El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este martes un movimiento energético y político que podría marcar un antes y un después en las relaciones entre Washington y Caracas: Venezuela transferirá entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo sancionado a los Estados Unidos para que sean vendidos a su precio de mercado y los ingresos sean gestionados por el gobierno estadounidense.
En una publicación en Truth Social, Trump ha afirmado que los barriles serían de “alta calidad” y que él mismo controlaría los ingresos “como presidente de los Estados Unidos de América” para asegurar que se hagan servir “en beneficio del pueblo de Venezuela y de los Estados Unidos”.
¿Cómo se gestionará el petróleo venezolano?
El presidente indicó que ha encargado al secretario de Energía, Chris Wright, que ejecute el plan “inmediatamente”, y que el crudo será llevado por buques de almacenamiento directamente hasta los muelles norteamericanos, donde será descargado y refinado. Pero, como suele ocurrir con los anuncios de Trump, faltaron detalles sobre el calendario y mecanismos exactos de transferencia y administración de los fondos, lo que ha generado incertidumbre entre analistas y aliados internacionales.
Según fuentes gubernamentales citadas por CNN, gran parte de este crudo ya ha sido producido y almacenado en buques, y ahora se prevé que sea trasladado a instalaciones de EE.UU. en el Golfo de México para su refinación. Este volumen —que, en perspectiva, equivale a siete u ocho días de consumo estadounidense— podría atenuar ligeramente la presión sobre los precios de la energía, pero no garantizará una bajada sostenida de la gasolina para los consumidores.
Operaciones militares en Venezuela
La decisión de Trump se produce en un momento de alta tensión: Estados Unidos condujo operaciones militares en Venezuela la semana pasada, incluyendo un bloqueo de exportaciones y una incursión contra Nicolás Maduro, que acabó con su captura y con decenas de muertos. Este contexto —que incluye sanciones y confrontación abierta— ha convertido el acceso a los recursos petrolíferos en una pieza clave de la política exterior estadounidense.
El anuncio ha tenido un impacto directo en los mercados: tras las declaraciones de Trump, los precios del crudo retrocedieron, con el West Texas Intermediate cayendo cerca de un 1,3% y el Brent un 1% mientras los inversores ponderaban el aumento potencial de la oferta.
Las opciones de Venezuela
Para Venezuela, país con las mayores reservas petrolíferas del mundo, pero con una producción reducida por años de mala gestión y sanciones, esta oferta podría representar una salida parcial al colapso de su industria energética. Algunos analistas señalan que el crudo que ahora sería transferido proviene tanto de almacenamientos terrestres como de buques que no han podido descargar producto debido al bloqueo estadounidense impuesto desde mediados de diciembre.
Políticamente, sin embargo, la medida ha generado controversia. En Washington, varios legisladores han expresado preocupaciones sobre la legalidad de gestionar recursos extranjeros y la falta de supervisión clara sobre los ingresos que resulten de ello. Además, los críticos internacionales han calificado la iniciativa de “neo-imperialista”, advirtiendo que el control de los recursos de un estado soberano por parte de otro puede tener implicaciones delicadas en derecho internacional y estabilidad regional.
El futuro de esta operación, y de la misma industria petrolera venezolana, depende ahora de cómo se materialicen los envíos, de cómo se gestione el control del dinero y cómo reaccionen otros actores globales como China, históricamente principal comprador del crudo venezolano, pero que ahora podría verse desplazado por este nuevo flujo hacia los Estados Unidos.