Guillem Nivet y Julien Leone, de más jóvenes, estudiaron juntos en el instituto de Perpinyà. El pasado martes se reencontraron sobre el escenario del Palau Robert, en Barcelona, para dar el pistoletazo de salida a la conmemoración de La Bressola, la red de escuelas asociativas de la Catalunya Nord. El primero, abogado, como su presidente. El segundo, cantante y exprofesor del centro, como presentador del acto. Cinco décadas de vida. Una efeméride fruto del esfuerzo militante, un milagro permanente que hace que La Bressola sea mucho más que una escuela: allí no solo se enseña el catalán, sino que es la esencia de la recuperación de nuestra lengua y cultura en la Catalunya Nord.
Habitualmente, desde el norte de los Països Catalans se ha mirado hacia aquí abajo con una cierta petición de apoyo. Hoy en día, sin embargo, más allá de esta colaboración que sigue fortaleciendo vínculos, las tornas han cambiado un poco y desde el Principat también deberíamos levantar la mirada con modestia para ver qué podemos aprender de ellos. Y es que su inmersión lingüística —que aquí tambalea— es un modelo de éxito que hace que el catalán no sea solo una asignatura o un idioma de enseñanza, sino que se ha convertido en la lengua realmente vehicular: niños y niñas lo hablan entre ellos en el patio, en el comedor, cuando juegan, cuando ríen, cuando cantan.
La inmersión, para ellos, es una responsabilidad compartida, no solo una metodología, y uno de sus motores es la verticalidad. Y es que en las aulas conviven niños de diferentes edades (como pasa con nuestras ZER, la zona escolar rural), de manera que los compañeros mayores se convierten en referentes para los pequeños. Esta mezcla que nació por necesidad (eran pocos en los inicios y los tuvieron que juntar) se ha convertido ahora en una señal de identidad eficaz. Una pedagogía comprometida y cooperativa —también con las familias— que favorece su uso oral y que crea un ecosistema lingüístico y cultural.
Así como Jacint Verdaguer, con su Canigó, encabezó aquella Renaixença, La Bressola es, por méritos propios, forjadora del actual éxito social
Durante el acto en el Palau Robert también quedó de manifiesto la trascendencia de la mirada, aquella que a menudo por estas tierras peca de centralista. Por ejemplo: que desde el atril los intervinientes se dirijiran todo el rato a los barceloneses como a los del sur, ayudaba a ver el país entero en su perspectiva completa y era una cura de humildad para más de uno. Igualmente, así como para nosotros el bilingüismo es indicativo de retroceso y de castellanización, para los representantes de La Bressola el bilingüismo es un concepto positivo, ya que venían de un desierto y ahora consiguen reapropiarse de la lengua de los abuelos y bisabuelos. Los prismas y la importancia de respetarlos.
Aquella gesta política que arrancó en 1976 (de la mano de su fundador y actual presidente de honor, Enric Larreula) ha evolucionado enormemente: abrió las puertas para solo 7 alumnos y hoy en día hay más de mil, repartidos en 9 centros educativos y con un centenar de trabajadores. Antes a la gente la reñian por hablar en catalán, la reñían. Ahora se enseña y es símbolo de prestigio. Muestran la lengua como elemento identitario, sí, pero también como herramienta útil y necesaria. Como historia común. Sus alumnos salen más libres y orgullosos y valdrá la pena seguir la agenda conmemorativa que la entidad tiene prevista este año por todo el dominio lingüístico para celebrar esta libertad y este orgullo de pertenencia (la encontraréis en bressola.cat).
El acto acabó con la magistral recitación del Canto IV del Canigó, de Jacint Verdaguer, a cargo del actor Lluís Soler. Prodigiosamente de memoria, verso a verso, declamó Lo Pirineu, aquella maravillosa descripción del paseo que Gentil y Flordeneu hacen por la mítica cordillera que no es frontera. Hoy en día, la lengua catalana está contemplada como regional en el artículo 75.1 de la Constitución francesa, dentro del bloque del patrimonio, como si fuera una piedra, algo muerto o inerte. La Bressola se rebela y la hace reflorecer. El fundador de la literatura catalana moderna recogió una lengua enferma y la convirtió en una lengua viva y capaz de crecer. Así como el poeta del pueblo encabezó aquella Renaixença, La Bressola es, por méritos propios, forjadora del actual éxito social. Gracias y por muchos años.
