La capital de Pakistán se ha despertado bajo máxima seguridad a las puertas de unas negociaciones que podrían ser decisivas… o quedar en nada. Islamabad se ha blindado con despliegue militar, accesos cerrados y controles intensivos mientras crece la duda sobre si Irán acabará sentándose en la mesa con Estados Unidos. Las conversaciones, previstas para este sábado, llegan marcadas por una advertencia clara de Teherán: no habrá diálogo si Israel no detiene inmediatamente los bombardeos en Líbano. Una línea roja que, a estas alturas, parece difícil de cumplir. Los equipos preliminares ya están en la ciudad, pero la decisión final depende de un escenario sobre el terreno que continúa deteriorándose.

Una ciudad bajo control total

Las autoridades pakistaníes han convertido la denominada Zona Roja —donde se concentran edificios gubernamentales y diplomáticos— en un auténtico búnker. Solo personal autorizado puede acceder, mientras cientos de agentes de policía, fuerzas paramilitares y militares patrullan las calles. El gobierno de Shehbaz Sharif ha ordenado reforzar todas las medidas de seguridad, incluyendo el cierre de mercados y gasolineras en zonas sensibles y la creación de un centro de control para supervisar cualquier incidencia.

Este dispositivo no solo responde a la importancia de la cumbre, sino también a un contexto interno marcado por ataques recientes y tensiones en la frontera con Afganistán.

El Líbano, el obstáculo que lo puede hacer descarrilar todo

Más allá de la logística, el principal escollo es político. Irán insiste en que el Líbano forma parte del acuerdo de alto el fuego de 14 días, mientras que Israel y Estados Unidos lo niegan o lo interpretan de manera diferente. Esta discrepancia no es menor. Para Teherán, negociar mientras continúan los ataques israelíes equivale a legitimarlos. Por ello, el régimen de Mojtaba Khamenei mantiene la presión y deja en suspenso su participación.

En paralelo, Israel, liderado por Benjamin Netanyahu, continúa golpeando posiciones de Hezbollah en el sur del Líbano, defendiendo que este frente es independiente de la tregua con Irán.

Diplomacia condicionada por los bombardeos

Esta dualidad —negociar mientras se combate— es lo que hace tambalear todo el proceso. Irán no quiere repetir experiencias pasadas en las que los contactos diplomáticos avanzaban mientras la situación militar empeoraba. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ya ha advertido que los ataques en Líbano vacían de contenido cualquier diálogo. Mientras tanto, Washington intenta mantener vivo el proceso, con Donald Trump presionando por una salida negociada. Pero sobre el terreno, la realidad es tozuda: los bombardeos no se detienen y el número de víctimas continúa aumentando.

Una negociación pendiente de un hilo

Todo está preparado en Islamabad: visados de emergencia, hoteles blindados y delegaciones a punto. Pero la gran pregunta continúa en el aire: ¿habrá reunión? Sin un acuerdo claro sobre el Líbano, el riesgo de plantada es real. Y esto dejaría en suspenso una oportunidad clave para rebajar la tensión en una región que hace semanas que vive al límite. Por ahora, la diplomacia espera. Pero las armas continúan hablando. Y esto, cada vez más, lo condiciona todo.