Cada día, Donald Trump deja escapar tres o cuatro noticias que podrían abrir cualquier periódico. En las últimas horas, Estados Unidos ha capturado petroleros rusos que se habían escapado del bloqueo de Venezuela, además de continuar dando detalles de cómo se gestionará la situación en este país tras la captura de Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores. En medio de todo este revuelo, el departamento de Salud hizo otro anuncio que quizás ha pasado más desapercibido, pero que es igualmente importante: EE. UU. ha dado la vuelta a la pirámide alimentaria, que todos tenemos dentro de la cabeza, con los alimentos que necesitamos consumir más habitualmente en la base y aquellos que no son tan saludables, en la punta. Así lo anunciaron en la Casa Blanca, como una propuesta de Rob Kennedy, sobrino del presidente asesinado y enfrentado a buena parte de su familia por su apoyo a Donald Trump. El responsable de Salud del gabinete del magnate tiene como lema Make America Healthy Again, adaptando el famoso eslogan del presidente, y ha optado por esta vía para hacerlo realidad.
En este caso, el lema de la campaña es Eat Real Food, es decir, come comida real, para dejar atrás los ultraprocesados que, hoy en día, están muy presentes en la dieta de los ciudadanos de EE. UU., con productos llenos de azúcares y aditivos. Todo ello recuerda vagamente a la campaña Let's Move! de la exprimera dama Michelle Obama durante el primer mandato de su marido, contra la obesidad infantil y con el foco puesto en un estilo de vida más saludable. Según datos de la organización Trust for America's Health, un 40% de los adultos estadounidenses sufren obesidad, una cifra que se ha incrementado un 30% en los últimos 20 años.
Más proteína y menos ultraprocesados
Kennedy explicó desde la Casa Blanca que la administración Trump inicia una ofensiva contra los azúcares añadidos y los productos ultraprocesados, con las nuevas directrices alimentarias donde se prioriza, sobre todo, la ingesta de proteína. Según las nuevas recomendaciones, los adultos deben consumir entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por cada kilo de peso, una cifra bastante más alta que la que se recomendaba hasta ahora. Esto afectará, sobre todo, a los menús escolares y de los hospitales. También se anima a la población a comer más fruta y verduras y productos de origen animal, entre los cuales se incluye la carne roja o la mantequilla, dos alimentos que a menudo se han puesto en duda. Estos son los que se encuentran en la parte más ancha de la pirámide invertida, donde también están los lácteos enteros (no desnatados) o el pescado. En cambio, uno de los alimentos que menos se recomienda son los cereales integrales y los carbohidratos, que son la base de la pirámide tradicional.
En palabras de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, las nuevas directrices se basan en "las mejores investigaciones sobre salud y nutrición, sobre todo en lo que respecta al papel de nuestra dieta en la prevalencia de enfermedades crónicas del país". "Son fáciles de leer y comprender, todos los estadounidenses, jóvenes y mayores, pueden acceder a esta información que les puede cambiar la vida", ha añadido la joven. Queda por ver si esta nueva embestida gubernamental para mejorar los hábitos alimentarios de la población realmente tendrá efectos.