La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, gobernará por tercer mandato consecutivo al frente de una nueva coalición de izquierdas que ha fijado como una de sus prioridades defender la soberanía de Groenlandia ante las presiones de Estados Unidos. El nuevo ejecutivo, formado por cuatro partidos y en minoría parlamentaria, combina una agenda social con un mensaje contundente en política exterior: Copenhague no está dispuesto a ceder ante las aspiraciones norteamericanas sobre la isla ártica.
El programa de gobierno establece que Dinamarca mantendrá una posición firme en defensa de la "soberanía, la integridad territorial y el derecho de autodeterminación" del Reino danés. La referencia llega en plena tensión diplomática con Washington por Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa que el presidente Donald Trump ha insistido en que Estados Unidos necesita controlar por motivos de seguridad nacional. Paralelamente, el gobierno también apuesta por reforzar las capacidades militares danesas en un contexto de creciente preocupación europea sobre el compromiso norteamericano con la defensa del continente.
Groenlandia: ¿será independiente?
¿Qué puede pasar ahora con Groenlandia? A corto plazo, no hay indicios de que Dinamarca acepte ninguna cesión de soberanía. La previsión es que continúen las negociaciones diplomáticas con Estados Unidos y la OTAN sobre cuestiones de seguridad y defensa en el Ártico, una región cada vez más estratégica por su posición geopolítica y por los recursos naturales que concentra. El gobierno danés defiende que cualquier decisión sobre el futuro de la isla debe corresponder a sus habitantes, una línea que también comparten mayoritariamente las autoridades groenlandesas.
El acuerdo de coalición, anunciado después de dos meses de negociaciones, pone fin a la incertidumbre política abierta a raíz de las elecciones de marzo. Los socialdemócratas de Frederiksen gobernarán con los Social Liberales, la Izquierda Verde y los Moderados, en una fórmula que representa un desplazamiento hacia la izquierda respecto a la anterior legislatura. Sin embargo, el ejecutivo solo suma 82 de los 179 escaños del Parlament y necesitará el apoyo externo de formaciones progresistas para garantizar la mayoría.
Las promesas del gobierno danés
Para asegurar estos apoyos, el gobierno ha presentado un ambicioso paquete de medidas sociales destinado a combatir el aumento del coste de la vida. Entre las iniciativas destacadas se encuentran la reducción a la mitad del IVA de los alimentos, la eliminación total de este impuesto para frutas y verduras, un complemento mensual de 1.000 coronas danesas para los pensionistas con menos recursos y la gratuidad del transporte público para los menores de 22 años.
El ejecutivo también se compromete a implantar la asistencia dental gratuita en el plazo de una década. Según Frederiksen, estas medidas pretenden dar respuesta a las dificultades económicas derivadas del encarecimiento de los carburantes y de la inflación, factores que marcaron la campaña electoral y que explican en parte el peor resultado de los socialdemócratas desde 1903, a pesar de haber vuelto a ser la fuerza más votada.
Línea dura contra la inmigración
En materia migratoria, la primera ministra mantendrá la línea dura que ha caracterizado a sus gobiernos. Frederiksen ha defendido la expulsión de más extranjeros condenados por delitos y ha reiterado la voluntad de crear centros de recepción fuera de la Unión Europea para que los solicitantes de asilo esperen allí la resolución de sus expedientes, una propuesta que sigue generando críticas por parte de las organizaciones de derechos humanos.
El nuevo programa también incluye reformas en el sector porcino, una de las principales industrias agroalimentarias del país. Entre las medidas previstas se encuentran la prohibición de prácticas de cría consideradas extremas y una revisión global del modelo productivo después de las denuncias sobre contaminación y bienestar animal que han alimentado el debate público durante los últimos años.
Nacida en una familia obrera y líder de los socialdemócratas desde 2015, Frederiksen afronta ahora un tercer mandato que combina retos internos y externos. La fragilidad parlamentaria de la coalición y las dificultades que han marcado su formación han llevado a algunos analistas a cuestionar si el ejecutivo será capaz de agotar la legislatura. Mientras tanto, la disputa sobre Groenlandia se perfila como una de las cuestiones que pueden definir el peso internacional del nuevo gobierno danés.
