraerte cuando están operando a tu hijo, también puedes hacer como si nada cuando estás esperando una respuesta importante. Nadie ve la viga en su ojo.
Llevo demasiado tiempo esperando mi oportunidad en mayúsculas
La vida es un juego de espejos que te ayudan a ver las partes que no consigues ver de ti mismo. El feng shui dice que tienes que dejar salir para que entren cosas. ¿Os cuento cuántas veces lo he soñado? Empecé en TV3, haciendo una sección con Marc Giró, y mira dónde está. Tuve mi gran oportunidad en el "Pop up xef", pero no fue más allá de la primera temporada. Así que llevo demasiado tiempo esperando mi oportunidad en mayúsculas. “No tengas prisa; llegará, y una mejor”. Pero es que este 30 de julio cumplo 45 años, y aunque considere que soy la niña de los vinos, ya soy una señora que lleva muchos años comunicando a través de los medios, a pesar de que a veces todavía no me lo creo por el maldito síndrome de la impostora.
Cuando eres Misses Wonderful e intentas ser positiva, tampoco va a mejor, pero al menos eres un poco más feliz degustando lo que tienes, más que pensando en lo que te queda. Cada día falta un día menos para que llegue… ¡Hasta cuando ves que antes de que se te cueza el arroz tienes que cambiar de objetivos! O no. Me gusta la metáfora de que, a pesar de que un avión tenga retraso o tenga que hacer una escala, siempre puede llegar a su destino. A pesar de que no sea en el timing esperado o deseado a priori. Pues eso: crucemos los dedos.
En la Edad Media, se creía que el deseo o la oración eran más potentes si dos personas cruzaban los dedos juntas. En los primeros siglos del cristianismo, los fieles hacían la señal de la cruz con los dedos para pedir protección, alejar malos espíritus, expresar la fe y la bendición. A veces, la vida es más sabia que tú mismo. Dicen que Dios no cierra una puerta sin abrir una ventana. Y varias frases como esta… Un consejo poco filosófico pero práctico. Al final, la respuesta es NO. No pasa nada, es peor no saberlo que aceptarlo y centrarte en lo que sí que depende de ti, como ver cómo encaras esta primavera. Porque el aumento de horas de luz también se tiene que notar en tu mirada, no solo en tu piel. Y trabajo fuera de la pantalla tienes más que dentro.
