La prestigiosa 'The New Yorker' destroza 'La bola negra': "No es un monumento, es un fracaso"

La prestigiosa revista The New Yorker ha destrozado La bola negra, la película española de Javier Calvo y Javier Ambrossi con opciones de triunfar en los Oscar. El influyente crítico cinematográfico Justin Chang, ganador del premio Pulitzer en 2024 y presidente de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos, ha publicado una reseña demoledora sobre el largometraje y ha desmontado las pretensiones de la obra con una conclusión categórica: "No es un monumento, es un fracaso".

El texto tiene una extensión inusual, de 13 minutos de lectura lenta, y casi no deja ningún elemento en pie. La dirección, el guion, la cinematografía y las actuaciones principales reciben una avalancha de reproches que apuntan directamente a la falta de autenticidad y a la vacuidad conceptual. Para la revista neoyorquina, el proyecto de los Javis se traduce en un intento desmesurado y artificioso que insiste en su propia monumentalidad con una mezcla de arrogancia y agresividad. Según este diagnóstico, La bola negra es "un frenesí hipercontrolado de corte transversal" que acaba naufragando bajo el peso de su propia grandilocuencia. El crítico señala que los directores abordan los relatos desde una altura omnipotente que borra cualquier matiz íntimo o humano, y considera que las tres líneas temporales que estructuran la obra sufren de una "extraña insubstancialidad", como si los cineastas, aferrados a un plan temático demasiado rígido, fueran del todo incapaces de coordinar personajes, diálogos y acción en beneficio de la trama.

El elenco tampoco aprueba

Por otra parte, carga con especial dureza contra el uso que hace la película de la figura de Federico García Lorca: lejos de considerarlo un tributo, Chang considera que los Javis se enganchan al poeta sin otorgarle una narrativa propia, cayendo en la tentación no de homenajearlo, sino de intentar superarlo. El resultado, según el autor, es que se reducen los conflictos de la represión y la liberación gay a fórmulas esquemáticas, convirtiendo el dolor en un ejercicio reiterativo: "Un trauma repetitivo alejado de la psicología, gestos descoordinados desprovistos de significado". Esta mirada rebaja el guion a la categoría de "tediosa ficción para fans", y cuestiona la capacidad dramática de la propuesta, señalando que las verdaderas complejidades humanas no se exploran con honestidad, sino que se resuelven de manera mecánica, como si se tratara de un simple teorema matemático.

Chang tampoco aprueba el elenco. Del debut cinematográfico de Guitarricadelafuente en el papel de Sebastián, dice que se limita a mostrar un desconcierto absoluto y un encierro melancólico en sí mismo, incapaz de aportar profundidad a una confusión moral y sexual difusa. Además, remarca que escenas tan clave como aquella en la que el personaje se refugia con su trompeta resultan inverosímiles incluso para actores con mucha más experiencia. Del papel de Carlos González como Alberto, dice que queda relegado a una función puramente pasiva de resolución de enigmas. El único intérprete masculino que sale airoso de la crítica es Miguel Bernardeau, que es descrito como "intensamente carismático" en la piel de Rafael Rodríguez Rapún —representando una figura físicamente frágil pero con una entereza espiritual capaz de sostener los pasajes más memorables del metraje—.

¿Los Oscars, en peligro?

En cuanto a los papeles femeninos, reconoce el oficio, pero los aprovecha para evidenciar aún más las carencias estructurales del filme. A pesar de definir a Penélope Cruz como una presencia descarada y provocadora, y admitir que Glenn Close consigue sobreponerse a unos diálogos que tilda de aburridos, se centra principalmente en Lola Dueñas. Dice que la interpretación de Teresa, madre de Alberto, transmite una furia inconsolable que deja al descubierto cuán pretenciosos y postizos son los recursos poéticos desplegados por los Javis.

La reseña de The New Yorker es un golpe directo a la estrategia de la película en su campaña internacional, ya que llega a cuestionar galardones como el premio a la mejor dirección en Cannes. Esta implacable deconstrucción choca con las cifras y el apoyo que ha recogido el filme en España, y que ahora quería consolidar en el extranjero. La crítica de Chang rompe de raíz la ilusión unánime de que estábamos ante una obra maestra y quién sabe si pone en riesgo su carrera por los premios de la Academia de Hollywood.