Cuando el conflicto con Irán entra en el primer fin de semana después del estallido de la nueva ofensiva, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afronta el momento con una combinación de apoyo interno sin precedentes y una creciente controversia internacional. En Israel, la operación militar contra el régimen iraní ha consolidado su posición política; en Estados Unidos, en cambio, el papel de Washington en la guerra ha abierto un intenso debate político.
Un artículo publicado esta semana en el diario británico The Telegraph definía a Netanyahu como “el gran líder de guerra de nuestro tiempo”. El periodista conservador Charles Moore comparaba al primer ministro israelí con Winston Churchill y presentaba su estrategia contra Irán como una lucha histórica que podría redibujar el equilibrio de poder en el Próximo Oriente. La comparación ha sido rápidamente amplificada por los partidarios de Netanyahu en las redes sociales. Desde hace años, el dirigente israelí presenta a Irán como la principal amenaza existencial para Israel, y la nueva guerra parece reforzar este relato en un momento políticamente delicado.
Apoyo masivo a Israel
La ofensiva militar, iniciada con el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha generado un amplio consenso interno. Según una encuesta preliminar del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, el 81% de la población apoya los ataques contra Irán y un 63% considera que la campaña debería continuar hasta la caída del régimen iraní. Incluso sectores tradicionalmente críticos con Netanyahu han adoptado un discurso de unidad nacional. El principal canal de televisión del país, Channel 12, a menudo muy duro con el gobierno, ha incorporado el lema “Juntos hasta el final” a su logotipo informativo.
Los líderes de la oposición también han cerrado filas. El exprimer ministro Yair Lapid escribió esta semana en una columna en The Economist que, ante esta operación militar, se sitúa “detrás del gobierno y de la operación en Irán”. Una posición similar ha adoptado el exjefe de gobierno Naftali Bennett, reflejando el clima político del país.

La guerra como estrategia electoral
Para Netanyahu, la guerra también tiene una dimensión política clara. Después de los ataques del 7 de octubre de 2023 —considerados el peor fracaso de seguridad en la historia de Israel— la imagen del primer ministro como “señor seguridad” quedó profundamente tocada.
Desde entonces, el gobierno israelí ha apostado por sucesivas operaciones militares para recuperar la capacidad de disuasión y redefinir el papel de Israel en la región. La guerra actual con Irán y el conflicto de doce días del junio pasado forman parte, según fuentes cercanas al primer ministro, del núcleo de su estrategia para ganar las próximas elecciones.
El mismo Netanyahu ha repetido en varias ocasiones que el objetivo es “transformar Oriente Próximo”. Desde 2023, Israel ha eliminado a varios líderes de los grupos que el gobierno define como “el eje del mal”, incluidos dirigentes de Hamás, Hezbolá y, finalmente, el líder supremo iraní. La nueva ofensiva, bautizada oficialmente como “Operación León Rugiente”, ha sido presentada desde el primer momento con una fuerte carga simbólica y comunicativa, un indicio de que el gobierno quiere capitalizar políticamente los éxitos militares.

Trump, aliado clave pero polémico
Si Netanyahu dirige la campaña militar, el presidente norteamericano Donald Trump es el aliado imprescindible. El primer ministro israelí ha agradecido repetidamente el apoyo de Washington y ha destacado la cooperación militar entre los dos países. Incluso ha anunciado su intención de conceder a Trump el Premio Israel durante las celebraciones del Día de la Independencia el próximo mes. No queda claro, sin embargo, si el presidente norteamericano tiene intención de asistir.
A pesar de la sintonía entre los dos líderes, la guerra es mucho más impopular en Estados Unidos. Una encuesta de CNN indica que casi seis de cada diez estadounidenses desaprueban la decisión de Washington de participar en acciones militares contra Irán. La división política es profunda: solo el 18% de los votantes demócratas la apoyan, mientras que entre los republicanos la aprobación llega al 77%.
El debate político en los Estados Unidos
La polémica se intensificó después de unas declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, que sugirió que la operación estadounidense se lanzó porque Israel preparaba una acción que podía provocar represalias iraníes contra fuerzas de los Estados Unidos. Aunque Rubio matizó posteriormente sus palabras, el debate ya se había encendido. Trump también intervino para negar que Israel hubiera forzado la decisión, afirmando que quizás había sido él quien había presionado a Tel Aviv.
Para varios analistas israelíes, este tipo de mensajes pueden perjudicar al país. Jeremy Issacharoff, exresponsable de asuntos estratégicos del ministerio de Asuntos Exteriores israelí, advierte que implicar a Israel en el debate partidista norteamericano es peligroso. Según él, si el conflicto se alarga o tiene consecuencias económicas —como el aumento del precio del petróleo—, muchos votantes norteamericanos podrían empezar a cuestionar la necesidad de esta guerra, tal como recoge un artículo de la CNN.

El riesgo para la alianza estratégica
Este es el dilema que afronta Netanyahu. La ofensiva contra Irán puede reforzar su posición interna y facilitar la reelección en unos comicios previstos para finales de año, pero también puede erosionar uno de los pilares de la política exterior israelí: el apoyo bipartidista de los Estados Unidos. Durante décadas, Israel ha contado con el apoyo tanto de republicanos como de demócratas. Pero la combinación de una guerra impopular y la fuerte asociación entre Netanyahu y Trump podría alterar este equilibrio.
En este contexto, el gran interrogante sigue siendo el mismo: hasta dónde llegará la guerra. Tanto Netanyahu como Trump insisten en que no quieren un “conflicto eterno”, pero nadie sabe aún cuál será el punto de salida. Y mientras las operaciones militares continúan, la pregunta que empieza a aparecer en los debates políticos en Washington es cada vez más clara: cómo terminará esta guerra y qué precio tendrá.