Ada Colau es tonta. Lo digo porque la alcaldesa de Barcelona decía muchas "tonterías" cuando era una activista de la PAH. O esto es lo que puede deducirse después de oír cómo argumenta que ha dejado de creer en el referéndum para resolver el conflicto entre el independentismo, mayoritario en el Parlament, y el Estado. Calificó el referéndum de tontería, y ahora, además, ha declarado en una entrevista en TVE que, con las condiciones actuales, cree que es “irreal” convocarlo de forma “inmediata”. Pidió que no “se engañe a la gente” y que no se digan cosas que después “no se pueden cumplir”. Me tentó la posibilidad de dedicar todo este artículo a proporcionarles datos de todas las reivindicaciones de Colau antes de aterrizar en el Ayuntamiento y que, como alcaldesa, no solo no ha solucionado, sino que, incomprensiblemente, no han sido una prioridad para saldar una promesa electoral. Con el paso de los años, el espacio de los comunes no ha cambiado de parecer solo en cuanto al derecho de autodeterminación, también lo ha hecho en otros aspectos que se suponía que eran medulares en su programa político. ¿No será que tanto pragmatismo es más bien la expresión de un fracaso de quien llegó a la alcaldía de la mano del PSC y de Manuel Valls, el político francés contratado por la burguesía barcelonesa para cortar el paso a un alcalde independentista? Colau tiene en la sala de máquinas de su gobierno antiguos socialistas de toda la vida, quienes, además, aspiran a sustituirla con más o menos disimulo, y se han desprendido sin vacilar de lo que hicieron mientras mandaban en nombre del PSC.

Centrémonos en alguna tontería de la señora Colau. Una de las obsesiones de los comunes —que comparto— era evitar los desahucios y, otra —que no comparto en absoluto— era que la unión del Trambaix y el Trambesòs se hiciera por la avenida Diagonal. Pues bien, Colau aprobó, al cabo de un año de ser alcaldesa, la conexión del tranvía por la Diagonal y fichó al exconsejero Pere Macias, en otras épocas un villano convergente según el entorno de los comunes, para liderar la redacción del proyecto. ¡Qué cosas! Los intereses facilitan las nuevas amistades. En cambio, los desahucios continúan en Barcelona de manera sistemática, a pesar de que Colau creó un organismo municipal —¡uno más!— para evitarlo. Es de tontos aspirar al bienestar social, debe pensar la alcaldesa. Quizás es que ella cree que es mejor gastarse el dinero en levantar de nuevo el pavimento de la Diagonal —donde murieron políticamente Jordi Hereu y Xavier Trias, sea dicho de paso— y emprender una obra innecesaria en estos momentos. Este proyecto solo responde a los intereses gremiales y empresariales de quienes se beneficiarán de la obra. Por el momento, para ir tirando, Ingenieros sin Fronteras, entidad a la que estuvo vinculado Eloi Badia (BeC), concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica, recibió una subvención municipal de más de 800.000 euros, tal como denunció Agbar.

Con el paso de los años, el espacio de los comunes no ha cambiado de parecer solo en cuanto al derecho de autodeterminación, también lo ha hecho en otros aspectos que se suponía que eran medulares en su programa político.

La respuesta a la política urbanística de la alcaldesa es cada vez más creciente, a pesar de que su entorno compra voluntades y silencia otras con subvenciones a entidades “amigas”, que es lo que los comunes criticaban de la derecha antes de llegar al poder. Hubiera sido mejor que la alcaldesa siguiera defendiendo tonterías, que son los principios de verdad, en vez de destrozar Barcelona y vaciar la caja del Ayuntamiento con decisiones contradictorias (por ejemplo, poner y sacar las barreras New Jersey) que cuestan mucho dinero. Entretanto, para volver a las tonterías que se prometen en campaña electoral y que son “irreales”, fíjense en el detalle siguiente. De los 8.000 pisos sociales que Colau prometió que promovería, la mitad de nueva construcción y la otra mitad procedentes de pisos vacíos, lo cierto es que a punto de acabarse el mandato solo habrá construido unos 1.000, muchos de los cuales puestos en marcha durante la época Trias. Prometer no empobrece, también debe pensar ella.

Además de los incumplimientos, Las declaraciones de Colau sobre la autodeterminación son un fracaso en toda regla de la estrategia de Esquerra de aparcar el independentismo para ampliar la base soberanista. Lo demuestra la separación de los comunes del bloque partidario del referéndum —a pesar de que internamente el sector españolista lleva tiempo rehusándolo—. Las “luchas compartidas” fallan por el lado más esencial: la defensa de una soberanía propia que permita poner en marcha políticas sociales de verdad sin la amenaza del TC de un Estado que va en contra de los intereses de Catalunya. Mientras no se resuelva la contradicción principal, por decirlo a la manera marxista, el resto de luchas, tanto si son para defender la lengua como para evitar la pobreza energética, servirán ahondar en las tonterías de los soñadores. Decía Luther King que la “mayor tragedia no es la brutalidad de los hombres malos, sino el silencio de los hombres buenos. No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. Y esto ya se vio en la acción parlamentaria de Joan Coscubiela, Lluís Rabell y Jéssica Albiach en septiembre de 2017, a pesar de que ellos mismos se consideran de los “buenos”. Ellos hicieron el trabajo sucio de los que acabarían interviniendo la Generalitat y persiguiendo a los políticos independentistas por sus ideas.

Cuando alguien tiene que recurrir a la ridiculización de una idea política para rebatirla, es que tiene pocos argumentos. Las únicas certezas que tenemos en la vida son las propias convicciones. La realidad, siempre incierta y coyuntural, no debería modificarlas por un mero oportunismo. Dicen que la vicepresidenta segunda del gobierno español y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (militante del PCE), y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, visitarán hoy jueves el espacio natural de la Ricarda respondiendo a la invitación del alcalde del Prat, Lluís Mijoler, procedente de ICV. Cómo nos gustaría que esta diligencia de ministras y alcaldes de los comunes para defender la naturaleza la hubieran aplicado, también, para visitar a los presos políticos y a los exiliados o para defender la libertad de los ciudadanos de Catalunya para poder decidir su futuro. Quizás tendremos vida animal, pero a este paso, los “buenos”, convertidos en indiferentes, ayudarán a destruir la democracia. Buscad y lo encontraréis, advertía Stéphane Hessel a los jóvenes para reclamarles un compromiso y alejarlos, precisamente, de la indiferencia: “Encontrad situaciones concretas”, les decía para defender, por ejemplo, “el derecho de los individuos a una nacionalidad”, como reconoce el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Todo esto son tonterías, indignaciones propias de los parias, debe de pensar la tontita Ada Colau. La poltrona municipal ablanda a quien ya perdió las convicciones.

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