Han pasado cuarenta años desde la entrada de España en la Unión Europea, y en Catalunya el balance general es claramente favorable. Aunque todavía persiste un cierto desconocimiento sobre el funcionamiento de las instituciones europeas y una distancia emocional respecto a su política, la mayoría de la ciudadanía reconoce el papel clave que ha tenido la UE en el desarrollo económico y social del país.
Según una encuesta reciente, elaborada a partir de un millar de entrevistas a residentes europeos en Catalunya, cerca de seis de cada diez catalanes se definen como europeístas. En cambio, una minoría significativa afirma sentirse poco o nada identificada con el proyecto comunitario. Ahora bien, uno de los datos más relevantes es el fuerte aumento del europeísmo entre los jóvenes. En la franja de edad de 18 a 24 años, el apoyo a la UE ha crecido notablemente en comparación con años anteriores, hasta el punto de que este colectivo se equipara a los mayores de 65 años, tradicionalmente más favorables a la integración europea.
¿Cuál es el sentimiento de pertenencia?
Este incremento entre los más jóvenes resulta especialmente significativo si se tiene en cuenta que no vivieron el proceso de adhesión ni los primeros años de integración. A pesar de ello, son hoy uno de los grupos más convencidos del valor del proyecto europeo. Paralelamente, también se detectan diferencias según el origen: las personas nacidas fuera de España muestran un nivel de europeísmo más alto que las nacidas en Catalunya o en el resto del Estado. En cuanto a las ideologías, los votantes de centroizquierda son los que expresan un apoyo más amplio a la UE.
En términos generales, una amplia mayoría considera positiva la pertenencia de España a la Unión Europea, aunque esta percepción ha bajado ligeramente respecto al año anterior. Esta valoración coincide con tendencias similares observadas a escala estatal y europea, donde el apoyo continúa siendo mayoritario.
¿Desconexión con la política europea?
Ahora bien, este sentimiento favorable convive con una realidad menos optimista: el desinterés y la desconexión con la política europea. Más de la mitad de los encuestados admiten tener poco o ningún interés en este ámbito, y una gran mayoría percibe que su voz tiene poca influencia en las decisiones que se toman en el ámbito europeo. Además, una parte importante de la población es incapaz de identificar instituciones clave de la UE, hecho que evidencia un déficit de conocimiento.
A pesar de estas carencias, crece la demanda de una Unión Europea más fuerte y con un papel más destacado en el futuro. Tres de cada cuatro ciudadanos querrían que la UE asumiera más protagonismo ante los retos globales actuales. En este contexto, el Parlamento Europeo se mantiene como la institución más reconocida, por delante de otros órganos comunitarios.
En cuanto al impacto de estas cuatro décadas, casi siete de cada diez catalanes consideran que la UE ha contribuido positivamente al crecimiento económico, especialmente en ámbitos como el comercio. También hay una valoración favorable en el terreno social, y el impacto en el futuro personal se puntúa con una nota media notable. Además, se percibe que el euro ha aportado estabilidad y que la ampliación de la UE podría ser beneficiosa para los países candidatos.
¿Incrementar la defensa?
Además, el estudio también apunta a un debate emergente sobre el papel de la Unión Europea en materia de defensa. Actualmente, uno de cada cuatro catalanes considera que habría que incrementar el gasto en este ámbito, una opinión que gana peso entre los más jóvenes, donde llega hasta el 40% en la franja de 18 a 24 años. Sin embargo, cuando se pregunta por las prioridades de los futuros presupuestos europeos, la seguridad y la defensa quedan en un segundo plano, escogidas solo por una minoría.
En cambio, la crisis de la vivienda se posiciona claramente como la principal preocupación ciudadana. Por otro lado, la percepción sobre el impacto de la UE en la vida cotidiana es moderadamente positiva: aproximadamente la mitad de los encuestados consideran que sus acciones tienen una influencia notable. Estas opiniones se recogieron en un contexto internacional tenso, marcado por la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, hecho que puede haber condicionado la sensibilidad hacia las cuestiones de seguridad.
