Mark Bray, historiador estadounidense: "Una derrota en las midterm puede acelerar el autoritarismo de Trump"

Estados Unidos encara este martes una cita que puede alterar el equilibrio de poder en Washington. En las elecciones de medio mandato, las midterm, se renovará toda la Cámara de Representantes y una parte del Senado, con los republicanos defendiendo las mayorías que sostienen la agenda legislativa de Donald Trump. El presidente llega a las urnas con una aprobación del 32%, según la última encuesta de Reuters/Ipsos, en medio del malestar por el coste de la vida y el encarecimiento de los carburantes a raíz de la guerra con Irán. A esta presión económica se añaden la política migratoria y las disputas sobre el proceso electoral, que han situado las instituciones en el centro de la campaña. Los demócratas aspiran a recuperar el control del Congreso, pero el resultado abrirá interrogantes que van más allá del reparto de escaños: ¿cómo reaccionará Trump a una eventual derrota y hasta qué punto una nueva mayoría podría poner límites a su poder?

Para analizar este escenario, ElNacional.cat conversa con Mark Bray, historiador estadounidense, profesor de la Universidad Rutgers y autor de Antifa: The Anti-Fascist Handbook. Especializado en la extrema derecha y los movimientos sociales, Bray también ha vivido en primera persona el clima de hostilidad política del país. En octubre de 2025 se marchó temporalmente de Estados Unidos con la familia después de recibir amenazas de muerte y de que se difundiera su dirección. En una primera entrevista con este diario, el pasado diciembre, advertía del riesgo de que Trump aprovechara una situación de emergencia para avanzar hacia un sistema más autoritario. Después de pasar unos meses en Madrid, ha regresado a Estados Unidos. Ahora, a las puertas de las midterm, examina las tensiones que rodean la votación, el papel de la extrema derecha y los posibles escenarios posteriores a las elecciones.

Las elecciones de mitad de mandato suelen servir para evaluar la gestión del presidente, pero estas llegan en un momento de fuerte polarización y de cuestionamiento de las instituciones. ¿Qué cree que está realmente en juego este martes?
Para empezar, es importante destacar que Trump está perdiendo apoyo en las encuestas, tiene poco apoyo. Siempre tendrá un 30% de la sociedad que apoyará cualquier cosa, cualquier guerra, pero el resto del país tiene dudas. E incluso dentro del movimiento derechista hay divisiones sobre Israel, sobre la guerra en Irán, sobre diversas cosas. Cada vez hay más y más personas pensando en el futuro después de Trump. Entonces, en cierto modo, hay dos caminos. Está el camino 'normal', en el que tendremos elecciones y el Partido Demócrata probablemente ganará la mayoría. Y el futuro puede ser favorable al Partido Demócrata porque sería fácil organizar una campaña para las presidenciales de 2028 diciendo que Trump fue un desastre, que seguirán en otra dirección. Aunque hay timidez en los líderes del partido, no quieren hablar sobre resistir a Trump, sino ganar más votos hablando sobre cosas mainstream en la sociedad. Pero también hay otro camino, que es el 'excepcional', en el que existe la posibilidad de que el Departamento de Seguridad Nacional pueda enviar, antes de las elecciones, agentes del ICE para asustar especialmente a gente latina para no votar. Y existe la posibilidad de que, después de las elecciones, Trump y sus aliados puedan decir que los resultados son falsos, que las elecciones han sido robadas. Y recientemente, sobre el estado de Alaska, Trump ha dicho que si el candidato republicano no gana, no aceptará el resultado. Entonces, existe la posibilidad de que se desplieguen soldados en las calles y que se difundan teorías de conspiración sobre el resultado. Existe la posibilidad de que un mal resultado suponga un paso importante de Trump hacia el fascismo.


La guerra con Irán, el precio del combustible y el coste de la vida parecen estar pasando factura a los republicanos. ¿Pero hay otros motivos que expliquen este desgaste y que pasen más desapercibidos?
Sí, hay otros elementos también. Obviamente, cosas relacionadas con la economía, con la guerra, son las que más preocupan, pero en el caso de los votantes latinos, por ejemplo, el ICE es algo importante. Se puede ver que, después de las macroredadas y los ataques del ICE, el apoyo del voto latino a Trump ha bajado. También, por otro lado, hay cosas irreales que preocupan al votante, como el debate en torno a los deportistas transexuales en Estados Unidos. Hay una histeria sobre este tema, aunque en realidad hay quizás siete, ocho deportistas trans en universidades por todo el país. Así pues, también se debate sobre cosas de este estilo, sobre género, sobre el wokismo. También el racismo. Por ejemplo, hay un candidato demócrata en el estado de Michigan que es un musulmán —Abdul El-Sayed— y la derecha quiere fomentar islamofobia allí. Siempre hay debates así. En el estado de Texas, James Talarico es un candidato popular, demócrata, y los republicanos siempre hablan sobre su supuesto bajo nivel de testosterona.

Como profesor universitario, ¿tiene contacto directo con las nuevas generaciones? ¿Qué percibe entre los estudiantes norteamericanos? ¿Ve una juventud más polarizada?
Quizás un poco, especialmente con los hombres blancos. La masculinidad —movimiento en redes sociales donde se enaltece la masculinidad y se ataca el feminismo— es poderosa. Especialmente en términos de género es algo importante. Pero aparte de eso, me parece que los hombres jóvenes latinos o afroamericanos no están ahí. Las mujeres, menos. Entonces, no estoy seguro de que haya una diferencia generacional. Para mí la diferencia es más de género y raza. Los hombres blancos votan a Trump. No todos, obviamente, pero muchos. Y en este perfil influye mucho más esta perspectiva trumpista que dice que nuestro país está en peligro de 'desaparecer'. Es algo fuerte.

Ahora mencionaba a James Talarico. Este candidato demócrata podría poner fin a más de 33 años de dominio republicano en lo que respecta al Senado en Texas.
Sí. Me parece que es posible. En los últimos años, poco a poco, el poder del Partido Demócrata allí está creciendo. Es importante entender que las ciudades son demócratas y las regiones rurales republicanas. Entonces, en Texas hay ciudades como Dallas, Houston, Austin, etc., con poblaciones grandes. Y también mucha gente de Latinoamérica, especialmente de México. La cara del estado de Texas está cambiando, no rápidamente, pero poco a poco. Y me parece que es una posibilidad que Talarico consiga un escaño en el Senado. Sería algo enorme en la política de los Estados Unidos.

El caso de Alaska es especialmente significativo. El Departamento de Justicia quiere impedir la certificación de un resultado desfavorable para el senador republicano Dan Sullivan si se cumplen determinadas condiciones. Trump ha reconocido que ordenó presentar la demanda. ¿Cree que estamos asistiendo a una estrategia para preparar la impugnación de determinados resultados antes de que se celebren las elecciones?
Sí, creo que está usando las instituciones para influir en las elecciones, aunque depende de lo que entendamos por eso. Se han publicado muchos artículos sobre los esfuerzos de los republicanos para sustituir a los miembros de los organismos electorales estatales encargados de organizar y supervisar las votaciones. También ha habido cambios en la delimitación de los distritos electorales, en inglés se llama gerrymandering, aunque los demócratas también lo han utilizado en beneficio propio. Por lo tanto, no queda claro hasta qué punto estas modificaciones favorecerán a los republicanos. A esto se añaden las leyes que exigen presentar un documento de identidad para votar. Pero el problema es más profundo: el sistema electoral estadounidense presenta ya desigualdades estructurales. En el Senado, todos los estados tienen el mismo número de representantes independientemente de su población, mientras que la representación en la Cámara de Representantes tampoco es perfectamente proporcional. El Colegio Electoral, que determina la elección del presidente, otorga más peso a los estados rurales menos poblados, especialmente con más gente blanca. Por lo tanto, no partimos de un sistema justo. En el contexto actual, los republicanos han introducido cambios en varios ámbitos, pero no creo que haya pruebas de una intervención más contundente que esta. Lo que más me preocupa es la posibilidad de que Trump recurra al despliegue de fuerzas federales, como el ICE, o que cuestione los resultados denunciando falsamente que las elecciones han sido manipuladas o robadas.

En este sentido, el 12 de octubre, agentes federales registraron la residencia de la congresista demócrata Ilhan Omar. Ella denuncia que es víctima de una persecución política. ¿Comparte esta interpretación?
Hay una fuerte campaña contra los inmigrantes en general, y específicamente contra los somalíes de Minnesota. Esta campaña ya existente le da a Trump una oportunidad de atacar a Omar, una figura de la izquierda en el Partido Demócrata, muy progresista, muy en contra del ICE y del propio Trump. Es una oportunidad de atacarla a través de una investigación sobre su estatus legal en los Estados Unidos. Para mí, la gran cuestión sobre el ICE y el autoritarismo de Trump es hasta dónde puede llegar esta política represiva. Comenzaron actuando contra inmigrantes indocumentados, pero progresivamente han ampliado sus acciones a inmigrantes con residencia legal e incluso a ciudadanos estadounidenses. Es un patrón clásico del autoritarismo: la represión comienza contra determinados colectivos y, poco a poco, se extiende a otros sectores de la sociedad. Si pueden actuar así contra Ilhan Omar, también podrían hacerlo contra cualquier otro político. El riesgo de un enfrentamiento entre el gobierno federal y los estados gobernados por los demócratas sigue existiendo. No sé si llegaremos a una confrontación abierta de este tipo, pero si Trump consigue deportar a Omar, estaríamos ante algo extremadamente grave.


En Estados Unidos existe la idea de que Ronald Reagan desplazó el centro político hacia la derecha y normalizó posiciones que antes se consideraban más conservadoras. ¿Cree que Trump ha logrado desplazar aún más hacia la derecha el pensamiento político de la sociedad estadounidense, incluso hacia posiciones autoritarias?
Sí, creo que esto ha pasado con el centro político del Partido Republicano. También hemos visto cambios dentro del Partido Demócrata, con figuras como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez (AOC). No me gusta mucho usar el término 'polarización', aunque es evidente que se han producido transformaciones en ambos partidos. Hay una cuestión interesante: ¿esta nueva cara del Partido Republicano representa algo realmente nuevo o es una continuación de lo que ya existía? Para mí, es una combinación de ambas cosas. Creo que, durante décadas, la imagen pública del Partido Republicano fue una máscara que escondía un racismo y un sexismo mucho más profundos, que en realidad nunca desaparecieron. Sin embargo, también es cierto que el partido ha cambiado en varios aspectos. Hace diez años se hablaba de la alt-right, la llamada derecha alternativa. Ahora prácticamente nadie utiliza este término, porque aquello que entonces se consideraba una corriente alternativa se ha convertido en la derecha misma.

En este contexto de polarización que presenta, ¿el Partido Republicano ha experimentado un desplazamiento hacia la derecha más profundo que el del Partido Demócrata hacia la izquierda?
Sí, la distancia entre el Partido Republicano de 2008 y el actual es mucho mayor que la que ha recorrido el Partido Demócrata durante estos mismos años. Dentro del Partido Demócrata hay ahora una disputa entre figuras como Hillary Clinton, representantes del neoliberalismo, y los socialdemócratas. Esto es todo, realmente. Pero el Partido Republicano es cada vez más un partido de extrema derecha, con fascistas en sus filas. No se presentan explícitamente como tales, obviamente, porque utilizar este término sigue siendo tabú, pero personas como Pete Hegseth o Stephen Miller, para mí, son fascistas.

Es bastante probable que los demócratas consigan la mayoría en la Cámara de Representantes. En el Senado es más difícil, pero las posibilidades existen. En caso de obtener los resultados deseados, ¿podrán ejercer de contrapoder a Trump durante sus dos últimos años como presidente? ¿Es posible un impeachment?
No tengo mucha fe en el Partido Demócrata, especialmente en sus líderes. La posibilidad de impulsar un impeachment ya se planteó durante su primer mandato y hubo intentos de llevarlo a cabo. Creo que, si los demócratas ganan las dos cámaras, se limitarán a esperar estos dos años y prepararse para las siguientes elecciones presidenciales, poca cosa más. Porque, para los líderes del partido, su principal enemigo no es el fascismo, sino la incertidumbre y los cambios drásticos en la política, incluso cuando vienen del ala izquierda de su propio partido. Obviamente, intentarán hacer algunas cosas, pero, por ejemplo, sus líderes han hablado de oponerse al ICE de Trump, no al ICE como institución. No están en contra del ICE ni de los centros de detención para inmigrantes, ni quieren abrir las fronteras. Quieren oponerse a Trump, pero poca cosa más. Estados Unidos no tiene un sistema parlamentario y creo que, por eso, existe menos cultura de actuar como un partido de oposición. En la política estadounidense existe una especie de mito del consenso. Por eso nos encontramos en una situación increíble, difícil de creer: tenemos un partido que supuestamente es de izquierdas y que sigue buscando el consenso, mientras que el otro dice abiertamente que quiere destruir a sus enemigos. Y no creo que esto tenga que cambiar.

¿Cree que el Partido Demócrata está ofreciendo una respuesta política a la altura del momento que atraviesa Estados Unidos?
Es la única alternativa a Trump que existe dentro de la política electoral. Dentro del partido tenemos los Socialistas Democráticos de América (DSA), aquí se están produciendo debates interesantes. Por ejemplo, Ocasio-Cortez (AOC) es una figura muy importante dentro del Partido Demócrata y tradicionalmente ha estado situada en su ala izquierda. No obstante, cada vez más está diciendo que su voto en contra de la financiación de Israel fue un error y ella misma está desplazando sus posiciones hacia el centro para tener posibilidades de presentarse a las elecciones presidenciales. Entiendo esta estrategia porque, en nuestra sociedad, la mayoría de la población no apoya posiciones muy de izquierdas. Pero, al mismo tiempo, esto demuestra, para mí, la debilidad de la estrategia de DSA: cuanto más se acercan sus representantes al poder, más se desplazan sus posiciones hacia el centro. Y para mí es inaceptable intentar ganar a través del centrismo. Así que sí, es lo que tenemos. Creo que la política de extrema derecha de Trump ofrece a los dirigentes demócratas una oportunidad para presentar sus posiciones centristas como si fueran extraordinarias, simplemente por comparación con las de Trump. En un sistema bipartidista como el estadounidense, esto funciona como el concurso de televisión El Precio Justo. Para los demócratas, basta con ofrecer un dólar más que los republicanos para considerar que ya han hecho suficiente. Por eso no tengo mucha fe en que puedan ofrecer una resistencia firme. Como decía antes, por ejemplo, en el caso del ICE, para mí una resistencia real significaría defender que ningún ser humano es ilegal y actuar desde la solidaridad. En cambio, para los dirigentes demócratas, todo depende de la situación administrativa de cada inmigrante. No son aliados de los inmigrantes sin papeles.


Aun así, esta nueva generación de líderes de izquierda dentro del Partido Demócrata ha demostrado, con resultados, que pueden ser una alternativa al establishment demócrata tradicional.
Sí, es posible que dentro de unos años el Partido Demócrata cambie en esta dirección. Pero, de cara a las próximas elecciones presidenciales, hay un concepto que en inglés se llama electability, es decir, la capacidad de un candidato para atraer el apoyo del centro político, que tiene muchísimo peso en Estados Unidos. Por eso imagino que el próximo candidato demócrata será de centro. Quizás alguien como Gavin Newsom puede ser el candidato, no estoy seguro. Por lo tanto, están pasando dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, es cierto que un sector del Partido Demócrata se está desplazando hacia la izquierda y que, en ciudades como Nueva York, este movimiento tiene mucha fuerza. Pero todavía no ha conseguido tomar el control del conjunto del partido. Quizás lo consiga dentro de una generación o dentro de diez años, pero es difícil imaginar un cambio de este tipo a escala nacional a corto plazo.