Crisis en Paraguay: Pedro Alliana, nuevo presidente tras la destitución y detención de Santiago Peña

Paraguay se ha despertado este sábado con un presidente nuevo, el anterior detenido y una crisis política y financiera que ha trastocado el país en cuestión de días. Pedro Alliana, hasta ahora vicepresidente, ha asumido la presidencia después de que el Senado destituyera el viernes a Santiago Peña, salpicado por el escándalo de Ueno Bank, una de las principales entidades financieras del país. Lo que empezó como una crisis bancaria se ha convertido en un terremoto institucional que ha dejado a millones de ciudadanos con los ahorros bloqueados, ha desencadenado protestas multitudinarias y ha hecho aflorar las luchas de poder dentro del gobernante Partido Colorado. La rapidez de los acontecimientos es extraordinaria: en solo tres días, la intervención de un banco ha acabado con la presidencia de Peña y con el expresidente bajo custodia policial.

La jornada del viernes 6 de noviembre ha pasado a la historia política paraguaya. Los 44 senadores presentes en la cámara alta, de un total de 45, votaron a favor de destituir a Peña por mal ejercicio de sus funciones en un juicio político. Pocas horas después, Alliana juraba el cargo ante el Congreso y recibía la banda presidencial. Casi simultáneamente, la Fiscalía ordenaba la detención de Peña, investigado por presuntos delitos relacionados con la administración de recursos públicos y el colapso bancario. Inicialmente, quedó bajo arresto domiciliario, pero durante la madrugada ha sido trasladado al Regimiento de Escolta Presidencial por motivos de seguridad, después de que grupos de manifestantes se concentraran delante de su casa.

Un banco, millones de clientes y los ahorros bloqueados

Para entender la dimensión de la crisis, hay que empezar por Ueno Bank. La entidad financiera, que había experimentado un crecimiento espectacular gracias a la banca digital y a una política comercial agresiva, había conseguido captar cerca de 2,94 millones de clientes en un país de unos 6,1 millones de habitantes. Para muchos paraguayos, especialmente los que hasta entonces no disponían de servicios bancarios, Ueno se había convertido en la puerta de entrada al sistema financiero.

Pero el modelo empezó a mostrar grietas. El Banco Central del Paraguay detectó graves irregularidades, entre ellas préstamos concedidos a empresas vinculadas a los propietarios de la entidad, deficiencias en la documentación contable y problemas de solvencia. La situación se agravó hasta el punto de que el capital del banco quedó por debajo de la mitad del mínimo legal exigido. El pasado martes, 3 de octubre, las autoridades intervinieron la entidad.

Las consecuencias fueron inmediatas. Cientos de miles de ciudadanos descubrieron que no podían retirar dinero, utilizar las tarjetas o acceder a sus ahorros. El bloqueo afectó también a empresas, trabajadores y pensionistas, con efectos sobre el consumo y la actividad económica. El malestar se trasladó rápidamente a las calles de Asunción, la capital, donde miles de manifestantes reclamaron explicaciones, la recuperación del dinero y responsabilidades políticas.

¿Por qué el escándalo ha acabado con Santiago Peña?

La pregunta que explica el salto de la crisis financiera a la política es qué relación tenía el presidente con Ueno Bank. Peña, economista y antiguo funcionario del Fondo Monetario Internacional, había mantenido intereses empresariales en el grupo vinculado a la entidad, de los que se desprendió en 2025. Pero los investigadores y los parlamentarios no solo ponen el foco en estas participaciones, sino también en las decisiones adoptadas durante su mandato. El banco recibió más de 800 millones de dólares procedentes de organismos públicos, incluidos recursos del sistema de pensiones y de la seguridad social. Según las acusaciones parlamentarias, el gobierno habría favorecido la concentración de estos fondos en una entidad que ya despertaba dudas sobre su gestión y solvencia. También se investiga si los organismos reguladores fueron lo suficientemente rigurosos a la hora de supervisarla.

Otro nombre clave es Carlos Carvallo Spalding, antiguo responsable de la empresa financiera que dio origen a Ueno y posteriormente presidente del Banco Central, nombrado durante el mandato de Peña. La Fiscalía también ha ordenado su detención. El posible conflicto de intereses entre los responsables políticos, los reguladores y los gestores bancarios es uno de los ejes centrales de la investigación.

Peña ha negado haber cometido irregularidades y sostiene que sus inversiones eran de carácter privado. Las sospechas, sin embargo, fueron suficientes para desencadenar el proceso de destitución política. Hay que distinguir, sin embargo, los dos procedimientos: el Senado lo ha apartado de la presidencia por responsabilidad política, mientras que la justicia deberá determinar si existen responsabilidades penales. La detención no equivale a una condena.

¿Por qué Peña intentó dimitir y el Congreso no lo aceptó?

Uno de los episodios más reveladores de la crisis se produjo el jueves, cuando Peña presentó la dimisión para intentar poner fin a su etapa al frente del país. Pero el Congreso no llegó a aceptarla y el procedimiento de destitución continuó hasta la votación definitiva del viernes. La diferencia tiene una explicación. La Constitución paraguaya establece que los expresidentes elegidos democráticamente pueden convertirse en senadores vitalicios, una condición que incorpora garantías institucionales y determinadas protecciones jurídicas. Pero excluye de este derecho a los presidentes destituidos mediante un juicio político. La caída de Peña, por lo tanto, no solo implica la pérdida inmediata del poder, sino también de este estatus. El procedimiento tiene un precedente especialmente significativo en Paraguay: en 2012, el presidente Fernando Lugo también fue destituido por el Senado. Ahora, catorce años después, el país vuelve a vivir una sustitución presidencial precipitada por una decisión parlamentaria.

Pedro Alliana: cambio de presidente, pero no de partido

¿Quién es el hombre que asume el mando de Paraguay en plena tormenta? Pedro Alliana, de 52 años, era vicepresidente desde agosto de 2023 y es uno de los dirigentes más experimentados del Partido Colorado, la formación conservadora que domina la política paraguaya desde hace décadas. Ha sido gobernador, diputado, presidente de la Cámara de Diputados y máximo responsable del partido. Alliana deberá completar el mandato presidencial hasta agosto de 2028, cuando está prevista la siguiente renovación del poder ejecutivo.

Pero hay un personaje que ayuda a entender aún más la sucesión: Horacio Cartes, expresidente del país entre 2013 y 2018, dirigente del Partido Colorado y una de las figuras más influyentes de la política paraguaya. Horacio Cartes había sido el gran padrino político de Santiago Peña y lo impulsó hasta la presidencia, pero las relaciones entre ambos se deterioraron a medida que el expresidente intentaba construir un espacio propio de poder y el escándalo bancario ha hecho estallar estas tensiones, hasta el punto de que Cartes le acabó dando la espalda y apoyó su destitución. El relevo ha beneficiado a Pedro Alliana, uno de sus aliados políticos más fieles, que ahora ocupa la presidencia. De esta manera, el Partido Colorado mantiene el poder, pero con un cambio de equilibrios internos. Esto explica una de las grandes paradojas de la crisis: ha caído el presidente, pero el Partido Colorado sigue gobernando. El cambio de jefe del Estado no representa, al menos de momento, una alternancia política, sino una reconfiguración del poder dentro de la misma formación.

¿Qué pasará con el dinero de los ahorradores?

La gran urgencia del nuevo presidente no es solo política. Es recuperar la confianza de los ciudadanos en el sistema financiero. En su primer discurso, Alliana ha prometido que los afectados por el colapso de Ueno Bank serán compensados íntegramente, aunque todavía hay que concretar cómo se materializará este compromiso. El Banco Central ha asegurado que el sistema de garantía de depósitos protege aproximadamente al 97% de los clientes de la entidad. Algunos pequeños ahorradores ya han empezado a recuperar el dinero, pero la situación de los depósitos más elevados y de los fondos públicos comprometidos sigue planteando interrogantes. También preocupa el impacto sobre las pensiones y los recursos de las instituciones públicas.

Paralelamente, las investigaciones judiciales continúan abiertas. La Fiscalía ha encausado a más de una veintena de directivos y personas vinculadas a Ueno Bank por presuntas irregularidades financieras. El mismo Alliana también figura entre las personas investigadas en relación con el escándalo, una circunstancia que añade incertidumbre a su llegada al poder y que no implica, por sí misma, culpabilidad.

La crisis y la tensión en las calles continúa

Paraguay afronta ahora tres retos simultáneos: esclarecer las responsabilidades por el colapso bancario, garantizar que los ciudadanos recuperen los ahorros y restablecer la confianza en unas instituciones cuestionadas por las posibles conexiones entre el poder político y los intereses financieros. La rapidez con que ha caído Peña demuestra hasta qué punto una crisis económica puede transformarse en una crisis política cuando los ciudadanos perciben que su dinero y su seguridad financiera están en peligro. Pero también deja al descubierto las disputas internas de un partido que, a pesar de perder al presidente, conserva el control del gobierno.

La indignación de los ahorradores no ha tardado en saltar a la calle. Desde el martes, cientos de ciudadanos se han concentrado en el centro de Asunción, especialmente en los alrededores del Panteón de los Héroes y del Congreso, para reclamar la devolución de su dinero y responsabilidades políticas. Entre los manifestantes hay jubilados, trabajadores, estudiantes y pequeños empresarios que han visto cómo sus ahorros o los ingresos necesarios para afrontar los gastos cotidianos quedaban bloqueados. Las protestas, inicialmente centradas en el colapso bancario, han acabado exigiendo la destitución de Santiago Peña y de su vicepresidente, Pedro Alliana.

La tensión ha ido aumentando con el paso de los días. El jueves por la noche, una manifestación en el centro de Asunción acabó con incidentes ante una oficina de Ueno Bank, contra la cual algunos participantes lanzaron piedras y otros objetos hasta romper los cristales. La policía detuvo a siete personas y un agente resultó herido en la cabeza. El viernes, después de la destitución de Peña, cientos de manifestantes se concentraron ante su casa para exigir que fuera encarcelado y no disfrutara de un trato de favor con el arresto domiciliario. La presión en la calle obligó a reforzar el dispositivo policial.

Pero la caída de Peña no ha apaciguado todas las protestas. En Ciudad del Este, la segunda ciudad más importante del país, grupos de manifestantes, mayoritariamente jóvenes, celebraron el viernes por la noche la destitución presidencial con gritos de "¡Sí que se ha podido!". La alegría, sin embargo, se mezcló con el rechazo a su sucesor. "¡No hay cambio, no hay cambio!", exclamaron algunos participantes, que consideran a Alliana un hombre de confianza del expresidente Horacio Cartes y temen que el relevo presidencial solo sirva para mantener intactas las estructuras de poder. Una protesta que había comenzado para recuperar los ahorros se ha convertido, así, en una exigencia de responsabilidades políticas que va más allá de Santiago Peña.