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Tal como se había avanzado, Donald Trump ha vuelto a cuestionar la integridad del sistema electoral de Estados Unidos en un discurso de 25 minutos pronunciado en horario de máxima audiencia desde la Casa Blanca, rodeado del vicepresidente JD Vance y de varios miembros de su gabinete, en una escenificación pensada para reforzar el carácter institucional del mensaje. El presidente estadounidense, sin embargo, introdujo una novedad que abre una crisis con China, solo dos meses después de la cumbre que se celebró en Pekín, donde mostró una gran sintonía con Xi Jinping. El presidente estadounidense acusó a China de haber interferido en las elecciones presidenciales de 2020 y volvió a presentar su derrota ante Joe Biden como el resultado de un sistema vulnerable al fraude. Lo hizo, sin embargo, sin aportar pruebas que demostraran que Pekín hubiera modificado votos, manipulado el recuento o alterado el resultado final. Este es, precisamente, uno de los elementos que más ha destacado la prensa estadounidense: la contundencia de las acusaciones no se corresponde con el contenido de los documentos desclasificados por la Casa Blanca. El intento de Trump de volver a agitar el fantasma del fraude electoral y de la vulnerabilidad del sistema electoral estadounidense llega cuatro meses antes de que se celebren las elecciones legislativas del próximo noviembre, en las que los republicanos se juegan mantener el control del Congreso, y los expertos ya afirman que el presidente podría estar preparando el terreno para desacreditar posibles victorias demócratas en las elecciones de mitad de mandato e, incluso, llegar a impugnar los comicios si no le son favorables.  

Algunos de los informes contienen acusaciones no verificadas, otros no tienen relación directa con las elecciones de Estados Unidos y varios, incluso, contradicen el relato del presidente. Ninguno de los documentos presentados acredita que China hiciera perder las elecciones a Trump. La intervención abre, además, el primer conflicto importante en la reciente aproximación entre Washington y Pekín. Después de meses presumiendo de una relación más estable con el gigante asiático, Trump ha pasado a acusarlo de haber participado en una operación destinada a impedir su reelección. El presidente espera reunirse con el líder chino, Xi Jinping, en septiembre para seguir negociando la mejora de las relaciones comerciales, después de la costosa guerra arancelaria del año pasado. El nuevo ataque contra Pekín amenaza ahora con desestabilizar esta tregua.

"No queremos debilitar la confianza"

Trump aseguró que su objetivo no era "debilitar la confianza en las elecciones", sino "corregir sus vulnerabilidades muy rápidamente". En la práctica, sin embargo, el discurso volvió a sembrar dudas sobre un sistema que el presidente denuncia desde hace años sin haber presentado pruebas de un fraude generalizado. "Ningún país del Tercer Mundo tiene unas elecciones como las nuestras", afirmó desde la Casa Blanca. Trump aseguró que la inteligencia estadounidense había descubierto "vulnerabilidades alarmantes" y "la mayor vulneración de datos electorales de la historia". Según su relato, China habría obtenido ilícitamente los registros de 220 millones de votantes, incluidos nombres, direcciones y otros datos personales.

El presidente también acusó a miembros de la comunidad de inteligencia de haberle ocultado deliberadamente esta información durante su primer mandato, entre 2017 y 2021. Ahora bien, la obtención de datos sobre electores no equivale a la manipulación de unas elecciones. En Estados Unidos, los censos de votantes no siempre son confidenciales y partidos, campañas y consultoras políticas acceden a ellos habitualmente. Recopilar esta información puede formar parte de una operación de inteligencia o de influencia, pero no permite concluir que se hayan alterado papeletas, recuentos o resultados.

Una evaluación de la inteligencia estadounidense publicada en 2021 concluyó que ningún actor extranjero había logrado modificar ningún aspecto técnico de las presidenciales de 2020. El informe no encontró indicios de alteraciones en el censo, las papeletas, el recuento o el resultado electoral. Este análisis se elaboró bajo la dirección de John Ratcliffe, que entonces era el director de Inteligencia Nacional de Trump y actualmente dirige la CIA.

Documentos que no demuestran las acusaciones

Trump afirmó que los informes desclasificados probaban los intentos de China de influir en los comicios, incluida la supuesta fabricación de documentos falsos para facilitar votos ilegales. Los documentos, sin embargo, recogen en buena parte acusaciones no verificadas. Un informe de la CIA detallaba actividades de espionaje chino contra la campaña de Biden, pero también señalaba que Pekín no tenía, en aquel momento, la intención de interferir clandestinamente para modificar el resultado electoral.

Otro documento indicaba que los sistemas de recuento serían difíciles de manipular a una escala lo suficientemente grande para comprometer el resultado de unas elecciones. La distancia entre lo que dicen los informes y la interpretación que hace Trump ha centrado las verificaciones de los grandes medios estadounidenses. El presidente habló de revelaciones "impactantes", pero no demostró que se hubiera modificado ni un solo voto.

Venezuela, Smartmatic y el voto electrónico

Trump también utilizó documentos de la CIA sobre Venezuela y la empresa tecnológica Smartmatic para defender que existen mecanismos digitales capaces de alterar resultados electorales. Los informes analizaban la capacidad de algunos funcionarios venezolanos para manipular sistemas de voto electrónico dentro de Venezuela entre 2004 y 2020. Sin embargo, advertían que no había pruebas concluyentes de que esta tecnología se hubiera utilizado para cometer un fraude electrónico a gran escala.

La documentación también descartaba que el gobierno venezolano, o Smartmatic, tuvieran capacidad para alterar elecciones fuera del país. A pesar de estas conclusiones, Trump presentó los informes como una advertencia sobre los riesgos del voto electrónico en Estados Unidos. El presidente considera que las máquinas de votación facilitan el fraude y defiende el uso de papeletas físicas y recuentos más restrictivos.

Su ofensiva también afecta al voto por correo, una modalidad que Trump ha denunciado reiteradamente a pesar de que los estudios disponibles indican que el fraude es extremadamente infrecuente. Las restricciones han generado resistencias incluso dentro del Partido Republicano. Algunos legisladores representan estados donde el voto postal está muy extendido y temen que limitarlo pueda reducir la participación de sus propios electores.

Presión para cambiar las reglas antes de noviembre

El discurso tuvo un objetivo político inmediato, según varios analistas: presionar al Senado para que apruebe la reforma electoral promovida por la Casa Blanca antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. La propuesta, conocida como Save America Act, exige demostrar la ciudadanía estadounidense para inscribirse en el censo, impone el uso de un documento de identidad con fotografía y restringe significativamente el voto por correo. La Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, ya ha aprobado el proyecto, pero la iniciativa no dispone de los 60 votos necesarios para superar la oposición demócrata en el Senado.

Los demócratas y las organizaciones de defensa del derecho de voto denuncian que estas medidas podrían dificultar el acceso a las urnas de los sectores con menos recursos, de las minorías y de los ciudadanos que no disponen fácilmente de la documentación exigida. Trump sostiene, en cambio, que la reforma es imprescindible para recuperar la confianza en las elecciones.

El presidente también afirmó que su administración había descubierto que más de 275.000 personas sin ciudadanía estaban inscritas para votar en solo cuatro estados. No aclaró, sin embargo, cuántas habrían votado realmente. En ocasiones anteriores, los sistemas utilizados para verificar la ciudadanía han identificado erróneamente a ciudadanos estadounidenses naturalizados como si fueran extranjeros. Las investigaciones disponibles concluyen que el voto de personas sin ciudadanía es excepcional.

Ataque a los medios que no lo emitieron

Varias grandes cadenas estadounidenses decidieron no retransmitir en directo la intervención del presidente estadounidense, programa en horario de prime time, y después de que Trump anunciara dos días antes que haría un discurso donde haría un anuncio "muy importante". NBC, ABC y CNN evitaron emitir íntegramente el discurso en sus plataformas principales para no amplificar afirmaciones falsas o no demostradas. Trump respondió atacando directamente a las televisiones. "En una decisión insólita, NBC y ABC, las cadenas de noticias falsas, han anunciado que no cubrirán este discurso", afirmó. El presidente fue aún más lejos y acusó a los medios de formar parte de un supuesto complot. "Ellos y otros medios de comunicación forman parte de una conspiración. Quieren continuar con este fraude por alguna razón", sostuvo.

La guerra de Irán, de pasada

La ofensiva llega en un contexto especialmente complicado para Trump y para los republicanos. La popularidad del presidente está afectada por los elevados precios de la energía, el coste de la vida y la impopular guerra contra Irán. Trump solo mencionó brevemente el conflicto al inicio del discurso. Afirmó que Estados Unidos estaba "ganando de manera abrumadora" y enumeró las rebajas fiscales y el endurecimiento de la política migratoria entre sus principales éxitos antes de centrarse en el sistema electoral. Algunos dirigentes republicanos han pedido al presidente que dedique más atención a los problemas económicos que preocupan a los electores y que deje de mirar constantemente hacia las elecciones de 2020.