La estructura VR46 ha tomado una decisión significativa de cara a la temporada 2026 de MotoGP. Valentino Rossi ha ordenado renunciar a la Ducati GP25, la misma base técnica con la que Marc Márquez se proclamó campeón y que debía convertirse en el material satélite para Franco Morbidelli. En un escenario donde lo habitual es que los equipos clientes hereden el prototipo inmediatamente anterior, el equipo del nueve veces campeón ha optado por romper esa dinámica.
La medida responde a una lectura clara de lo sucedido durante el último curso. La GP25 no ofreció un rendimiento homogéneo dentro del ecosistema Ducati. Mientras Márquez logró exprimir su potencial hasta conquistar el título, en otros garajes la situación fue distinta. Pecco Bagnaia mostró dificultades poco habituales y Fabio Di Giannantonio atravesó una temporada irregular en el propio box del VR46. La conclusión interna fue que el prototipo no resultaba tan versátil como se esperaba.
En este contexto, el equipo de Rossi ha preferido no trabajar con una unidad que generó más dudas que certezas fuera del entorno del campeón. No es ningún secreto que la GP25 evolucionó hacia un concepto muy específico, con una moto más exigente en frenada y con un tren delantero que demandaba un estilo agresivo. Esa orientación benefició claramente a Márquez, pero redujo el margen de adaptación para otros perfiles.
Morbidelli seguirá con la GP24
La decisión implica que Franco Morbidelli competirá por tercer año consecutivo con la Ducati GP24, tras haberla utilizado en 2024 con Pramac y en 2025 ya dentro del VR46. Se trata de una excepción dentro de la lógica habitual del campeonato, donde los pilotos satélite reciben la evolución más reciente disponible. Sin embargo, el equipo considera que la GP24 sigue siendo una base técnica extremadamente competitiva.
Desde su debut en pista, ese modelo se caracterizó por un equilibrio sobresaliente entre estabilidad en frenada, tracción y manejabilidad en curva. A diferencia de la GP25, su comportamiento resultó más neutro y predecible, cualidades que facilitaron la adaptación de distintos estilos de pilotaje. En un campeonato donde la regularidad es clave, contar con una moto consolidada puede resultar más ventajoso que asumir riesgos con una evolución de carácter más radical.
Cabe destacar que el horizonte reglamentario también influye en la estrategia. Con el cambio normativo previsto para 2027, la temporada 2026 se perfila como un año de transición más que de revolución técnica. Las fábricas no deberían introducir transformaciones profundas en un contexto donde el foco ya empieza a desplazarse hacia el nuevo ciclo reglamentario.
Una apuesta conservadora en un año de transición
La renuncia a la GP25 no implica una ruptura con Ducati, sino una elección pragmática dentro del marco competitivo actual. En un curso donde las innovaciones mecánicas serán limitadas y el desarrollo tenderá a la continuidad, apostar por una plataforma conocida reduce incertidumbres. La GP24 demostró ser una moto prácticamente inmejorable desde su primera aparición, y ese historial pesa en la toma de decisiones.
Por otro lado, la experiencia reciente evidenció que la GP25 no fue una moto universal. Su configuración más extrema exigía una adaptación específica que no todos los pilotos lograron completar con éxito. En este sentido, el VR46 prioriza estabilidad y coherencia deportiva antes que alinearse con la última evolución disponible.
Lo destacable en este caso es que la decisión se adopta en un momento en el que Ducati sigue siendo la referencia técnica del campeonato. Incluso con una versión anterior, el equipo de Rossi dispone de material con potencial suficiente para competir en la parte alta. En una temporada de transición, minimizar riesgos puede resultar más determinante que perseguir la novedad a cualquier precio.
La estrategia del VR46 redefine así el reparto interno de material dentro de Ducati y refuerza la idea de que no siempre la última evolución es la más conveniente. En 2026, la continuidad puede convertirse en la mayor fortaleza competitiva.
