Ha sido un verano devastador para Europa, más si lo consideramos desde el punto de vista de lo que ha ocurrido en España con los incendios. Era algo que se veía venir, pero no se pensaba que el fuego podía avanzar tan rápido. Lo más triste que deja todo este acontecimiento son los miles de ciudadanos que tuvieron que evacuar dejando las casas a merced del fuego. Lo que ocurrió no es cosa menor y los científicos están estudiando las consecuencias, donde se resalta que algunos incendios lamentablemente fueron provocados.
España tuvo el mayor incendio registrado en Ávila, acontecido el pasado mes de julio. Los satélites de la NASA detectaron las primeras señales de alerta. Desde que comenzó, arrasó con todo a su paso y se unió a otros incendios que quemaron cerca de 77.000 hectáreas. Las imágenes obtenidas del satélite Landsat 9 nos dan una impresión de lo sucedido, unas marcas terribles que quedarán en la Tierra y que recordarán la vulnerabilidad con la que podemos perderlo todo.
España y Francia fueron los dos países más afectados por los incendios de verano
El panorama en el otro país europeo fue similar respecto a la catástrofe que dejó huella. Lo lamentable fue ver la desaparición del pueblo de Le Porge y la quema de más de 42.000 hectáreas. Francia no había tenido una temporada de incendios tan grave en varias décadas. El peor día fue el 25 de julio, cuando los incendios provocaron una nube de fuego; creció tanto por la energía del incendio que no se había documentado tal cual en esos lares. Los científicos que estudiaron este caso del proyecto The State of Wildfires indicaron que se debió a un fenómeno climático que desde antes propició este escenario. El invierno fue muy lluvioso, por lo que las hierbas y matorrales crecieron más de lo normal. Las olas de calor combinadas con los meses de sequía fueron una combinación mortal, por lo que se convirtió en una caja de fósforos. Las rachas de viento de más de 65 kilómetros por hora fueron el inicio del desastre.

Tuvo que entrar la tecnología satelital de la NASA para poder localizar las llamas prácticamente metro por metro para poder anticipar posibles fuentes de fuego. Miles de bomberos, militares y cuerpos de emergencias se desplegaron para poder combatir todo lo sucedido. Hasta finales del mes de julio es cuando las familias pudieron retornar a casa, aunque la huella del desastre estaba ahí. La fotografía deja un registro impactante, como si toda la ciudad de Nueva York se incendiara en cuestión de días. Muchos podrían pensar que estas consecuencias son parte del desastre climático; en parte, las olas de calor son las que empiezan a ser anormales a tal grado de hacer nuestro ambiente difícil de vivir. Deseamos que, lejos de agravarse, las situaciones puedan ser un poco más controlables.