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Georgia ha celebrado este martes el 35º aniversario de su independencia con una puesta en escena cargada de simbolismo político y religioso. Las autoridades georgianas han convertido la conmemoración en una reivindicación de la identidad cristiana del país y del discurso soberanista del gobierno, en un momento marcado por el enfriamiento de las relaciones con la Unión Europea.

A diferencia de otros años, los actos oficiales en Tiflis se han celebrado sin rastro de los colores azul y amarillo de la bandera europea. La plaza de la Libertad, epicentro de la jornada institucional, se ha llenado exclusivamente de banderas georgianas y símbolos vinculados a la Iglesia ortodoxa, mientras el gobierno insistía en presentar la fe cristiana como el gran elemento cohesionador de la nación.

Tensión con Bruselas

La decisión de apartar la simbología europea llega en medio de las tensiones crecientes entre Bruselas y el gobierno georgiano. La Unión Europea acusa desde hace meses a las autoridades de Tiflis de estar impulsando un retroceso democrático y de alejarse de los compromisos políticos necesarios para avanzar hacia una futura adhesión europea.

Las celebraciones se han desarrollado bajo el lema "La fe nos fortalece y el amor nos une", coincidiendo con la conmemoración de los 1.700 años de la proclamación del cristianismo como religión oficial de Georgia. El mensaje ha impregnado todos los discursos institucionales de la jornada.

Discurso soberanista de las autoridades del país

El presidente georgiano, Mikheil Kavelashvili, ha asegurado que la Iglesia ortodoxa ha sido "decisiva" para preservar la identidad nacional, la memoria histórica y la espiritualidad del país. "Nuestra historia y nuestra fe son inseparables", ha afirmado durante el acto central en la plaza de la Libertad.

En la misma línea, el primer ministro Irakli Kobakhidze ha reivindicado que Georgia ha sabido conservar su independencia e identidad "gracias a la fe del pueblo georgiano". El jefe del gobierno ha insistido en que el país es hoy "más soberano e independiente que nunca", un mensaje que muchos analistas interpretan como una respuesta directa a las críticas procedentes de Bruselas.

La jornada también ha servido para homenajear la figura del patriarca Ilia II, fallecido en marzo después de casi cincuenta años liderando la Iglesia ortodoxa georgiana. Una gran pancarta con su imagen presidía la fachada del Parlament georgiano durante los actos oficiales.

¿Qué dice la oposición?

Mientras tanto, la oposición ha aprovechado el Día nacional para denunciar el giro político del gobierno. Diversas fuerzas opositoras han convocado manifestaciones este mismo martes por la tarde por las calles de Tiflis con la previsión de reunir a decenas de miles de personas. Los partidos críticos con el ejecutivo acusan al gobierno de alejar al país del proyecto europeo y de utilizar el nacionalismo religioso como herramienta política.

Uno de los dirigentes del Movimiento Nacional Unido, Irakli Pavlenishvili, ha calificado al gobierno de "banda político-criminal" y ha asegurado que la movilización quiere demostrar que una parte importante de la sociedad sigue apostando por acercar a Georgia a Europa.

La celebración ha terminado con una exhibición aérea de doce aviones y helicópteros militares sobre la capital georgiana. Pero más allá de la escenografía patriótica, la jornada ha dejado una imagen clara: la distancia política entre Tiflis y Bruselas es hoy más visible que nunca.