Hay viajes que sirven para descubrir paisajes y hay otros que obligan al viajero a revisarse a sí mismo. Kabluna, el relato de Gontran de Poncins que ahora recupera la editorial Capitán Swing (2026), pertenece claramente a la segunda categoría. Más que una simple aventura al norte del círculo polar ártico, es la historia de un hombre europeo que llega a un mundo que no entiende y que, poco a poco, descubre que quizás el problema no era aquel mundo, sino su propia manera de mirarlo.
Entre 1938 y 1939, Poncins pasó quince meses conviviendo con una comunidad inuit netsilik en la isla del Rey Guillermo, en un territorio extremo donde las temperaturas podían bajar habitualmente hasta los cincuenta grados bajo cero. El viaje lo llevó muy lejos no solo geográficamente, sino también mentalmente. Él mismo describe el choque de abandonar la civilización europea y entrar en una realidad regida por unas normas completamente diferentes.
¿Quiénes son y dónde viven los inuits?
Los inuit, sin embargo, no son una única realidad cultural ni un pueblo homogéneo. Sus comunidades se extienden hoy por diferentes regiones del Ártico, desde Groenlandia hasta Canadá, Alaska y también algunas zonas de Rusia. Con historias, lenguas y experiencias propias, comparten vínculos culturales profundos, pero también grandes diferencias según el territorio y la relación que han tenido con los estados que los han rodeado.
Al principio, el relato de Poncins está marcado por la incomprensión. Las formas de vida de los inuit le parecen extrañas: la relación con los alimentos, con el tiempo, con los objetos personales o con la comunidad rompen todas las expectativas de un hombre formado en la sociedad europea de principios del siglo XX. Pero el valor del libro aparece precisamente en esta evolución. El kabluna —el término con el que los inuit identificaban al hombre blanco o al extranjero europeo— deja de ser solo un observador externo y acaba convirtiéndose en alguien dispuesto a aprender.
Esta transformación es el corazón del libro. Poncins no llega como un antropólogo neutral —y este es uno de los puntos que hoy hay que leer con espíritu crítico—, sino como un hombre de su tiempo, cargado de prejuicios y de una mirada colonial propia de la época. Pero su honestidad al mostrar su desconcierto es también lo que hace que el relato siga teniendo interés casi un siglo después.
La lectura actual de Kabluna tiene una dificultad añadida: sabemos más sobre los efectos que han tenido las miradas occidentales sobre los pueblos indígenas. Por eso el libro puede leerse de dos maneras a la vez. Como una gran aventura de exploración y como el testimonio de una época en que Europa todavía miraba otras culturas desde una posición de superioridad.
Un mundo a punto de desaparecer
Más allá de su valor histórico o etnográfico, Kabluna destaca también como el retrato de un mundo que estaba a punto de desaparecer. Cuando Poncins llega al Ártico, la mayor parte de las comunidades que visita todavía viven al margen de muchas de las transformaciones que marcarían la segunda mitad del siglo XX. Las motos de nieve, las comunicaciones modernas, el televisor o la globalización todavía no han alterado profundamente una forma de vida adaptada durante generaciones a uno de los entornos más extremos del planeta.
Esta es una de las razones que explican por qué el libro se convirtió en un éxito después de su publicación original en 1941. Tal como han señalado varios críticos a lo largo de los años, la obra funciona a la vez como un relato de aventuras, un libro de viajes y el testimonio de un mundo que empezaba a cambiar de manera irreversible. Sus páginas transportan al lector a una época en que buena parte del Ártico continuaba siendo un territorio desconocido para la mayoría de occidentales.
La nueva edición de Capitán Swing permite recuperar este clásico desde una mirada contemporánea. No para encontrar respuestas definitivas sobre los inuit, sino porque recuerda una idea que continúa siendo vigente: comprender una cultura exige tiempo, convivencia y la capacidad de aceptar que la realidad acostumbra a ser mucho más compleja de lo que parece a primera vista.
Quizás por eso Kabluna continúa siendo una lectura tan sugerente. Bajo la apariencia de una expedición al hielo, el libro esconde una reflexión mucho más universal sobre el encuentro entre mundos diferentes y sobre la dificultad —todavía hoy— de entender aquello que nos es ajeno.
