El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha vuelto a sorprender al mundo con un giro inesperado en su postura sobre la guerra con Irán. Hace solo una semana, desde el South Lawn de la Casa Blanca, declaraba sin tapujos: “No haces un alto el fuego cuando estás literalmente aniquilando al otro lado”. Pocos días después, sin embargo, anunciaba en Memphis que “quieren llegar a un acuerdo, y lo haremos”.
Este cambio repentino ha dejado a analistas, socios internacionales y rivales políticos con la sensación de estar asistiendo a una especie de “doble juego” presidencial. Mientras tanto, marines estadounidenses continúan desplazándose hacia el Próximo Oriente, recordando que las amenazas no se han borrado completamente.
Trump y los giros de guion
El viraje de Trump llega después de que los aliados del Golfo advirtieran que atacar infraestructuras civiles iraníes podría escalar el conflicto a niveles catastróficos. El anuncio de diálogos, hecho solo dos horas antes de la apertura de Wall Street, provocó un alivio inmediato de los mercados y una caída del precio del crudo Brent, uno de los puntos de dolor de la administración.
Quién realmente está hablando con quién es una incógnita. Trump ha citado conversaciones con un “funcionario respetado” de Teherán, sin revelar la identidad. Irán, por su parte, ha desmentido haber mantenido negociaciones y afirma que el presidente americano ha aplazado los ataques por miedo a represalias. Sin embargo, los mensajes entre países intermediarios indican que se están explorando opciones para reanudar el diálogo.
Varios países juegan ahora un papel de mediación: Pakistán, Turquía, Egipto y Omán están activos en los esfuerzos diplomáticos, con el objetivo de garantizar un alto el fuego y la seguridad del paso por el Estrecho de Ormuz. Pakistán, en particular, mantiene una relación estrecha con la administración Trump y podría albergar reuniones entre ambas partes, según fuentes oficiales.
Los 15 puntos de exigencia de EE. UU.
Según informadores, EE. UU. ha presentado una lista de 15 puntos de exigencias, que incluyen la renuncia a armas nucleares y el cese del apoyo a grupos armados regionales. Sin embargo, no queda claro si Irán está dispuesto a aceptar ninguno de los términos, y los puntos recuerdan las demandas anteriores que ya habían quedado sobre la mesa antes del conflicto.
Los detalles más curiosos son, quizás, las declaraciones de Trump sobre el seguimiento de la guerra: en cuestión de días, ha pasado de ignorar la posibilidad de diálogo a defender un proceso de negociación, afirmando que “han estado negociando de verdad y esta vez fueron serios”. Esta agilidad verbal ha dejado a muchos observadores sorprendidos, especialmente después de sus comentarios previos sobre líderes muertos o incapaces de actuar en Teherán.
Mientras tanto, los socios internacionales como Israel y el Reino Unido han sido informados de los movimientos. Trump y el vicepresidente JD Vance han contactado con el primer ministro Benjamin Netanyahu, que parece tener objetivos divergentes de los estadounidenses, demostrando que cada paso está rodeado de complejidad.
Con todo, la diplomacia continúa en flujo, y nadie sabe aún si estas conversaciones conducirán a un alto el fuego rápido o solo servirán para ganar tiempo. Lo que sí está claro es que, en un momento crítico, Trump ha decidido que hablar puede ser más efectivo que amenazar. Y mientras el Estrecho de Ormuz continúa siendo una arteria vital para el petróleo mundial, la comunidad internacional observa con atención cada giro del líder americano.