Las fuerzas armadas de Estados Unidos han interceptado en el mar Caribe un nuevo petrolero sancionado por la administración de Donald Trump por supuestos vínculos con el régimen de Venezuela. La operación se enmarca dentro de los esfuerzos de la Casa Blanca para obtener el control total del petróleo del país latinoamericano, así como la persecución de las embarcaciones que forman parte de la flota fantasma rusa y navegan ilegalmente por todo el mundo. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha sido la encargada de dar a conocer la noticia mediante un tuit en la red social X en el que ha asegurado que “no hay manera de huir o escapar de la justicia estadounidense”. “Nuestra determinación es indestructible y la coordinación de nuestra misión nunca ha sido mejor”, ha añadido. 

Noem ha informado que la embarcación interceptada lleva el nombre de Verónica y “estaba operando desafiando la cuarentena establecida por el presidente Trump para los buques sancionados en el Caribe”. Se trata del sexto petrolero confiscado por la Guardia Costera de los Estados Unidos, la cual “siempre está preparada para aplicar toda la fuerza de sus autoridades en cualquier lugar y en cualquier momento”, ha añadido la republicana. El mensaje viene acompañado de un vídeo en blanco y negro que muestra el momento de la captura del Verónica, con helicópteros sobrevolando la cubierta mientras las tropas armadas descienden con cuerdas. "Nuestros heroicos hombres y mujeres de la Guardia Costera han garantizado una vez más una operación ejecutada de manera impecable, de acuerdo con el derecho internacional", ha concluido Noem.

Desde la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, la Guardia Costera ha interceptado el Verónica, el Marinera y el M Sophia. Antes de la insólita operación en Caracas se produjeron tres abordajes más, entre los que se encontraba el petrolero Skipper. Todo ello forma parte de los esfuerzos de la Casa Blanca para controlar la producción, el refinamiento y la distribución global del crudo venezolano. También para frenar los negocios que el Kremlin hace con embarcaciones bajo banderas de terceros países, muchas veces de África. 

Una herramienta millonaria para el Kremlin

La flota fantasma rusa es una red de embarcaciones gestionadas desde el Kremlin que permiten operar al margen de las sanciones internacionales. Todas ellas operan protegidas por un entramado de empresas pantalla, en muchos casos en condiciones técnicas muy deficientes y sin controles mínimos de seguridad, generando ganancias millonarias para Moscú. A finales de 2022, la flota estaba formada por más de 600 buques, de los cuales alrededor de 400 eran petroleros. En solo un año, esta cifra experimentó un crecimiento exponencial hasta situarse, según diversas estimaciones, entre los 1.100 y los 1.400 buques operativos, en diciembre de 2023. En 2025, se calcula que la flota triplicó su tamaño respecto al inicio de la invasión de Ucrania, ya que, con la imposición de nuevas sanciones, Moscú intensificó su uso como respuesta creativa para continuar transportando petróleo y otras mercancías clave.