Tal día como hoy del año 1509, hace 512 años, en Westminster (Inglaterra); Catalina, quinta hija (cuarta chica) de Fernando de Catalunya-Aragón y de Isabel de Castilla-León; era coronada reina de Inglaterra. Catalina, con solo quince años, había sido casada con Arturo, heredero al trono inglés (1501). Pero la prematura muerte del príncipe de Gales, seis meses después de las bodas, la había dejado en una situación de extrema vulnerabilidad. Finalmente, y después de siete años de espera, fue casada con Enrique (1509), hermano pequeño de su difunto primer marido, y nuevo heredero al trono inglés.
Después de la muerte de Arturo, Fernando (padre de Catalina) había presionado a Enrique VII (suegro de Catalina) para arreglar un nuevo matrimonio; en este caso entre la joven viuda y el hermano pequeño del difunto heredero. Pero el rey de Inglaterra no la quería casar con su hijo pequeño Enrique (porque tenía pensada una alianza matrimonial con Francia) ni, tampoco, quería facilitar su retorno a la corte de sus padres (porque eso implicaba la devolución de una astronómica dote, cifrada en dos millones de morabatines, que ya se habían empleado en la construcción de varios barcos de guerra).
Durante aquella larga y tensa espera (1502-1509); Fernando, conocedor de la extraordinaria inteligencia de su hija, la nombró embajadora de la monarquía hispánica ante la cancillería inglesa. Fue la primera mujer de la historia moderna de Europa que ejerció un cargo diplomático. Sus buenos oficios no pasaron desapercibidos y, finalmente, la cancillería inglesa habría aceptado casar a Enrique, futuro rey Enrique VIII (1491-1547) con Catalina (1485-1536). El matrimonio se celebró en la capilla de Grey Friars, en Greenwich (Inglaterra), el 11 de junio de 1509.
Enrique VII había muerto dos meses antes (21 de abril de 1509); y durante este periodo, la cancillería hispánica había intensificado la presión sobre la inglesa para culminar, definitivamente, el tema de la boda. Jugó a favor la predisposición del nuevo rey; que quería restaurar y fortalecer la alianza con la monarquía hispánica, sobre todo con Fernando, para conservar y ampliar la colaboración catalanonapolitana en la fabricación de la marina de guerra inglesa. Buena parte de los masterships y de las tripulaciones de las primeras grandes carracas inglesas de la era Tudor serían catalanes y napolitanos.
