Una de las carreras más longevas de la política catalana y española de la transición –si no la que más– acabó ayer con tres palabras: "No tengo excusas". Josep Antoni Duran i Lleida, que desde 1979, año en que fue escogido concejal en el Ayuntamiento de Lleida, hasta el pasado mes de enero ha ocupado un cargo público, bajó el telón a su carrera política en el Consell Nacional de Unió Democràtica, partido que ha dirigido con mano firme durante tres décadas. Y, ciertamente, no tenía excusas: después de las elecciones del 27 de septiembre (Catalunya) y 20 de diciembre (España) era cuestión de tiempo. Su apuesta de no seguir haciendo camino junto a sus socios de Convergència, que están decididos a intentar que Catalunya tenga un Estado propio, no tuvo el apoyo de los electores catalanes, que mandaron a Unió al extraparlamentarismo, condenada a una travesía del desierto de futuro, sin duda, incierto. En el entretanto, UDC se fracturó y muchos de sus rostros más visibles crearon una nueva fuerza política, Demòcrates de Catalunya.
Con Duran desaparece prácticamente una generación política que ha movido los resortes desde el inicio de la transición. Con una interlocución preferente, pese a discrepancias puntuales, con los tres últimos presidentes del Gobierno español –Aznar, Zapatero y Rajoy– su carrera política entró en declive pocos meses después de su mayor éxito político: situar a Convergència i Unió como primera fuerza política en Catalunya en las elecciones españolas del 2011. A partir de entonces, la fuerza del soberanismo en la calle y en las urnas le devoró, le llevó a quererse confrontar muy directamente con los dirigentes soberanistas (desde Mas a Junqueras pasando por Carme Forcadell), a hacer apuestas políticas de alto riesgo que, a la vista de los resultados, han resultado equivocadas. Sólo así se explica que los elogios se circunscribieran a sus compañeros de partido o de políticos españoles. Aunque Unió ya ha vivido situaciones difíciles, por ejemplo, al inicio de la transición, ahora la situación es enormemente más complicada. La competencia política es mayor, no se vislumbra en la organización un líder como Duran y su espacio político ha explosionado en tantos trozos que difícilmente podrá ser recompuesto.