Pyongyang ha desplegado toda su maquinaria simbólica para recibir a Xi Jinping. Alfombras rojas, un saludo con 21 cañonazos, escoltas de caballería y miles de personas agitando banderas han marcado la llegada del presidente chino a Corea del Norte en su primera visita al país desde 2019. Pero detrás del espectáculo, cuidadosamente coreografiado por el régimen de Kim Jong-un, hay una operación diplomática de mayor alcance: China quiere dejar claro que sigue siendo el principal socio estratégico de Pyongyang a pesar del acercamiento creciente entre Corea del Norte y Rusia.
La visita llega en un momento especialmente sensible para el equilibrio de fuerzas en Asia oriental. Durante los últimos años, Moscú y Pyongyang han reforzado sus vínculos políticos y militares hasta el punto de firmar un tratado de defensa mutua en 2024. Además, varios servicios de inteligencia occidentales aseguran que Corea del Norte ha proporcionado armamento y apoyo militar a Rusia en el marco de la guerra de Ucrania, una cooperación que ha consolidado la sintonía entre Vladímir Putin y Kim Jong-un.
🇰🇵🇨🇳 Xi Jinping ya está en Corea del Norte. pic.twitter.com/RsHRkL7SQ2
— Feker 🇰🇵 (@Fekerfanta) June 8, 2026
Corea del Norte depende de China
Este acercamiento, sin embargo, no ha alterado una realidad fundamental: la supervivencia económica norcoreana sigue dependiendo en gran medida de China. Pekín es con diferencia el principal socio comercial del régimen y su principal vía de conexión con el exterior. Por ello, la llegada de Xi a Pyongyang se interpreta como un recordatorio de que, a pesar de los nuevos equilibrios geopolíticos, Corea del Norte sigue dentro de la órbita estratégica china.
Antes del viaje, Xi reivindicó en una carta publicada en los medios estatales norcoreanos la "indestructible amistad tradicional" entre los dos países. Las referencias no son casuales. Este año se cumplen 65 años de la firma del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua entre Pekín y Pyongyang, el único acuerdo de defensa recíproca que mantiene vigente la República Popular China.
La geopolítica del momento
El encuentro también se produce en medio de un contexto internacional cambiante. Xi ha recibido recientemente tanto a Putin como a Donald Trump en Pekín, una secuencia que la diplomacia china presenta como una demostración de su capacidad para dialogar con actores enfrentados. Con esta visita, el dirigente chino refuerza la imagen de China como actor indispensable en cualquier discusión sobre la seguridad del noreste asiático.
Uno de los interrogantes es hasta qué punto el programa nuclear norcoreano ocupará un lugar destacado en las conversaciones. Kim Jong-un ha acelerado durante los últimos meses el desarrollo de misiles y material nuclear, mientras que Pekín mantiene una posición ambivalente: considera las armas nucleares norcoreanas una fuente potencial de inestabilidad, pero a la vez ve el régimen de Pyongyang como un contrapeso útil ante la influencia de Estados Unidos en la región.
Más allá de los gestos protocolarios, la visita de Xi responde a una idea sencilla: en una Corea del Norte cada vez más cercana a Rusia, China no está dispuesta a ceder protagonismo. Y ha escogido Pyongyang para recordarlo ante el mundo.