Estados Unidos ha autorizado que los votantes de Puerto Rico participen en el llamado Plebiscito para la Descolonización Inmediata de Puerto Rico. Las autoridades de Washington no han bloqueado la iniciativa surgida de la isla caribeña. Así, este domingo 11 de junio los puertorriqueños podrán acceder a la autodeterminación, con el pleno acuerdo del gobierno norteamericano. Los votantes pueden escoger entre tres opciones: la independencia, mantener el statu quo como estado libre asociado o convertirse en un estado de Estados Unidos (lo que supondría la plena incorporación al gigante americano y la pérdida de las especificidades del status de estado asociado).

¿Estado 51?

Aunque los puertorriqueños decidieran entrar en Estados Unidos y convertirse en el estado número 51, esta decisión no sería vinculante, porque la potestad para adscribirse a la gran potencia corresponde únicamente al Congreso. Podría ocurrir que los puertorriqueños votaran a favor de la incorporación y que el Congreso lo rechazara o, sencillamente, no se pronunciara, lo que de hecho equivale a una negativa. En realidad, en 2012 ya evitó pronunciarse después de un referéndum similar (el cuarto de este tipo), en el que la mayoría de los votos válidos fueron favorables a la constitución en un nuevo estado de la unión (en el recuento se detectó un 30% de los votos en blanco o nulos, y eso infundió muchas dudas sobre la validez de los comicios). Es improbable que la mayoría conservadora de las cámaras norteamericanas acepte la plena incorporación de Puerto Rico, ya que es un territorio tradicionalmente demócrata y se reforzaría el papel del Partido Demócrata en Estados Unidos. Además, nadie ignora la fobia antilatina de Donald Trump, y es improbable que este apueste por favorecer la unión.

¿Por qué ahora?

En noviembre de 2016 Ricky Rosselló ganó las elecciones a gobernador de Puerto Rico como candidato del Partido Nuevo Progresista, aliado de los demócratas de Estados Unidos. La base de su programa era la anexión a Estados Unidos, que él consideraba como la solución para la caída completa de la economía de la isla: el Estado Asociado se ha declarado en bancarrota y los servicios públicos están bajo mínimos; está claro que Puerto Rico no podrá pagar los intereses de la deuda y los recortes han provocado continuas protestas populares. Puerto Rico está en plena recesión. Casi la mitad de la población sufre una situación de pobreza (sin tener en cuenta que muchos puertorriqueños se han marchado al territorio de Estados Unidos). Los defensores de la conversión en Estado aseguran que con la unión podrán acceder a fondos federales para hacer frente a los compromisos financieros.

Las ventajas de la unión

Si Puerto Rico entrara a formar parte plenamente de los Estados Unidos, los portorriqueños tendrían derecho a beneficiarse de ayudas sociales federales. Además, podrían votar al presidente de Estados Unidos (ahora no pueden). Pero se verían obligados a pagar impuestos que ahora no pagan, como el impuesto de la renta. Los últimos estados que se incorporaron a la Unión, Hawai y Alaska, a medio plazo se vieron beneficiados económicamente por la anexión.

Independentistas marginales

En el último referéndum de autodeterminación, el de 2012, los independentistas tan solo se llevaron un 5% de todos los votos. A pesar de todo, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) continúa muy activo en defensa de la separación. Considera que la isla sufre una situación colonial y que los problemas económicos vienen, justamente, de la dependencia. Por lo tanto, argumentan que más dependencia no contribuiría a mejorar la economía. Tanto el PIP como el Partido Popular Democrático, defensor del status de Estado Libre Asociado, han pedido a la población que no participe en los comicios. De esta forma, solo los partidarios de la fusión con los EE.UU. son partidarios de celebrar aquestes elecciones, que es probable que no varien la situación de la isla.