Pakistán ha asumido un papel central en los esfuerzos internacionales para detener la guerra que enfrenta a Estados Unidos, Israel e Irán. Según fuentes gubernamentales consultadas por EFE, Islamabad encabeza una iniciativa de mediación con el apoyo de Turquía y Egipto, ofreciéndose incluso como sede de posibles conversaciones de paz.

“El país está dispuesto a acoger a los representantes de los países implicados en su capital, siempre que haya acuerdo entre las partes”, explicó un alto funcionario pakistaní bajo condición de anonimato. Pakistán confía en sus vínculos militares con Teherán y en la relación con la administración del presidente Donald Trump para facilitar un puente de diálogo entre los contendientes.

El presidente Trump, por su parte, afirmó el pasado lunes haber mantenido conversaciones “muy buenas y productivas” con Teherán y aseguró que los contactos continuarían durante toda la semana. Sin embargo, Irán ha negado tener un diálogo directo con EE. UU., aunque el portavoz de la diplomacia iraní, Ismail Bagaei, reconoció haber recibido mensajes de “países amigos” sobre la petición estadounidense de negociar.

El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, confirmó más tarde una conversación telefónica con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, donde coincidieron en la necesidad urgente de reducir la tensión, fomentar el diálogo y recurrir a la diplomacia. En un mensaje en X, Sharif describió la situación como “muy grave” e insistió en que el compromiso regional es esencial para evitar una escalada aún más peligrosa.

Cuatro semanas de guerra

La guerra ya entra en la cuarta semana después de la escalada iniciada el 28 de febrero con ataques coordinados de EE. UU. e Israel sobre territorio iraní. La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar: oleadas de misiles y drones han impactado objetivos estratégicos en el Golfo y en Israel, mientras el Estrecho de Ormuz continúa bloqueado, afectando una quinta parte del suministro mundial de crudo.

El contexto geopolítico es crítico. El aumento de los precios del petróleo y la inseguridad energética global hacen que cualquier movimiento diplomático tenga repercusiones inmediatas en las bolsas y en los mercados de energía. Islamabad confía en que su neutralidad relativa y la proximidad geográfica con Irán le permitan actuar como interlocutor fiable para todas las partes.

Varios analistas señalan que el papel de Pakistán podría ser clave para lograr un alto el fuego temporal que permita abrir vías de negociación más estructuradas. Sin embargo, la desconfianza mutua entre Washington y Teherán, sumada a la complejidad de la política regional, hace que los primeros pasos sean extremadamente delicados.

En paralelo, la comunidad internacional observa con atención cómo el país asiático intenta jugar un rol de mediador activo, mientras Estados Unidos e Israel mantienen presión militar y Teherán continúa con sus restricciones sobre el tráfico marítimo. La capacidad de Pakistán para gestionar este papel y convencer a las partes de sentarse a la misma mesa podría marcar el primer paso hacia la desescalada de un conflicto que ya amenaza la estabilidad global.