Casi cuatro años después del inicio de la invasión de Ucrania, el balance humano para Rusia es de una magnitud sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Según un nuevo informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), cerca de 1,2 millones de soldados rusos han muerto, han resultado heridos o constan como desaparecidos desde febrero de 2022. Una cifra que supera, con creces, todas las pérdidas rusas y soviéticas acumuladas en los conflictos posteriores a 1945.
El impacto es aún más contundente si se pone en relación con los resultados sobre el terreno. Desde el inicio de la guerra, Rusia solo ha ampliado en un 12% el territorio ucraniano bajo su control. En los últimos dos años, los avances han sido casi imperceptibles: en algunas zonas del frente, medibles en metros por día.
Rusia: ¿victoria o derrota?
Estos datos cuestionan la idea, extendida en algunos círculos políticos occidentales, de que una victoria rusa es inevitable. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmaba recientemente que “Rusia tiene la ventaja” porque “es más grande y más fuerte”. Pero el informe del CSIS apunta en la dirección contraria: “Los datos sugieren que Rusia difícilmente está ganando”.
Ucrania mantiene una ventaja clave como fuerza defensiva. La estrategia de “defensa en profundidad” de Kyiv —basada en trincheras, campos de minas, obstáculos antitanque, artillería y drones— ha logrado frenar los intentos rusos de romper el frente. El resultado es una proporción de bajas favorable a Ucrania, de entre 2 y 2,5 soldados rusos por cada ucraniano.
Aunque ninguno de los dos países publica cifras oficiales detalladas, el CSIS estima que Ucrania ha sufrido entre 500.000 y 600.000 bajas totales, con entre 100.000 y 140.000 muertos. En el caso ruso, el número de muertos en el campo de batalla se situaría entre 275.000 y 325.000.
El impacto de la guerra y la perspectiva histórica
En perspectiva histórica, las cifras son impactantes. Estados Unidos perdió unos 57.000 soldados en la guerra de Corea y 47.000 en Vietnam. Rusia, en cambio, ha registrado en Ucrania cinco veces más bajas que en todas sus guerras desde la Segunda Guerra Mundial, incluida la de Afganistán y las dos guerras de Chechenia.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó recientemente que Rusia perdía unos 1.000 soldados al día solo en diciembre. Un ritmo que, según analistas occidentales, ya supera la capacidad de reclutamiento y reemplazo del ejército ruso.
Mientras tanto, el impacto económico de la guerra también erosiona el futuro del país. El informe advierte que Rusia está dejando de ser una potencia económica relevante, con crecimiento débil, inflación elevada, falta de mano de obra y un claro retraso tecnológico. Todo ello dibuja un escenario en el que el coste humano y material de la guerra contrasta con unas ganancias militares limitadas.
A pesar de ello, el CSIS concluye que Vladímir Putin difícilmente aceptará un acuerdo de paz sin una mayor presión occidental. Sin un aumento del coste político, económico y militar, la guerra puede alargarse aún más, con un precio humano cada vez más elevado.
