El ascenso de Mojtaba Khamenei en el centro del poder en Irán ha reabierto el debate sobre las fortunas ocultas de la élite de la República Islámica. Varias investigaciones periodísticas internacionales señalan que el nuevo líder habría construido durante años una extensa red de activos inmobiliarios en Europa valorada en cerca de 400 millones de euros, una cifra que contrasta con la imagen de austeridad que el régimen proyecta oficialmente.
Según estas informaciones, el patrimonio incluye mansiones en Londres, hoteles de lujo en Alemania y complejos turísticos en países como España o Austria. Muchos de estos activos, sin embargo, no figuran directamente a nombre de Khamenei. En lugar de eso, aparecen registrados a través de una intrincada estructura de sociedades pantalla e intermediarios financieros diseñada para dificultar la identificación del beneficiario final.
Un entramado complejo
Este entramado societario se habría construido durante más de una década mediante empresas registradas en jurisdicciones con poca transparencia, como la isla de Man o el paraíso fiscal caribeño de San Cristóbal y Nieves. En la práctica, esto significa que una propiedad en Londres o un hotel en Mallorca puede depender de una empresa europea que, a su vez, está controlada por un fideicomiso en un territorio offshore.
Los flujos de capital habrían circulado por entidades financieras del Reino Unido, Suiza, Liechtenstein y los Emiratos Árabes Unidos. De acuerdo con las investigaciones, buena parte de los fondos tendrían origen en el comercio internacional de petróleo iraní, a pesar de las sanciones impuestas por los Estados Unidos en 2019 contra figuras próximas al régimen.
Una figura clave en este sistema es el empresario iraní Ali Ansari, un magnate de la construcción que aparece repetidamente en la documentación corporativa vinculada a estas inversiones. Analistas e investigadores lo consideran el principal intermediario del patrimonio inmobiliario asociado a Khamenei, a pesar de que él ha negado cualquier relación financiera con el líder iraní.
Ansari ha estado vinculado a grandes proyectos empresariales en Irán, como el gigantesco centro comercial Iran Mall o el antiguo Ayandeh Bank, que se vio envuelto en un escándalo después de colapsar con fuertes pérdidas y acusaciones de préstamos irregulares. El gobierno británico decidió sancionarlo el octubre pasado por presuntamente haber facilitado actividades vinculadas a la élite militar iraní, una decisión que él ha anunciado que recurrirá.
¿Cuáles activos tiene en Europa?
Entre los activos identificados en Europa hay hoteles de gama alta en Frankfurt, un complejo turístico de esquí en los Alpes austriacos y el Steigenberger Golf & Spa Resort de Camp de Mar, en Mallorca. También figura el centro comercial Bero Oberhausen, al oeste de Alemania. En conjunto, estas inversiones reflejan una diversificación geográfica que se extiende desde el Mediterráneo hasta el centro de Europa.
El foco de más atención, sin embargo, se encuentra en Londres. Allí se ha detectado una importante concentración de propiedades de lujo, incluyendo diversas mansiones en The Bishops Avenue —conocida popularmente como “Billionaires’ Row”— y apartamentos exclusivos en el barrio de Kensington.
Dos de estos apartamentos han despertado especial inquietud en círculos de seguridad británicos. Situadas en la calle Palace Green, muy cerca de la embajada de Israel, las viviendas tendrían una línea directa de visión sobre el complejo diplomático. Expertos en seguridad advierten que una ubicación así podría facilitar tareas de vigilancia, como la observación de movimientos del personal o la captación de imágenes y comunicaciones.
Aumenta el malestar social
Más allá del posible impacto en materia de seguridad, el caso ilustra las debilidades del sistema financiero internacional a la hora de rastrear la propiedad real de los activos. Las múltiples capas de empresas e intermediarios pueden permitir que capitales procedentes de países sancionados acaben transformados en propiedades de lujo en el corazón de Europa.
En Irán, mientras tanto, la revelación de estas fortunas alimenta el malestar social y refuerza un término cada vez más utilizado en el debate público: aghazadeh, una palabra que designa a los hijos de las élites políticas que acumulan riqueza gracias a sus conexiones con el poder. En un contexto de crisis económica y tensiones internas, esta paradoja continúa erosionando la credibilidad del discurso oficial del régimen.