La alianza entre Aston Martin y Honda atraviesa sus primeras turbulencias en un momento especialmente delicado del proyecto. El rendimiento inicial del AMR26 ha quedado muy por debajo de las expectativas y, como consecuencia, han comenzado a aflorar declaraciones que en Japón no han sido bien recibidas. Honda ha transmitido a la estructura británica su incomodidad con el tono empleado por Fernando Alonso y ha pedido mayor control en el mensaje público.

El monoplaza no ha arrancado la temporada con la competitividad prometida durante el invierno. La falta de velocidad y consistencia ha generado frustración en el box, y el propio Alonso ha dejado entrever su malestar en sus primeras valoraciones. Sin llegar a la contundencia de episodios pasados, el asturiano ha deslizado críticas que apuntan a carencias técnicas, especialmente relacionadas con la unidad de potencia.

En Honda interpretan que este tipo de mensajes, incluso cuando se expresan con moderación, pueden condicionar la percepción externa del proyecto. La marca japonesa quiere proteger su imagen en una fase de desarrollo clave y considera que cualquier señal pública de desconfianza debilita la credibilidad del conjunto. Por ello, la petición a Aston Martin ha sido clara: evitar declaraciones que sitúen el foco sobre el motor como principal responsable del bajo rendimiento.

El peso de la historia compartida

La sensibilidad actual no puede desligarse del pasado. La etapa de Alonso junto a Honda en McLaren dejó episodios de tensión que marcaron profundamente la relación. Las críticas públicas del piloto, en un contexto de resultados decepcionantes, dañaron la imagen del fabricante y deterioraron la colaboración técnica.

Fernando Alonso GP China EFE

No es ningún secreto que Honda no quiere revivir ese escenario. El regreso a la Fórmula 1 se ha planteado como un proyecto de largo recorrido, cuidadosamente estructurado y con ambición de estabilidad. La comunicación forma parte de esa estrategia. En este sentido, el fabricante japonés no está dispuesto a tolerar reproches abiertos que puedan alimentar una narrativa negativa en plena fase de consolidación.

Aston Martin se encuentra así en una posición compleja. Por un lado, necesita la exigencia y la franqueza de su piloto estrella para empujar el desarrollo. Por otro, debe preservar la relación con un socio técnico esencial para su futuro competitivo.

La incógnita Alonso

El elemento diferencial en esta ecuación es Fernando Alonso. A sus 44 años, el asturiano es uno de los pilotos más veteranos y experimentados de la parrilla. Su trayectoria demuestra que rara vez improvisa en sus declaraciones. Cada mensaje suele tener una intención estratégica y un cálculo previo de sus consecuencias.

Lo destacable en este caso es que Alonso ya conoce perfectamente el impacto que pueden tener sus palabras cuando se trata de Honda. Vivió en primera persona la tensión mediática y deportiva de aquella etapa y es consciente del desgaste que genera un conflicto público con el suministrador de motores.

Por eso, la gran incógnita no es solo la postura de Honda, sino la reacción del propio piloto. Alonso siempre ha utilizado la comunicación como herramienta de presión y como mecanismo para provocar reacciones internas. La cuestión es hasta qué punto considerará conveniente moderar su discurso para proteger la estabilidad del proyecto o, por el contrario, seguirá utilizando su voz para acelerar cambios.

En Aston Martin saben que el equilibrio es frágil. Necesitan cohesión para sacar adelante un monoplaza que ha arrancado lejos de la cabeza. Honda exige disciplina comunicativa y no está dispuesta a “pasar ni una”. Y Alonso, veterano estratega del paddock, decidirá si esta vez compensa contener el mensaje o volver a tensar la cuerda en busca de una reacción técnica más contundente.