Todas las encuestas dicen que Vox, la extrema derecha española, está subiendo en España de una manera alarmante. No me extraña nada. Se veía venir (¡y no soy politóloga!). ¿Sabéis por qué? Pues porque la mayoría de españoles no pueden soportar que los recién llegados se carguen su querida cultura —y lengua— española y que hundan su admirada madre patria. Y cuando digo española quiero decir lo que queda cuando a España le quitas Galicia, el País Vasco, Navarra, Asturias, el País Valencià, Catalunya, las Illes Balears…; es decir, Castilla, la España profunda e intolerante con todo lo que no es español. ¿Os suena todo esto? A los españoles —muy españoles— les está tocando vivir lo que nosotros, los catalanes, hace cientos de años que vivimos. Como dice el refrán: a cada cerdo le llega su San Martín. Donde las dan, las toman. Quien mal anda —tarde o temprano—, mal acaba. En esta vida —cuando menos te lo esperas—, todo vuelve.
Les toca probar su propia medicina. Les toca oír cada día que son unos fascistas por hablar su lengua en su casa y por no hablar en árabe a los recién llegados. Les toca ver cómo el castellano cada vez se usa menos. Les toca recibir insultos por no contestar en árabe a un mensajero de Amazon. Les toca saber lo que es que no les entreguen un paquete por hablar en castellano al mensajero. Les toca ir al médico y que se nieguen a atenderlos porque no hablan en árabe. Les toca ir a la universidad y, al haver un alumno que no habla castellano, hacer toda la clase en árabe. Les toca que les prohíban hablar en castellano si no es en la intimidad. Les toca que les traduzcan todos los nombres de los pueblos y de las ciudades de su querida madre patria al árabe. Les toca regalar a los árabes millones de euros cada año a cambio de nada y que los insulten por ser unos tacaños. Les toca que hagan chistes cada día sobre su tacañería. Les toca pasarse unos cuantos meses en la cárcel por hacer un referéndum para liberarse de los colonizadores opresores. Les toca ir a cenar fuera y que todo el mundo los atienda en árabe. Les toca que les digan que el castellano es un dialecto o que el castellano y el andaluz son dos lenguas diferentes. Les toca que les digan que los árabes vivieron más años en la península Ibérica que ellos (no se equivocan) y que, por lo tanto, España es su casa. Les toca que les digan que son unos intolerantes por no llevar burka y por no hablar en árabe. Les toca que les digan que el castellano no sirve para nada y que es mejor hablar en árabe en las redes sociales para llegar a más gente. Les toca entrar en un supermercado y que todos los productos estén etiquetados en árabe. Les toca que les digan que el kebab y el falafel son comidas típicas de España y que el Kusīdu madrilīño (adaptación de cocido madrileño) es un plato halal. Les toca que en la escuela los eduquen en árabe y que esté prohibido el castellano. Les toca no saber escribir en castellano porque en la escuela solo les enseñan árabe. Les toca ver cómo su familia y amigos se pasan al árabe porque les abre más puertas. Les toca llevar a sus hijos a la escuela y ver cómo en el recreo solo se habla árabe. Les toca celebrar el Ramadán y que la Navidad, dulce Navidad, se vaya al traste. Les toca esto y mucho más durante muchos años. A ver si así entienden de una vez lo que hace años que estamos viviendo los catalanes y por qué actuamos como actuamos. Les hace falta, en definitiva, una cura de humildad y un baño de realidad. Y si no son los árabes, los que les destruyen la cultura, serán los expats, que creen que esto es su casa y que tienen más derechos que los propios españoles. O incluso "los latinos", que vuelven a casa, a la madre patria, pero con una cultura distinta a la española.
Ahora no es el momento de hacer una España federal y continuar regalándoles dinero a cambio de nada, es el mejor momento para conseguir la independencia
Los catalanes, desgraciadamente, sabemos demasiado bien de qué va todo esto; nos hemos sacado unos cuantos doctorados cada uno sobre el tema. Sabemos cómo empieza y cómo acaba. Por eso ya hace tiempo que muchos de nosotros nos quejamos y pedimos soluciones antes de que sea demasiado tarde. Ahora, a diferencia de lo que dice mucha gente (socialista), no es el momento de hacer una España federal y continuar regalándoles dinero a cambio de nada, es el mejor momento para conseguir la independencia. España tiene demasiados frentes abiertos (el PSOE se hunde por su propio peso, la extrema derecha está recogiendo votos en todas las regiones, la avalancha de recién llegados les está pasando factura…) y los catalanes estamos más cabreados que nunca. La vida nos ofrece una nueva oportunidad para liberarnos de la colonización que hace centenares de años que sufrimos: ¿la aprovecharemos o continuaremos haciéndonos las víctimas?