Una vez cerrado el capítulo de Irán, ahora toca Cuba. Estas han sido las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha elevado el tono contra la isla y ha asegurado que su ejército podría “tomar el control” “casi de inmediato”. Lo ha dicho esta madrugada de sábado en un acto del Forum Club en Palm Beach (Florida), en una intervención de tono aparentemente distendido, pero que llega en plena escalada de presión de Washington sobre La Habana.
Trump ha hecho el comentario mientras se refería a uno de los asistentes, el exlegislador Dan Mica, originario de Cuba. “Y él viene, originariamente, de un lugar llamado Cuba, que tomaremos casi enseguida”, ha afirmado. Acto seguido, ha vinculado esta hipotética acción al final del conflicto con Irán: “Primero terminaremos un trabajo, me gusta terminar los trabajos”.
Trump on Cuba:
— Acyn (@Acyn) May 2, 2026
We will be taking it over almost immediately. On the way back from Iran, we’ll have maybe the USS Lincoln come in off shore and they’ll give up. pic.twitter.com/5x7GUETtAI
El Abraham Lincoln, camino hacia Cuba
El presidente estadounidense también ha descrito una posible demostración de fuerza militar en el Caribe. “De camino de vuelta de Irán, podría hacer que el portaaviones USS Abraham Lincoln, de los más grandes del mundo, viajara al Caribe y se detuviera a unos 100 metros de la costa de Cuba”, ha dicho. Según Trump, en este escenario las autoridades cubanas responderían: “Muchas gracias, nos rendimos”. Las declaraciones no han ido acompañadas de más explicaciones por parte de la Casa Blanca, pero se han producido pocas horas después de que la administración Trump anunciara una nueva orden ejecutiva para endurecer las sanciones contra Cuba.
Según la orden ejecutiva, cualquier persona o empresa que opere en estos sectores o haga negocios con el gobierno de La Habana podría ver bloqueados todos sus activos en Estados Unidos. La medida también puede afectar a bancos extranjeros que faciliten transacciones significativas con personas o entidades sancionadas. Washington justifica el endurecimiento de las sanciones porque considera que las políticas del gobierno cubano continúan representando “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. La administración estadounidense también acusa a La Habana de facilitar actividades de inteligencia de países adversarios y de mantener vínculos con actores hostiles a Washington.
El secretario de Estado, Marco Rubio (de padres cubanos), había acusado esta semana a Cuba de permitir la presencia de servicios de inteligencia extranjeros a solo 90 millas del territorio norteamericano, y advirtió que el gobierno de Trump no lo toleraría.