Francia conmemoró el primer aniversario de los atentados yihadistas de París este domingo con homenajes en cada uno de los escenarios de las matanzas, consciente de que la amenaza terrorista durará y que ha cambiado sus vidas quizá permanentemente.

El país lleva un año en estado de emergencia y el primer ministro, Manuel Valls, avanzó este domingo que se prolongará al menos "unos meses" más, hasta después de las elecciones de primavera.

Los atentados yihadistas del 13 de noviembre de 2015, mucho más que los que se habían producido también en París en enero de ese mismo año, son una cicatriz abierta en Francia que, lejos de cerrarse, se ha agravado sobre todo con el ataque del 14 de julio pasado en Niza, cuando un tunecino radicalizado mató con un camión a 85 personas.

Los franceses han asumido que el terrorismo integrista volverá a dar nuevos zarpazos. Las respuesta más visible ante esa amenaza son los 10.000 soldados que patrullan con armas de guerra la calle, centros estratégicos o sensibles (estaciones, aeropuertos, centros religiosos...) y todos los espacios públicos y oficiales, escuelas incluidas, para disuadir y dar sensación de seguridad.

En un país que se presenta como abanderado del laicismo, la religión musulmana ocupa el centro del debate político, con polémicas que se suceden sobre el 'burkini' en las playas, los menús halal en los comedores escolares o el velo en el espacio público.

Las nuevas leyes antiterroristas y el estado de emergencia permiten medidas como la expulsión de extranjeros sospechosos de yihadismo, realizar registros domiciliarios sin orden judicial o limitar los movimientos a personas igualmente sin pasar por la decisión previa de un magistrado.

Una situación de excepción que corre el riesgo de prolongarse, y que ya ha reducido el atractivo turístico de Francia (el país con mayor número de visitantes del mundo, más de 70 millones al año): en los diez primeros meses de 2016 el número de entradas internacionales se redujo en un 8,1% respecto al año anterior.

Homenaje silencioso

El presidente francés, François Hollande, ha recorrido este domingo los lugares en que 130 personas fueron asesinadas y otros cientos resultaron heridas, empezando por el Estadio de Francia y terminando en la sala de fiestas Bataclan.

En el estadio se oyó el único discurso de la jornada, a cargo de uno de los hijos de Manuel Dias, la primera persona que murió en los atentados. Su padre, señaló, no habría querido que su recuerdo estuviera asociado al odio. Por eso terminó su intervención con un "¡Viva la tolerancia, viva la inteligencia, viva Francia!".

El jefe del Estado estaba acompañado de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, con quien visitó las terrazas de los bares y restaurantes donde los terroristas tirotearon o hicieron estallar explosivos la noche del 13 de noviembre de 2015 (Carillon, Petit Cambodge, Bonne Bière, Comptoir Voltaire y Belle Équipe).

La última parada fue Bataclan, la sala de fiestas que registró el mayor número de muertos (90) y que reabrió el sábado por la noche tras un año de reconstrucción con un concierto cargado de emoción del cantante británico Sting para los supervivientes y familiares de las víctimas.

Hollande repitió la misma secuencia en todos los lugares: primero descubrió una placa conmemorativa, luego un hombre y una mujer leyeron los nombres de las personas allí asesinadas, dejó una corona de flores y guardó un minuto de silencio.

En un acto posterior abierto al público —las ceremonias oficiales estuvieron rodeadas de un férreo dispositivo de seguridad que mantenía a los curiosos a decenas de metros—, se organizó ante el Ayuntamiento del distrito XI de París una suelta de globos de colores como símbolo del carácter diverso de las víctimas.

El domingo por la tarde se ha celebrado una misa de homenaje en la catedral de Notre Dame y una colocación de luces en el canal Saint Martin. También se ha pedido a los parisinos que pongan velas en las ventanas de sus casas a la caída de la noche.

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