La posibilidad de que el presidente chino, Xi Jinping, viaje próximamente a Corea del Norte vuelve a situar la península coreana en el centro del escenario geopolítico asiático. Según fuentes gubernamentales citadas por la agencia surcoreana Yonhap, Pekín estaría preparando una visita oficial a Pionyang para finales de este mes o inicios del próximo, en lo que sería el segundo viaje de Xi al país desde que llegó al poder.
Aunque China no ha confirmado oficialmente los planes, los movimientos diplomáticos de las últimas semanas apuntan claramente a una reactivación de las relaciones entre los dos regímenes comunistas. La reciente visita del ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, a la capital norcoreana, así como los desplazamientos previos de personal de seguridad y protocolo vinculado a Xi, han alimentado las especulaciones sobre un encuentro inminente con Kim Jong-un.
La posible visita llega en un momento especialmente delicado para el equilibrio regional. Corea del Norte ha intensificado en los últimos meses su cooperación militar con Rusia en el contexto de la guerra de Ucrania, mientras Estados Unidos intenta reactivar contactos diplomáticos con el régimen norcoreano. Este nuevo escenario ha empujado a Pekín a reforzar su influencia sobre su aliado histórico para evitar perder protagonismo en una de las zonas más sensibles del planeta.
Corea del Sur, a la espera
Desde Seúl, el gobierno surcoreano sigue con cautela cualquier movimiento entre Pekín y Pionyang. La presidencia surcoreana ha admitido que está "monitoreando de cerca" los posibles preparativos de la visita y ha expresado el deseo de que los intercambios entre los dos países contribuyan "a la paz y la estabilidad en la península coreana".
El ministro de Unificación surcoreano, Chung Dong-young, también ha apuntado que una eventual reunión entre Xi y Kim podría abordar una posible cumbre futura entre Corea del Norte y Estados Unidos. El mismo Donald Trump aseguró recientemente haber mantenido comunicaciones con Kim Jong-un, aunque sin ofrecer detalles concretos sobre estos contactos.
¿Secuelas de la visita de Trump?
El posible encuentro entre Xi y Kim también se interpreta como una consecuencia directa de la reciente cumbre entre el presidente chino y Trump celebrada en Pekín. Ambos líderes reafirmaron entonces su objetivo compartido de desnuclearizar Corea del Norte, un compromiso que reaparece cíclicamente en el discurso diplomático internacional, pero que continúa sin avances sustanciales sobre el terreno.
Para China, Corea del Norte sigue siendo una pieza estratégica esencial. Más allá de los vínculos ideológicos e históricos, Pekín considera el régimen de Kim un colchón geopolítico indispensable ante la presencia militar estadounidense en Corea del Sur y en Japón. Al mismo tiempo, sin embargo, la creciente aproximación de Pionyang a Moscú ha generado incomodidad entre las autoridades chinas, preocupadas por perder capacidad de influencia sobre su vecino.
La diplomacia china ha optado, de momento, por la prudencia. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, ha evitado confirmar la visita y se ha limitado a recordar que China y Corea del Norte mantienen una "tradición de intercambios amistosos" beneficiosos para la estabilidad regional.
Si finalmente se confirma el viaje, Xi Jinping enviará un mensaje claro tanto a Washington como a Moscú: Pekín no piensa renunciar al control del equilibrio político en la península coreana en un momento de redefinición acelerada de los bloques de poder globales.