Si no acostumbras a coger el coche diariamente, y cuando lo haces es siempre para realizar trayectos cortos, tienes que saber que estás poniendo en peligro el motor. Así lo han afirmado los mecánicos con más experiencia, que están acostumbrados a recibir clientes que han tenido problemas precisamente por este motivo. Hay una serie de factores que se encargan de explicar todo esto, y por suerte la solución al problema es realmente sencillo.
Porque los coches están diseñados para ser funcionales, y no para estar tanto tiempo estacionados, sin darles ningún tipo de uso. De lo contrario, sucede que acumulan humedad, ya que no se calientan lo suficiente, el agua de la condensación no se evapora y puede llegar a mezclarse con el aceite, reduciendo su capacidad de protección, y provocando una avería que es muy cara de arreglar. Y en la batería también sufre más, al consumir mucha energía y no tener tiempo para recargarse.
Por otro lado, el motor no llega a la temperatura óptima, y se acumulan residuos de combustión, favoreciendo la formación de depósitos de carbono en válvulas, inyectores y otras piezas. Los sistemas anticontaminación también trabajan peor, especialmente, en los coches de combustible diésel, que necesitan de temperaturas elevadas para poder regenerarse. Para ello, necesitan de viajes largos, ya que en trayectos demasiado cortos pueden obstruirse.
