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Los líderes del G7 se reúnen de lunes a miércoles en Évian-les-Bains, en la orilla francesa del lago Lemán, en una cumbre marcada por las guerras en Ucrania y en Oriente Medio, la presión sobre la economía mundial y la incógnita del papel que jugará Donald Trump. Francia, que ostenta este año la presidencia del grupo, quiere convertir el encuentro en una cita de "convergencia" entre aliados, de "gestión de crisis" y con "resultados concretos". En la mesa se sentarán Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Alemania, Japón, Canadá e Italia, con la Unión Europea como miembro de facto. También participarán países invitados y, el martes, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en una sesión dedicada a la guerra de Ucrania. El objetivo de París es mantener vivo el apoyo político, financiero y militar a Kiev y explorar cómo el G7 puede contribuir a una eventual negociación con Rusia.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha subrayado la importancia de esta discusión: "Esto es muy importante para nosotros, ya que tenemos que restablecer un consenso dentro del G7 para apoyar a Ucrania". En la misma línea, el canciller alemán, Friedrich Merz, ha advertido que "solo se podrá alcanzar una paz duradera mediante negociaciones en las que participen Ucrania, Rusia, Estados Unidos y Europa; de otra manera, no será posible".

El otro gran frente será Irán y Oriente Medio. Los líderes del G7 abordarán la seguridad energética global y la navegación en el golfo Pérsico, especialmente alrededor del estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio internacional. Francia y el Reino Unido han planteado fórmulas para garantizar la circulación marítima y evitar nuevas sacudidas en los mercados, mientras los aliados buscan fijar objetivos comunes con Washington.

La presencia de Trump vuelve a ser un factor determinante

El año pasado, en Kananaskis, en Canadá, el presidente estadounidense abandonó la cumbre antes de la clausura a raíz del aumento de la tensión en Oriente Medio. Esta vez, Macron lo ha invitado el miércoles a una cena en el palacio de Versalles para conmemorar el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, un gesto que apunta a la voluntad francesa de mantenerlo implicado hasta el final.

Más allá de las crisis inmediatas, Évian también reabre una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto el G7 refleja hoy el poder real del mundo sin China? Pekín no forma parte de este club, nacido en los años setenta como un encuentro informal de democracias industrializadas, pero su peso económico hace que su ausencia sea cada vez más difícil de ignorar.

La cumbre llega, además, rodeada de un fuerte dispositivo de seguridad. Francia y Suiza han reforzado controles, fronteras y espacios sensibles para evitar incidentes como los vividos en 2003, cuando Évian ya acogió una reunión del G8 y se registraron disturbios en ciudades cercanas como Ginebra y Lausana. Las protestas contra el G7 vuelven a estar convocadas, pero las autoridades han diseñado recorridos y medidas especiales para minimizar riesgos.