Algunos todavía recuerdan la noche del referéndum del Brexit. Pegados a una pantalla y siguiendo el escrutinio. Una década después del hecho que cambió la historia reciente del Reino Unido, los efectos económicos del Brexit continúan marcando el debate político británico. Un nuevo estudio del Centre for European Reform (CER) concluye que las exportaciones del país hacia la Unión Europea son hoy un 12% inferiores a las que se habrían registrado si Londres hubiera continuado formando parte del bloque comunitario.
La investigación, elaborada por los economistas John Springford y Anton Spisak, llega en un momento especialmente sensible. El gobierno laborista de Keir Starmer busca redefinir las relaciones con Bruselas sin romper las líneas rojas fijadas durante la campaña electoral, mientras dentro del Partido Laborista crecen las voces que plantean una aproximación más ambiciosa a Europa.
¿Qué ha provocado la caída del comercio?
Según el estudio, el impacto del Brexit ha sido especialmente visible en el comercio de bienes, que registra una caída del 16% respecto al escenario hipotético de permanencia en la UE. El sector servicios, tradicionalmente una de las grandes fortalezas de la economía británica, también ha sufrido un retroceso notable, con unas exportaciones un 7% inferiores a las esperadas.
Los autores señalan que la principal causa de este deterioro no son los aranceles, sino la salida del mercado único europeo. Las nuevas exigencias reguladoras, los certificados de conformidad, los controles administrativos y las diferentes normativas aplicables a los productos británicos han incrementado los costes para las empresas y han dificultado el acceso al mercado comunitario.
Los sectores más perjudicados han sido el turismo, las finanzas y los seguros, la industria química y farmacéutica y el sector agroalimentario. Especialmente significativa es la situación de los servicios, ya que el Reino Unido no ha participado en el importante crecimiento de los intercambios dentro de la UE que se ha producido después de la pandemia.
El informe también cuestiona una de las principales promesas de los partidarios del Brexit: que los nuevos acuerdos comerciales con países de fuera de la Unión compensarían la pérdida de negocio con Europa. De momento, los investigadores aseguran que hay pocas evidencias de que esta compensación se haya producido.
¿Posible retorno a la UE?
Este diagnóstico llega cuando el debate sobre la futura relación con Bruselas vuelve a ganar protagonismo. Aunque Starmer y la ministra de Economía, Rachel Reeves, han defendido una cooperación más estrecha con la UE, el gobierno mantiene el compromiso de no reincorporarse ni al mercado único ni a la unión aduanera, ni tampoco restablecer la libre circulación de personas.
Sin embargo, algunas figuras destacadas del laborismo, como Andy Burnham o Wes Streeting, han dejado entrever que el regreso a la Unión Europea podría volver a formar parte del debate político en el futuro. Paralelamente, los liberales demócratas han dado un paso más allá y han abandonado la propuesta de reincorporarse únicamente a la unión aduanera para defender directamente el regreso al mercado único.
El estudio del CER también enfría las expectativas sobre una hipotética vuelta a la unión aduanera. Los expertos consideran que esta opción solo corregiría una parte muy limitada de los problemas actuales, ya que simplificaría algunos trámites para los exportadores, pero no solucionaría las dificultades que afectan al sector servicios ni eliminaría las barreras reguladoras que han aparecido después del Brexit.
La conclusión de los autores es clara: la mayor parte del coste económico de la salida de la UE proviene del abandono del mercado único. Recuperar plenamente el terreno perdido exigiría una reintegración mucho más profunda con las estructuras europeas, una opción que comportaría decisiones políticas complejas, desde la aceptación de normas comunitarias hasta contribuciones al presupuesto europeo o, incluso, la recuperación de la libre circulación.
Diez años después del referéndum, el Brexit sigue siendo mucho más que una cuestión identitaria o política. Los datos económicos mantienen abierta una pregunta que parecía resuelta en 2016: ¿cuál es el precio real de la ruptura con Europa?
