En la primavera de 2023, la imagen del liderazgo militar chino alineado detrás de Xi Jinping transmitía unidad y fuerza. Después de casi una década al frente del Partido Comunista, Xi había colocado a sus hombres de confianza en los puestos clave del Consejo Militar Central, con el objetivo de convertir el Ejército Popular de Liberación (PLA) en una fuerza de primer orden mundial. Pero incluso sus aliados más fieles no han sido inmunes a su limpieza a fondo, que combina motivos declarados de lucha contra la corrupción con la necesidad de demostrar lealtad absoluta.
En menos de tres años, Xi ha expulsado o investigado a decenas de generales y almirantes que ocupaban puestos clave dentro de la jerarquía militar, un nivel de transformación sin precedentes en la historia reciente de China. Entre los últimos destituidos destaca el general Zhang Youxia, considerado uno de los comandantes principales de Xi. Con su salida y la del general Liu Zhenli, la Comisión Militar Central ha perdido a los responsables de preparar las fuerzas para el combate, dejando un vacío de liderazgo que aún ha de ser cubierto
El perfil de la purga de Xi Jinping
Según un análisis del New York Times basado en medios oficiales chinos, de los treinta generales y almirantes que dirigían departamentos especializados y mandos regionales al comienzo del 2023, casi todos han desaparecido de la vida pública. Algunos han sido sustituidos por nuevos generales, pero muchos de estos también han desaparecido de la escena oficial, dejando solo siete oficiales en activo conocidos. Este fenómeno evidencia no solo la fuerza de Xi, sino también la tensión que genera dentro del ejército una purga de esta magnitud.
La mayor parte de los afectados tenían responsabilidades operativas directas en diferentes sectores militares, incluidos la Fuerza de Cohetes –responsable del programa nuclear y de misiles convencionales– y la marina. También han sido sacudidos los cinco mandos regionales creados en 2016 para gestionar las fuerzas armadas, entre ellos el Eastern Theater Command, responsable de las operaciones alrededor de Taiwán. El año pasado, Xi tuvo que designar un nuevo comandante para este mando clave
Estas destituciones reflejan una combinación de control político y estrategia personal. El general Zhang Shengmin, el único miembro restante del Consejo Militar con poder de decisión, se encarga ahora de mantener la disciplina política y la lealtad, después de haber dirigido gran parte de las inspecciones anticorrupción dentro de la Fuerza de Cohetes. Su experiencia en inspecciones políticas y disciplinarias lo ha convertido en un pilar de la purga y garantiza que el mensaje de Xi llegue a todos los niveles de las fuerzas armadas: la lealtad al líder es innegociable.
Para los observadores, la purga es una demostración clara del poder absoluto de Xi, pero también plantea interrogantes sobre la capacidad operativa del Ejército chino a corto plazo. La salida repentina de comandantes con experiencia operativa podría debilitar temporalmente la preparación para operaciones complejas, como las que podrían implicar Taiwán u otros puntos sensibles en Asia. Aun así, la prensa oficial ha instado a los militares a apoyar la decisión y ha reconocido que estos cambios conllevan “dificultades y dolor a corto plazo”, asegurando que eventualmente surgirá un ejército más fuerte y disciplinado.
Objetivo: mantener el poder
Esta purga masiva no solo afecta la capacidad militar, sino también la política interna china. Con 72 años, Xi ya planea un cuarto mandato como secretario general del Partido Comunista en 2027, y la consolidación de aliados fieles dentro del ejército es clave para mantener su poder sin rivalidades internas. La limpieza de mandos garantiza que la jerarquía militar se alinee con los objetivos políticos del líder, pero deja un espacio crítico para nuevos generales que deben demostrar su competencia y lealtad simultáneamente.
Analistas internacionales remarcan que la magnitud de las purgas podría tener implicaciones más amplias: un Consejo Militar Central con menos experiencia operativa puede influir en la toma de decisiones estratégicas, especialmente en un momento de tensión creciente en la región del Pacífico. China se prepara para expandir su influencia regional y global, pero el desequilibrio temporal en los rangos superiores del Ejército podría afectar su rapidez de respuesta ante crisis o conflictos
Al final, el mensaje es claro: Xi Jinping mantiene un control sin precedentes sobre China y su ejército. La lealtad absoluta es la moneda de cambio dentro de las fuerzas armadas, y cualquier sospecha de desafecto puede acabar con la carrera del oficial más alto. A pesar de los riesgos, Xi parece dispuesto a asumirlos para garantizar que el PLA, cuando llegue la hora de la prueba, actúe no solo como un ejército moderno y potente, sino también como una extensión directa del poder personal del líder.
En resumen, la purga militar china es una combinación de consolidación política, control de la disciplina y gestión del poder personal. Xi Jinping no solo remodela el ejército para convertirlo en una fuerza de clase mundial: también redefine quién tiene derecho a liderar y quién queda fuera, dejando una China donde el poder y la lealtad van siempre de la mano, y donde el Ejército es a la vez herramienta de defensa e instrumento político del máximo dirigente
