La muerte del ayatolá Alí Jamenei en un ataque atribuido a Estados Unidos e Israel ha abierto una de las crisis políticas más profundas de la historia de la República Islámica. Por primera vez en décadas, el sistema de poder iraní se encuentra sin su líder supremo en medio de una guerra activa, hecho que ha desencadenado una compleja batalla política para determinar quién ocupará el cargo más poderoso del país.
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Khamenei había gobernado Irán desde 1989, cuando sucedió al ayatolá Ruhollah Khomeini después de su muerte. Desde entonces, la República Islámica solo había vivido una única transición en la cúspide del poder. Esta vez, sin embargo, la situación es radicalmente diferente: el líder supremo ha sido asesinado en plena escalada militar y sin haber designado oficialmente un sucesor.
Un gobierno provisional en plena guerra
Según la Constitución iraní, el poder ha pasado provisionalmente a un consejo de tres miembros hasta que se designe un nuevo líder supremo. Este órgano está formado por el presidente moderado Masoud Pezeshkian, el jefe del poder judicial y figura de la línea dura Gholamhossein Mohseni Ejei, y el clérigo Alireza Arafi.
Su misión es garantizar la continuidad institucional mientras se pone en marcha el proceso de sucesión. Sin embargo, el contexto bélico complica enormemente los tiempos políticos. Las autoridades no han indicado cuándo podría anunciarse el nuevo líder, y varios analistas consideran probable que la decisión se retrase hasta que disminuya la intensidad de los ataques de Estados Unidos e Israel. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha intentado transmitir un mensaje de control. “Nos hemos preparado para estos momentos y hemos previsto todos los escenarios”, ha afirmado, asegurando que el sistema mantiene cohesión a pesar de la crisis.
Sin embargo, los acontecimientos recientes han golpeado duramente la estructura de poder del régimen. Israel asegura que en los bombardeos del fin de semana murió una “mayoría” de los principales mandos militares del país, incluyendo al jefe del Estado Mayor, Abdolrahim Mousavi; el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour; y el secretario del Consejo de Defensa, Ali Shamkhani.
El mecanismo para elegir al nuevo líder
La decisión final recaerá en la Asamblea de Expertos, un organismo formado por 88 clérigos que se encarga de elegir al líder supremo. Sus miembros son elegidos cada ocho años en votación popular, pero los candidatos deben ser aprobados previamente por el Consejo de Guardianes, una institución clave del sistema que vela para que las leyes y los procesos políticos sean compatibles con la ley islámica.
Este mismo consejo también controla quién puede presentarse a las elecciones presidenciales o parlamentarias, y es conocido por excluir a numerosos aspirantes. En las elecciones de 2021, por ejemplo, vetó a más de 600 candidatos, incluidas todas las mujeres que se habían presentado.
Los posibles sucesores
Entre los nombres que circulan con más fuerza está el de Mojtaba Khamenei, segundo hijo del líder muerto y figura influyente con fuertes vínculos con la Guardia Revolucionaria y la milicia paramilitar Basij. Aun así, una sucesión dinástica podría generar reticencias dentro del clero, ya que la República Islámica nació precisamente para acabar con la monarquía del sha.
Otro candidato destacado es Alireza Arafi, miembro del consejo provisional y figura próxima a Khamenei. También aparece el nombre de Mohammad Mehdi Mirbagheri, representante del sector más conservador del clero, así como Hassan Khomeini, nieto del fundador de la República Islámica y percibido como una figura relativamente más moderada.
Algunos analistas no descartan tampoco un escenario menos convencional: el establecimiento de una dirección colegiada en lugar de un único líder supremo.
La sombra de un cambio de régimen
La muerte de Khamenei también ha reabierto el debate sobre la posible caída del régimen. El presidente estadounidense Donald Trump ha instado a los iraníes a levantarse contra el gobierno y ha pedido a la Guardia Revolucionaria que abandone las armas.
A pesar de ello, de momento no hay indicios de una revuelta generalizada. Tampoco se han producido deserciones significativas dentro de las élites militares o políticas. En el exilio, el príncipe Reza Pahlavi —hijo del sha depuesto en 1979— ha reaparecido como posible figura alternativa, a pesar de que su capacidad real de articular una transición es muy incierta.
Varios expertos señalan el principal problema de un eventual cambio de régimen: la falta de una estructura política organizada preparada para sustituir el sistema actual. Sin una oposición cohesionada ni una fuerza política con implantación real en el país, cualquier transición podría resultar extremadamente caótica.
El poder real, en manos de los militares
Mientras tanto, muchos analistas creen que el poder real en Irán podría recaer temporalmente en la Guardia Revolucionaria. Este cuerpo militar de élite no solo tiene un papel central en la defensa del país, sino que también ejerce una enorme influencia política y económica. Además de controlar importantes sectores económicos, la Guardia Revolucionaria dirige la milicia Basij, una fuerza paramilitar con presencia en todo el país encargada de mantener el orden interno y vigilar a la población.
Ante el momento más delicado de su historia reciente, el régimen intenta proyectar una imagen de continuidad. Pero con la cúpula política y militar sacudida, una guerra abierta en marcha y una sucesión incierta, el futuro de la República Islámica se ha vuelto más imprevisible que nunca.