Cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, las sanciones impuestas por la Unión Europea y los sus aliados contra Rusia continúan generando debate. Aunque Moscú ha intentado proyectar una imagen de resistencia económica, diversos indicadores apuntan a que las restricciones están dejando una huella profunda, especialmente en la economía civil y, de manera indirecta, en la vida cotidiana de la población rusa.

Según fuentes europeas, el impacto acumulado de las sanciones es cada vez más visible. El enviado especial de la UE para sanciones, David O’Sullivan, ha defendido recientemente que estas medidas no son una solución inmediata ni definitiva, pero sí un instrumento de presión sostenida. Después de años de aplicación, asegura que la economía rusa muestra signos claros de distorsión, provocados por la priorización del complejo militar en detrimento de sectores civiles clave como el consumo, los servicios o la inversión productiva.

¿Cuáles son los puntos más sensibles?

Uno de los puntos más sensibles es el sector energético, tradicional pilar de las finanzas rusas. Los ingresos procedentes del petróleo y el gas han disminuido, tanto por las limitaciones comerciales como por los topes de precios impulsados por Occidente. Esta caída de ingresos coincide con un aumento de la inflación, situada alrededor del 6%, y con unos tipos de interés elevados, que superan el 16%. Estos factores encarecen el crédito y reducen la capacidad de consumo de las familias, especialmente en las grandes ciudades.

A pesar del esfuerzo del Kremlin por mantener el ritmo de producción militar, este modelo empieza a mostrar fisuras. La economía de guerra ha permitido sostener la actividad industrial vinculada al conflicto, pero ha generado escaseces en otros ámbitos y ha limitado el acceso a bienes importados, incluidos productos tecnológicos y de consumo. A largo plazo, expertos europeos advierten que este desequilibrio podría devenir insostenible si no se recupera una economía más diversificada.

Las trampas de Putin

Las sanciones, sin embargo, no han sido impermeables. La UE reconoce que existen vías de elusión, a menudo a través de terceros países, donde empresas privadas buscan oportunidades comerciales. Aun así, Bruselas afirma haber reforzado el control sobre la reexportación de componentes sensibles que podrían tener uso militar, con especial atención a rutas a través de Asia central, el Cáucaso u Oriente Medio.

Un caso diferenciado es el de China, que mantiene una relación estrecha con Moscú. Aunque no se ha detectado un suministro directo de armamento, la UE considera que Pekín contribuye a paliar los efectos de las sanciones mediante apoyo económico y comercial. Las autoridades chinas, sin embargo, rechazan estas acusaciones de manera sistemática.

Finalmente, una de las actuaciones más recientes se ha centrado en la denominada “flota fantasma” rusa: barcos antiguos, a menudo con propietarios opacos, utilizados para exportar petróleo fuera de los circuitos habituales. Cientos de estas embarcaciones ya han sido sancionadas. Todo ello dibuja un escenario en el que las sanciones no provocan un colapso inmediato, pero sí un desgaste progresivo que, con el paso del tiempo, empieza a notarse dentro de los hogares rusos

¿Qué ha hecho la UE?

En el ámbito energético, la UE asegura haber endurecido de forma notable el control sobre una de las principales vías de evasión: los buques sancionados que operaban bajo banderas de conveniencia. Según O’Sullivan, muchos Estados han retirado su bandera a estos petroleros, lo que ha dificultado el transporte de crudo ruso hacia los mercados internacionales. Estas medidas coinciden con datos oficiales de Moscú, que muestran una fuerte caída de los ingresos públicos procedentes del petróleo y el gas, que en enero se redujeron a la mitad y alcanzaron el nivel más bajo de los últimos años, añadiendo una presión adicional sobre las cuentas del Estado.

A pesar de estos avances, Bruselas también ha recibido críticas de Estados Unidos por no haber ido lo suficientemente lejos. Washington ha cuestionado el acuerdo comercial entre la UE y la India, argumentando que la falta de nuevas restricciones sobre el petróleo ruso beneficia indirectamente el esfuerzo bélico del Kremlin. Desde el inicio de la guerra, India se ha convertido en uno de los principales compradores de crudo ruso a precios reducidos, una situación que ha generado tensiones diplomáticas. O’Sullivan, sin embargo, defiende la estrategia europea, recordando que la UE ha sancionado refinerías indias, ha vetado la importación de derivados del petróleo ruso y ha logrado que grandes operadores portuarios bloqueen el acceso a buques sancionados. Según él, el diálogo con un actor clave como India permite obtener más resultados que una política de aislamiento total.