El 1 de enero de 2026 se cumplirán cuarenta años de la entrada de España y Portugal en la Unión Europea, uno de los pasos más importantes en la historia contemporánea de ambos países y del proyecto comunitario en general. Hace cuatro décadas, la adhesión supuso tanto un punto de llegada como de partida para España y Portugal. Según analistas del Real Instituto Elcano, marcó el final de la fase de consolidación democrática y abrió la puerta para que ambos países liberalizaran sus economías, modernizaran su sociedad y ampliaran su influencia en el mundo.

Los efectos económicos y sociales han sido evidentes en ambos casos. Desde 1986, España ha recibido más de 185.000 millones de euros en fondos europeos, destinados a infraestructuras, empleo e innovación, lo que ha contribuido a conectar territorios y modernizar servicios públicos. Paralelamente, Portugal también ha experimentado una transformación robusta: su economía se ha vuelto más abierta y competitiva, con un aumento sostenido del PIB y la creación de puestos de trabajo.

Los cambios para los ciudadanos

Para el ciudadano común, la pertenencia a la UE ha ampliado derechos y oportunidades. La libertad de movilidad dentro del espacio Schengen ha facilitado que millones de personas vivan, estudien o trabajen en otros países europeos. En el caso portugués, más de 55.000 estudiantes universitarios han cursado estudios a través de Erasmus+ en los últimos años, mientras que en España son millones los jóvenes que han participado en este tipo de movilidad educativa.

La política agrícola comunitaria ha transformado el campo a ambos lados de la península. En España, ha reforzado sectores como el oleícola o los cítricos, mientras que en Portugal casi 200.000 agricultores reciben cada año apoyo vital de las políticas agrícolas de la UE. Este apoyo ha sido un elemento clave para mantener la competitividad y la sostenibilidad agrarias, según destaca una nota de la propia Comisión Europea. 

Parlament Europeu / ACN
Parlament Europeu / ACN

Cooperación transfronteriza

También hay ejemplos concretos de cooperación transfronteriza y proyectos compartidos. Iniciativas como las jornadas en la Eurociudad Tui–Valença celebran cómo la libre circulación ha mejorado la vida cotidiana de las personas que viven a ambos lados de la frontera, destacando la importancia del trabajo conjunto en ámbitos como el desarrollo rural y la cultura local, argumenta una nota de la Representación de la UE en España

Los indicadores macroeconómicos muestran la magnitud del cambio: en solo cuatro décadas, la economía española ha pasado de una renta per cápita de 7.300 euros en 1985 a más de 31.000 euros en 2024, y las exportaciones han crecido hasta representar un tercio del PIB. La población ha aumentado y la esperanza de vida se ha incrementado notablemente, pasando de los 76 a los 84 años. Estas cifras reflejan no solo el efecto de la integración económica, sino también avances en educación, sanidad y calidad de vida. 

España y Portugal, presentes

España y Portugal no solo han recibido los beneficios de la integración: también han contribuido a reforzar la Unión. Con presidentes de instituciones europeas y una participación activa en la definición de políticas comunitarias, ambos países han aportado experiencia y voz propia al proyecto europeo. Cuarenta años después, el apoyo ciudadano continúa siendo mayoritario. La conmemoración del 2026 llega en un contexto en el que se reivindica la Unión no solo como un mercado común, sino como un espacio de valores compartidos de libertad, cohesión y solidaridad. Bajo el lema "Desde 1986", España y Portugal, junto con el resto de miembros, continúan mirando hacia el futuro para afrontar nuevos retos junto con Europa.

ursula von der leyen efe
Ursula von der Leyen / Efe

¿Qué representa para tu día a día la UE?

Además de las cifras macroeconómicas, la integración europea ha tenido efectos palpables en la vida cotidiana de millones de personas. Para muchas familias españolas y portuguesas, la libre circulación dentro del espacio Schengen ha convertido en habitual viajar, estudiar o trabajar en el extranjero sin controles fronterizos, una oportunidad que antes de 1986 era casi inexistente. Esta libertad se ha concretado en programas como Erasmus+, que han permitido a cientos de miles de jóvenes acceder a experiencias académicas y profesionales en otros países europeos, enriqueciendo su currículum y su visión del mundo. La ciudadanía europea también implica derechos prácticos como la Tarjeta Sanitaria Europea, que facilita el acceso a asistencia médica en los países de la Unión, o la posibilidad de hacer prácticas remuneradas en instituciones de la UE para jóvenes que quieren empezar carrera en un entorno internacional. 

En el día a día, los fondos europeos han ayudado a mejorar servicios e infraestructuras que tocamos constantemente: desde la banda ancha en casa y la modernización de carreteras hasta proyectos de renovación urbana o impulso de la economía local. En España, por ejemplo, los fondos de cohesión han hecho posible que millones de hogares tengan acceso a internet de alta velocidad y han impulsado la rehabilitación de espacios públicos; en Portugal, la mejora de la red ferroviaria y el impulso de conectores modernos han reducido el tiempo y coste de los viajes dentro y fuera del país. Estas transformaciones son percibidas por la ciudadanía no solo como estadísticas, sino como mejoras reales en la calidad de vida, el acceso a servicios y las oportunidades laborales y educativas que se abren como consecuencia de la integración europea.