"La persona perversa no ignora la ley, sino que la necesita para transgredirla, encontrando placer en demostrar su capacidad de hacerlo"
Jacques Lacan

Nada más saberse que el Supremo había condenado por diez delitos a 24 años de prisión al hombre al que Pedro Sánchez echaba de menos para trabajar, del que valoraba el criterio político y "también, la amistad", este, como única reacción, nos recomendaba en TikTok beber agua. Para pasar el trago de su desfachatez, supongo. En este pequeño gesto está resumido todo el cinismo, el desprecio de las normas democráticas y la instrumentalización social que acompaña la gobernanza de un perverso narcisista.

El Supremo nos ha dejado dicho en la sentencia de Ábalos, Koldo y Aldama cómo la corrupción deteriora y destruye las instituciones democráticas. No ha podido decirnos, porque no era el objeto de su procedimiento, cómo de superior es el poder destructor de toda una sociedad del liderazgo tóxico de un perverso. Perverso, incluso etimológicamente, viene del latín "perversus", que significa "volcado", "invertido" o "torcido". Es el participio del verbo "pervertere" —formado por el prefijo "per", que nos dice "del todo", y "vertere", que significa "girar" o "volcar""—. Etimológicamente, un perverso es alguien o algo que está completamente fuera de su curso natural, torcido de raíz.

Todo está torcido en este momento. De todo lo sucedido tras la sentencia, más me preocupa esa manipulación sistémica para sacar a la realidad de su curso natural que sorpresa me produce que haya personas que delincan por avaricia, lujuria, poder o todo a la vez. La perversidad con que se está intentando manipular la realidad es cada vez más intensa y, afortunadamente, cada vez más burda. Un perverso siempre crea un clima tóxico a su alrededor y, por ende, eso que los psicólogos llaman monos facilitadores, que les sirven de instrumentos.

Así se intenta conseguir que el problema sea la aplicación del derecho premial a Aldama, el corrupto confeso que ha colaborado con la justicia. No importa el modo. Se inventa que no ha colaborado en realidad —aunque la sentencia detalla todas sus aportaciones—, se afirma que su rebaja de condena por chivato es inaudita —aunque todos los días se están aplicando estas disposiciones legales—, se habla de golpe de Estado judicial —callando que la unanimidad del tribunal incluye a jueces de JpD, incluso a la propuesta por Bolaños como presidenta—, se insiste en que Aldama se ha quedado el dinero y le ha salido a cuenta —sin explicar que los tres han sido absueltos del delito del que pendía esa multa porque se considera que el contrato de adjudicación de las mascarillas fue legal—. Todos estos argumentos confluyen en uno aún más ditirámbico y absurdo, a saber: que el Supremo manda un mensaje a los corruptores para que delincan, ya que después lo arreglen confesando y se van de rositas. Cosas que te rompen la neurona, porque aparcan que ningún empresario corrupto podría hacer tan taimado plan sin políticos que se corrompieran. Argumentos no solo absurdos sino inmorales que verán repetirse con sospechoso paralelismo.

No sé si he recopilado todas las insensateces que propagan incluso gentes a las que yo creí inteligentes y, sobre todo, honestas. En todo caso, tanto ellos como el resto sabemos perfectamente que el Tribunal Supremo ha marcado en esa resolución una especie de jurisprudencia previa, al ser el primero en juzgar, que sin duda marcará al resto de jueces del resto de causas que afectan al gobierno, al PSOE y a su entorno. La sala apunta su criterio sobre el tráfico de influencias, que implica a David Sánchez, sobre la malversación, con consecuencias para Begoña; sobre la organización criminal, pendiendo sobre ZP y, sobre todo, fija hasta dónde puede llegar la aplicación de las atenuantes analógicas muy cualificadas de colaboración con la justicia. Ahí les duele. Porque es un partido limpio, lleno de gentes limpias, les preocupa que otros copien a Aldama y los entreguen con el culo al aire a una justicia dura e implacable. Ese es el problema y no ningún otro. Ojalá. Ojalá drenemos este pozo de pus y se sanee la sociedad de esta gobernanza tóxica, manipuladora, sin palabra y sin otro objetivo que mantener el poder.

Están los perversos y están los que han sido pervertidos. Estos hasta duelen. Un país lleno de ellos está abocado no solo a la polarización, sino al miedo, al deterioro institucional o a la oscuridad de la mentira. ¿Por qué y cómo? ¿No les da vergüenza? Incluso me esfuerzo por entender a los que dependen del partido como empleador, aunque sé que por decencia deberían irse al paro, pero ¿y el resto? Los que tienen otros empleos, los que ya comían en época de otros gobiernos, los que deberían poder trascenderlos, ¿qué hacen entrando en una espiral de monos repetidores, acríticos, propalando un guion más absurdo a cada paso y amarrándose a un mástil podrido que no puede sino desmoronarse? No quieren saber que, para un narcisista, sus seguidores no son sino instrumentos necesarios, idiotas útiles. Y así suelen quedar retratados cuando todo pasa. Miren a Peramato, ordenando aprisa a Luzón que no pidiera la atenuante para Aldama y viendo cómo por unanimidad el Tribunal Supremo la deja en bolas ante su sumisión.

Y en esa espiral, en la que serás acusado del pecado del que te acusa, con ese efecto espejo tan patológico, algunos beberemos agua para sofocar tanto bochorno, pero el trago lo pasarán los corruptos, los malvados, los perversos. Aquellos a los que arrumbará la historia, esa que tanto preocupa al malogrado narciso Pedro.