Conducir a 120 km/h en autopista es legal en la mayoría de vías en España, pero no necesariamente es lo más eficiente. De hecho, los expertos en conducción eficiente coinciden en una idea clara, ya que mantener esa velocidad supone un gasto de combustible mucho mayor del que muchos conductores imaginan.

Y es que el consumo no aumenta de forma lineal con la velocidad. A partir de cierto punto, se dispara, y ese punto suele situarse por encima de los 90–100 km/h.

El consumo se dispara a partir de los 100 km/h

La clave está en la resistencia aerodinámica. Cuanto más rápido circula un coche, más esfuerzo necesita el motor para vencer el aire. Este efecto crece de forma exponencial, no progresiva.

gasolina precio

Por eso, pasar de 100 a 120 km/h no implica gastar solo un poco más, sino bastante más. Los expertos estiman que el consumo puede aumentar hasta un 20% o incluso un 30% en ese rango de velocidad. Esto significa que, en trayectos largos, mantener 120 km/h puede suponer un gasto considerablemente mayor en gasolina sin una diferencia real de tiempo tan significativa como parece.

Más velocidad, más gasto y más desgaste

La realidad es que no solo aumenta el consumo. También lo hacen otros factores como el desgaste del motor, los neumáticos y los frenos. Conducir a mayor velocidad exige más al vehículo en todos los sentidos.

Además, el ahorro de tiempo no siempre compensa. En muchos casos, la diferencia entre circular a 100 km/h y a 120 km/h es de apenas unos minutos en trayectos medios, pero el gasto de combustible sí que es notable. Por eso, muchos expertos recomiendan mantener una velocidad constante en torno a los 90–100 km/h cuando se busca eficiencia. Es el punto donde el consumo se mantiene más bajo sin comprometer en exceso el tiempo de viaje.

En un contexto de precios elevados del combustible, este tipo de hábitos cobra aún más importancia. Pequeños cambios en la forma de conducir pueden traducirse en un ahorro significativo a lo largo del año. Así pues, circular a 120 km/h no es un error, pero sí una decisión que tiene un coste. Entender cómo afecta la velocidad al consumo permite conducir de forma más eficiente y reducir el gasto sin renunciar a la movilidad.