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Cuando la televisión estatal china estrenó recientemente una serie dedicada a Xi Zhongxun, padre del actual presidente Xi Jinping, el mensaje era claro: reivindicar una de las figuras históricas del Partido Comunista y reforzar el relato fundacional del régimen. Según señalaba un artículo de The Guardian, la producción presenta a Xi Zhongxun como un revolucionario ejemplar y un hombre de confianza de Mao Zedong, una relación marcada por la lealtad y el respeto mutuo. Pero la historia real es bastante más complicada.

En una de las escenas que han generado más comentarios, Mao aparece mostrando su confianza en Xi Zhongxun y encomendándole responsabilidades políticas en el noroeste del país. La imagen encaja perfectamente con la narrativa oficial que Pekín intenta proyectar sobre sus orígenes: un partido unido, liderado por figuras visionarias y construido sobre una continuidad histórica sin grietas. Sin embargo, esta es solo una parte de la historia.

El pasado del padre de Xi Jinping

Xi Zhongxun fue efectivamente uno de los veteranos más destacados de la revolución comunista china. Participó en la guerra civil, contribuyó a consolidar el control comunista sobre diversas regiones del país y ocupó cargos de gran responsabilidad después de la fundación de la República Popular en el año 1949. Pero también acabó siendo una víctima del mismo sistema que había ayudado a construir.

Según recogen diversos historiadores especializados en la China contemporánea, Xi Zhongxun fue purgado en el año 1962 después de ser relacionado con una novela sobre un antiguo dirigente revolucionario que algunos sectores del partido consideraron políticamente sospechosa. Aquella acusación sirvió de pretexto para apartarlo del poder en un momento en que Mao intensificaba las luchas internas dentro de la cúpula comunista.

La situación todavía se agravó con el inicio de la Revolución Cultural en 1966. Durante aquellos años, Xi Zhongxun fue encarcelado, sometido a humillaciones públicas y alejado de la vida política durante más de una década. Los estudios sobre aquel periodo coinciden en que formó parte de las numerosas purgas que sacudieron el país bajo el liderazgo de Mao.

Consecuencias para Xi Jinping

Las consecuencias también llegaron a su familia. Su hijo, Xi Jinping, que hoy concentra más poder que cualquier otro líder chino desde Deng Xiaoping, fue enviado a trabajar al campo, como millones de jóvenes urbanos durante aquellos años convulsos. Su experiencia personal durante la Revolución Cultural forma parte del relato biográfico que él mismo ha utilizado a menudo para presentarse como un dirigente forjado en la adversidad.

Por eso la paradoja resulta tan reveladora. El padre de Xi Jinping fue una de las víctimas de los excesos del maoísmo, pero bajo el liderazgo de su hijo la figura de Mao ha recuperado protagonismo en el discurso oficial. Aunque el Partido Comunista ha reconocido parcialmente algunos errores de la Revolución Cultural, nunca ha impulsado una revisión profunda de aquel período. Hacerlo implicaría cuestionar los fundamentos mismos sobre los que se construye la legitimidad del régimen.

La serie sobre Xi Zhongxun se enmarca en este ejercicio de memoria selectiva. No se trata tanto de inventar una historia alternativa como de decidir qué partes del pasado merecen ser destacadas y cuáles es preferible dejar en segundo término. El revolucionario fiel ocupa el centro del escenario; el hombre perseguido por el mismo partido al que había dedicado su vida casi desaparece del relato.

Como apuntaba The Guardian en su análisis de la producción, la narración televisiva evita precisamente los episodios más incómodos de la trayectoria de Xi Zhongxun. Y quizás este es el dato más significativo de todos. Porque en la China actual, controlar el relato sobre el pasado continúa siendo una manera de controlar el presente.