Rusia no da señales de agotamiento. A pesar de las presiones económicas emergentes y un goteo constante de bajas en el frente, el Kremlin podrá sostener la guerra contra Ucrania al menos durante todo el 2026. Es la conclusión del último informe anual del think tank International Institute for Strategic Studies (IISS), que advierte también que la amenaza rusa con misiles y drones sobre Europa está creciendo.
El director general del organismo, Bastian Giegerich, asegura que hay “pocos indicios” de que la capacidad de Moscú para continuar la guerra se haya visto reducida. Los datos apuntan en dirección contraria: Rusia destinó al menos 186.000 millones de dólares a defensa en 2025, un 7,3% de su PIB. En términos reales, el gasto militar se ha duplicado desde 2021.
La solución de Putin para Rusia
Esta apuesta por la economía de guerra ha permitido mantener el ritmo de ataques terrestres y aéreos contra Ucrania, a pesar de que las estimaciones occidentales sitúan las bajas rusas —entre muertos y heridos— por encima de los 1,2 millones desde el inicio de la invasión a gran escala, ordenada por Vladímir Putin hace cuatro años.
La investigadora en finanzas militares del IISS, Fenella McGerty, admite que la economía rusa empieza a mostrar signos de ralentización y que en 2026 podría producirse una leve caída real del gasto. Pero alerta de que esta posible reducción debe contextualizarse después de varios años de crecimiento acelerado. Moscú ha invertido masivamente en equipamiento, producción de armamento e incentivos para reclutar soldados.
El informe tiene algunas grietas
Sin embargo, el informe detecta grietas. Según el exembajador británico en Bielorrusia y experto en Rusia Nigel Gould Davies, hay “señales crecientes” de que el ritmo de reclutamiento —entre 30.000 y 35.000 personas al mes— podría empezar a quedarse por debajo de las pérdidas mensuales en el campo de batalla. Si esta tendencia se consolida, el Kremlin podría enfrentarse a un “momento de la verdad”: una nueva movilización forzosa con el riesgo de descontento social, como el que ya se vio en septiembre de 2022.
Mientras tanto, Rusia continúa adaptándose. El IISS destaca que el Kremlin está aprovechando el conflicto para perfeccionar tácticas y modernizar sistemas de armas. Entre ellos, una versión actualizada del dron Shahed-136 con un alcance de hasta 2.000 kilómetros, capaz potencialmente de alcanzar objetivos dentro de Europa. La alerta no es teórica: el septiembre pasado, 21 drones rusos cruzaron el espacio aéreo de Polonia, obligando a cerrar aeropuertos y activar protocolos de protección civil.
Para Giegerich, esta evolución refuerza la necesidad de que la OTAN incremente la inversión en sistemas antiaéreos y de defensa antimisiles. Los aliados europeos y Canadá ya se comprometieron el verano pasado a elevar el gasto militar hasta el 3,5% del PIB antes de 2035. Pero el mismo informe advierte que alcanzar este objetivo exigirá “inversiones sostenidas y significativas” en un contexto presupuestario complejo.
Europa, además, continúa dependiendo de los Estados Unidos para inteligencia militar, infraestructuras digitales y capacidades espaciales. Reducir esta dependencia podría prolongarse hasta bien entrada la década de 2030. Cuatro años después del inicio de la invasión, la guerra no solo continúa: se adapta, se tecnifica y amplía su radio potencial. Y, según el IISS, Rusia todavía tiene capacidad —y voluntad— para sostenerla.