La escalada bélica en Oriente Medio está obligando al ejército de los Estados Unidos a cambiar sus prioridades y reorganizar sus capacidades militares para poner el punto de mira principal en Irán y proteger a sus aliados en la zona. Desde el pasado 28 de febrero, cuando Israel y los EUA lanzaron la primera oleada de ataques contra Irán, cientos de misiles han sido disparados desde ambos bandos y, según algunos expertos, esto está poniendo a prueba las capacidades reales de defensa estadounidenses contra un enemigo que está demostrando su capacidad militar. Los ataques iraníes contra los países del Golfo Pérsico con drones y misiles han obligado a los aliados estadounidenses a protegerse usando sistemas avanzados como los misiles Patriot. Estos sistemas antiaéreos tienen un alto coste y la capacidad productiva actual de los EUA se estima en unas 600 unidades al año. Según algunos expertos, ya se habrían disparado más de 1.000 en los primeros días del conflicto en Oriente Medio. Irán también ha atacado sofisticados sistemas de defensa en Jordania y países del Golfo. Como resultado de estos impactos, el ejército de los Estados Unidos está recolocando estos mismos sistemas que tiene desplegados en Corea del Sur hacia Oriente Medio, lo que ha dejado preocupado a Seúl ante la amenaza del Norte. A los aliados de los EUA en el frente asiático también les preocupa la capacidad de los EUA para producir las armas que necesitan y que han encargado a productores estadounidenses por las demandas de Trump. Esto podría permitir a China posicionarse como la única potencia fiable en la zona, así como envalentonarse para conseguir sus propios objetivos.
Irán destruye los THAAD en Oriente Medio
Esta semana, los Estados Unidos han empezado a mover desde su base en Seongju, al sur de Seúl, en Corea del Sur, partes del sistema de defensa antimisiles THAAD ('defensa terminal en zona de gran altura', por las siglas en inglés), para desplegarlo en la guerra contra Irán. Según indican medios estadounidenses, el Pentágono está moviendo partes del sistema THAAD hacia Oriente Medio. Este movimiento de fuerzas preocupa a Seúl, uno de los principales aliados de Trump en Asia, que duda del compromiso del mandatario estadounidense con su seguridad ante la amenaza nuclear de Corea del Norte, que podría aprovechar el momento para añadir presión a su vecino del sur. El presidente de Corea del Sur, el liberal Lee Jae Myung, asegura, sin embargo, que su país podrá evitar ataques del Norte incluso si los EUA repliegan armas y otros elementos de seguridad en Oriente Medio. El mandatario surcoreano ha reconocido que Seúl ha “expresado su oposición” a la retirada de los sistemas estadounidenses, pero que “a pesar de que hemos expresado nuestra oposición, la realidad es que no podemos imponer completamente nuestra posición”.
Irán ha apuntado hacia este tipo de sistemas sofisticados de defensa en sus ataques a bases estadounidenses en Oriente Medio desde los primeros días del conflicto. Imágenes satelitales muestran cómo un sistema de radar para la batería de misiles THAAD que el ejército de EE. UU. tiene en Jordania habría sido destruido por un ataque iraní en los primeros días del conflicto. Esta podría ser la razón por la que ahora se mueven partes del sistema instalado en Corea del Sur hacia Oriente Medio. EE. UU. tiene otro sistema THAAD en Israel, mientras que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos tienen tres más conjuntamente. Las dos bases que tienen estos sistemas habrían sido atacadas en los EAU, mientras que otras imágenes muestran que la base aérea Príncipe Sultán de Arabia Saudita, donde se encuentra el otro sistema THAAD de la región, también habría sido atacada y el sistema dañado.
Más preocupación en Tokio y Taipéi
En Tokio, igual que en Seúl, aumentan las dudas del compromiso de Trump con la defensa asiática. Japón acoge a unos 50.000 militares estadounidenses, casi el doble de los que hay estacionados en Corea del Sur, y la mitad de ellos en la isla de Okinawa, al sur del país. Dos de los destructores estadounidenses con base en la base de Yokosuka, al sur de Tokio, se encuentran ahora mismo desplegados en el mar de Arabia, según indica el Instituto Naval de los Estados Unidos, y este redespliegue ha provocado críticas sobre que Trump habría ido a la guerra en Irán sin un plan claro, con el peligro de que sus fuerzas se vean abocadas a un conflicto largo. En Tokio también preocupa la distribución de sus compras de armamento a empresas estadounidenses por los acuerdos con Donald Trump. Una investigación gubernamental japonesa descubrió este enero que 118 compras de armamento estadounidense por valor de unos 6.300 millones de euros no habrían llegado hasta cinco años después de firmar los respectivos contratos. Las mismas dudas crecen en Taiwán, donde creen que la guerra en Oriente Medio podría empeorar su capacidad de disuasión contra China.
Quien mucho abarca, poco aprieta
La guerra en Oriente Medio está tensionando las capacidades estadounidenses. La escalada bélica en la región amplía las necesidades de armamento y de capacidades de defensa de EE. UU. y sus aliados, lo que complica las promesas del gobierno de Trump de asegurar a los aliados asiáticos y del Pacífico, “nuestro teatro prioritario”, según lo describió en su momento Pete Hegseth, secretario de Guerra. Los movimientos de armamento desde Asia a Oriente Medio son “medidas de precaución”, indican fuentes estadounidenses, pero algunos analistas creen que esto demuestra que las capacidades de Estados Unidos no están lo suficientemente preparadas para un conflicto como este para abarcar tantos frentes de defensa. De hecho, algunos indican que EE. UU. estaría agotando sus capacidades en Oriente Medio y de ahí la necesidad de mover sistemas de un frente a otro. Ian Chong, profesor de la Universidad Nacional de Singapur, cree que Beijing y Pyongyang podrían explotar las debilidades de EE. UU. y que solo el tiempo dirá “si un conflicto prolongado en Irán agotará los misiles estadounidenses hasta un punto en que responder a contingencias en otros lugares resulte difícil”.
