El verano es también una temporada de cambios para muchos jóvenes: acaban los estudios, buscan el primer trabajo o hacen números para saber si se pueden permitir irse de casa. En Europa, sin embargo, este salto hacia la vida adulta no se produce al mismo ritmo. Las diferencias entre países son enormes y España se sitúa entre los estados donde la independencia llega más tarde.
Una de las fotografías de esta situación la proporciona el indicador NEET —Neither in Employment nor in Education or Training— que agrupa a los jóvenes que ni trabajan ni estudian ni participan en ningún programa de formación. Según los últimos datos de Eurostat, el 11% de los europeos de entre 15 y 29 años se encontraba en esta situación en 2025. En España, la proporción era ligeramente superior: un 11,5%.
Ser NEET o NINI, sin embargo, no quiere decir necesariamente haber abandonado los estudios o no querer trabajar. El indicador de Eurostat incluye tanto a jóvenes que buscan trabajo como a personas que se encuentran fuera del mercado laboral por otros motivos. Es, sobre todo, una manera de medir cuántos jóvenes están desconectados simultáneamente de la educación y del empleo. Y el mapa europeo muestra diferencias importantes. En los Países Bajos solo el 5,3% de los jóvenes se encuentra en esta situación, seguidos de Suecia, con un 5,9%, y Eslovenia, con un 7,6%, según datos de la Comisión Europea. En el otro extremo se encuentran Rumanía, donde la proporción llega al 19,2%, Bulgaria, con un 13,8%, y Grecia, con un 13,6%. España, pues, queda cerca de la media comunitaria.
La difícil entrada en el mundo laboral
El problema se hace más visible a medida que pasan los años. En la UE, solo el 5,3% de los jóvenes de entre 15 y 19 años son NINI, pero el porcentaje sube al 12,8% entre los 20 y los 24 años y llega al 14,7% entre los 25 y los 29. Es justamente cuando deberían consolidar su entrada en el mercado laboral cuando aumenta el número de jóvenes que quedan fuera tanto del trabajo como de la formación.
La tendencia general, sin embargo, es positiva. Eurostat calcula que la proporción de jóvenes NINI en la UE ha pasado del 15,2% en 2015 al 11% en 2025. Veintidós de los 27 estados miembros han conseguido reducirla durante este período, y Bruselas se ha fijado como objetivo bajar del 9% en 2030. Pero encontrar trabajo es solo una parte del problema. Para muchos jóvenes, conseguir suficientes ingresos para poder pagar un alquiler y dejar el hogar familiar es el siguiente gran obstáculo. Y aquí las diferencias entre países son aún más evidentes.
Diferencias entre el norte y el sur de Europa
En España, los jóvenes se marcharon de casa a los 30 años de media en 2024, según la misma fuente. Son casi cuatro años más que la media de la UE, situada en los 26,2. Solo cuatro países registran una emancipación aún más tardía: Croacia, con 31,3 años; Eslovaquia, con 30,9; Grecia, con 30,7, e Italia, con 30,1.
En Catalunya, la dificultad para dar este paso también es evidente. Solo el 18,6% de los jóvenes de entre 16 y 29 años vivía emancipado en 2025, según los datos del Observatori Català de la Joventut. La tasa creció ligeramente respecto al año anterior, pero aún muestra hasta qué punto el acceso a una vida independiente sigue siendo complicado para una parte importante de la juventud catalana.
Al otro lado del continente, la situación es radicalmente diferente. En Finlandia, los jóvenes dejan el hogar familiar a los 21,4 años de media, mientras que en Dinamarca lo hacen a los 21,7 y en Suecia, a los 21,9. Entre el norte y el sur de Europa hay, por lo tanto, una diferencia de más de ocho años.
Las dos estadísticas no explican exactamente lo mismo ni permiten establecer una relación directa entre no estudiar ni trabajar y emanciparse tarde. La vivienda, los salarios, las políticas sociales y las costumbres familiares también pesan a la hora de decidir cuándo un joven puede empezar una vida independiente, tal como señala Eurostat. Ahora bien, juntas ofrecen una fotografía reveladora de una generación que necesita más tiempo para completar su paso hacia la edad adulta. En España, el número de jóvenes alejados del trabajo y los estudios es próximo a la media europea, pero marcharse de casa sigue siendo una de las transiciones más tardías de la UE. El reto no es solo entrar en el mercado laboral, sino conseguir que hacerlo permita, finalmente, construir una vida propia.
