Son muchas las señales que la administración Trump está dando a sus aliados europeos de la OTAN como para no acelerar los planes para dejar de depender de la protección de Estados Unidos y empezar a garantizar su capacidad defensiva con sus propios recursos. La última amenaza que lanzó el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, asegurando que su país había estado demasiado tiempo protegiendo Europa y Asia y que se había acabado el brócoli. “Estados Unidos merecen socios capaces y leales”, afirmó el jefe del Pentágono. Washington no ha obtenido ninguna contraprestación a la hora de obtener un retorno de sus aliados en la guerra de Irán, y la desconfianza mutua ha llegado al punto límite de no garantizar que los norteamericanos cumplirían con el artículo 5 del Tratado de la Alianza, que, en esencia, dice que un ataque armado contra un miembro se considera un ataque contra todos. Este artículo, base de la defensa colectiva de la OTAN, se ha demostrado ineficaz en el momento en el cual un miembro, en este caso Estados Unidos, ha intentado obligar al resto de aliados a darle apoyo en una guerra que atenta contra el derecho internacional. Una guerra que se inició por los mismos intereses norteamericanos e israelíes, de manera unilateral y sin ningún consenso, debate o información previa. En la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea que se ha celebrado en Nicosia (Chipre) jueves y viernes, el tema central relacionado con la defensa colectiva fue la renovación y operativización de la cláusula de defensa mutua europea (artículo 42.7), vista como un posible paraguas de seguridad si la OTAN se debilita por la política de Estados Unidos.
Los líderes acordaron ir más allá de lo meramente teórico y preparar herramientas concretas para que Europa pueda reaccionar de manera coordinada ante un ataque. En Nicosia se decidió pasar de la retórica a la preparación concreta: convertir el artículo 42.7 en una herramienta real de defensa colectiva europea, con ejercicios, manuales y decisiones políticas que permitan a la UE protegerse por sí misma ante la creciente duda sobre el apoyo de Washington. El objetivo es reforzar la autonomía estratégica de la UE: dotar la cláusula de defensa europea de una estructura de coordinación militar similar a la de la OTAN, para que pueda funcionar incluso si Estados Unidos reducen su compromiso con la Alianza.
Reactivar este artículo 42.7 del Tratado de la UE es el primer paso, lo que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, define como “revivir” la cláusula de defensa mutua, concebida como una alternativa en el marco de la UE al artículo 5 de la OTAN y que obliga a la cooperación entre gobiernos ante ataques externos. “El Tratado es muy claro sobre qué”, en referencia al hecho de que el artículo 42.7 establece de manera inequívoca que, si un estado miembro es atacado, el resto deben prestar ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance. Sin embargo, añadió que “el tratado no es claro sobre cuándo y quién hace qué”, es decir, carece de un manual operativo que detalle cómo se activa el mecanismo, qué decisiones se toman, qué ayudas se proporcionan y quién se encarga de cada tarea en la práctica.
Por ello, los líderes encargaron a la Comisión que prepare una propuesta concreta sobre cómo responder cuando un país active la cláusula de defensa mutua de la UE, para intentar cubrir el vacío que deja la formulación actual. De momento, el artículo 42.7, en vigor desde 2009, solo se ha invocado una vez hasta ahora: cuando Francia pidió el apoyo del resto de socios después de los atentados terroristas de París del 13 de noviembre de 2015, que dejaron 130 víctimas mortales y más de 500 heridos. Francia pidió a los socios de la UE que se sumaran a sus esfuerzos antiterroristas, principalmente en operaciones contra el Estado Islámico en Siria e Irak y en misiones de estabilización en el Sahel. Algunos países aumentaron su participación en estas operaciones o reforzaron la cooperación en inteligencia, controles fronterizos y lucha antiterrorista, lo que permitió a Francia redistribuir tropas y no tener que asumirlo todo en solitario.
En Nicosia, también se habló de crear un “manual operativo” o una “caja de instrucciones” que sistematice los mecanismos de apoyo mutuo, ya que actualmente el marco jurídico existe, pero carece de una cadena de mando, doctrina e interoperabilidad militar desarrollada. “La cláusula de asistencia mutua ya está en los tratados, pero ahora tenemos que saber cómo activarla y utilizarla. Ya estamos terminando el manual definitivo sobre cómo activarla”, anunció en la rueda de prensa de la cumbre de líderes el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
El presidente de Chipre, Nikos Christodoulides, anfitrión de la cumbre que se ha celebrado en la capital chipriota, a las puertas de Oriente Medio, había explicado a su llegada a Nicosia que este tema se había tratado durante la cena informal de la noche del jueves, con lo que arrancó este Consejo Europeo informal. “Hemos acordado que la Comisión prepare una propuesta sobre cómo responder en caso de que un estado miembro active el artículo 42.7, porque hay una serie de cuestiones que necesitan respuesta”. El presidente chipriota remarcó, además, la importancia de avanzar en esta reflexión y de disponer de un plan claro de aplicación para un artículo que ampara a todos los Estados miembros, incluidos aquellos que no forman parte de la OTAN —Chipre, Malta, Irlanda y Austria— y que, por lo tanto, no cuentan con la cobertura del artículo 5 de la Alianza Atlántica. Los líderes avalaron que, en mayo, los Veintisiete harán un simulacro del artículo 42.7 para ensayar la respuesta ante ataques híbridos y convencionales, después del ataque de un dron iraní contra la base británica de Akrotiri, en Chipre.
