La tensión entre Irán y Estados Unidos vuelve a escalar después de nuevas amenazas cruzadas que alejan aún más cualquier escenario de desescalada en el Próximo Oriente. Teherán ha advertido este martes que responderá de manera “mucho más violenta” a cualquier nuevo ataque estadounidense o israelí y ha dejado claro que considera la guerra lejos de haberse terminado.
El portavoz de las fuerzas armadas iraníes, Abolfazl Shekarchi, ha asegurado que la República Islámica ya tiene identificados objetivos concretos para atacar si Washington o Tel Aviv vuelven a actuar militarmente contra el país. En declaraciones difundidas por la televisión estatal IRIB, el dirigente militar ha afirmado que la respuesta iraní sería “más grave, intensa e inesperada” que las ofensivas anteriores.
Las amenazas llegan después de los ataques lanzados por Estados Unidos contra embarcaciones iraníes e instalaciones de misiles en el sur del país. Washington sostiene que estas operaciones se hicieron en “defensa propia” a pesar del alto el fuego vigente y las negociaciones abiertas para intentar contener el conflicto.
Provocación directa de EE. UU.
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) defiende que los bombardeos buscaban proteger a las tropas estadounidenses desplegadas en la región ante las “amenazas crecientes” de las fuerzas iraníes. Pero desde Teherán se considera que estas acciones son una provocación directa y una violación de los intentos de negociación abiertos las últimas semanas.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní ha acusado a Washington de violar el espacio aéreo del país en el golfo Pérsico. Según el comunicado oficial, las defensas antiaéreas iraníes habrían detectado y derribado un dron MQ-9 estadounidense y habrían abierto fuego también contra un dron RQ-4 y un caza F-35 de Estados Unidos, que finalmente se retiraron de la zona.
De momento, el Pentágono no ha confirmado estos incidentes, pero las declaraciones iraníes refuerzan la sensación de que el conflicto se está acercando a un punto especialmente delicado. El intercambio de acusaciones y operaciones militares llega en un contexto de máxima fragilidad regional, con Israel manteniendo frentes abiertos en el Líbano y Gaza y con los aliados árabes de Estados Unidos cada vez más preocupados por una posible expansión de la guerra.
¿El petróleo, moneda de cambio?
Las autoridades iraníes también han puesto sobre la mesa una de sus amenazas más sensibles: el petróleo. Shekarchi ha advertido que, si las exportaciones iraníes fueran bloqueadas por sanciones u operaciones militares, Teherán impediría la salida de crudo de toda la región. El mensaje apunta directamente al estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos del planeta, por donde pasa una parte esencial del petróleo mundial.
Cualquier alteración del tráfico marítimo en este corredor podría provocar un nuevo seísmo en los mercados energéticos internacionales y disparar aún más los precios del crudo. Las primeras consecuencias ya se empiezan a notar. Según la agencia estatal IRNA, en la ciudad portuaria de Bandar Abbas, situada justo delante del estrecho, se han oído varias explosiones durante las últimas horas.
La situación vuelve a evidenciar hasta qué punto el conflicto entre Washington y Teherán ya no afecta solo a la seguridad regional, sino también a la economía global. Y mientras los canales diplomáticos intentan mantenerse abiertos, el lenguaje utilizado por ambas partes cada vez se parece más al de una guerra abierta que al de un proceso de negociación.
