Cole Allen, el profesor californiano que irrumpió a tiros el sábado en una cena de gala en Washington en la que participaba el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido imputado por tres cargos federales. Entre ellos, el intento de asesinato del mandatario, un delito que puede acarrear la cadena perpetua. El acusado, de 31 años, ha comparecido este lunes por primera vez ante un tribunal federal para que se le leyeran las acusaciones, que incluyen también los delitos de transportar un arma de fuego a través de las fronteras estatales y disparar en un espisodio violento —que, en ambos casos, podrían suponer unos diez años de prisión cada uno—.

La audiencia, presidida por el juez Matthew J. Sharbaugh, ha durado unos quince minutos. Allen se ha presentado ante el tribunal vestido con un uniforme de un color azul estridente, y acompañado por el equipo legal que lo defiende. La defensa ha insistido en que el acusado no tiene antecedentes penales. Aparentemente calmado, el tirador ha asentido al tribunal y ha contestado con rapidez, de manera escueta y en voz baja a las preguntas del juez. El acusado no se ha declarado ni inocente ni culpable. Se le ha citado de nuevo este jueves para valorar si es liberado bajo fianza o si permanece detenido durante todo el procedimiento.

El sábado, Cole Allen, armado con una escopeta, una pistola y cuchillos, se saltó un control de seguridad en el hotel Hilton de Washington, donde se celebraba la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA) con la presencia de Trump, la primera dama, Melania Trump, o los secretarios de Estado, del Tesoro y de Guerra. Tras un intercambio de disparos —uno de los cuales alcanzó a un agente, si bien evitó males mayores gracias al chaleco antibalas—, Allen fue interceptado por el Servicio Secreto antes de poder acceder a la planta donde se encontraba el salón de baile en el que se celebraba la cena. Una vez comenzó el fuego cruzado, Trump y el resto de altos cargos fueron evacuados de inmediato.

Antes del asalto, el acusado escribió un manifiesto en el que admitía que quería infligir el mayor daño posible al Gobierno Trump. "Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes", decía en esa nota, que el acusado envió a su familia antes del incidente. La fiscal general del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, se ha mostrado convencida de que Allen quería matar al presidente. "Esto ha sido un intento de asesinato del presidente de EE. UU., en el que el acusado dejó claro cuál era su propósito, y ese propósito era eliminar a la mayor cantidad posible de altos cargos del Gabinete", ha afirmado la fiscal en una comparecencia ante los medios.

Casa del tirador Cole Allen en Torrance, California / EFE

El director del FBI, Kash Patel, ha confirmado que Allen llevaba con un arma larga y cuchillos al ser detenido y aseguró este lunes que los agentes "no han dormido en todo el fin de semana" para tratar de esclarecer la cadena de sucesos y los motivos que llevaron al sospechoso a atentar contra Trump y su Administración. "Hemos recopilado hasta el momento correos electrónicos, publicaciones en redes sociales, entrevistas con testigos y conversaciones con personas de su entorno, familiares, amigos y vecinos, con el fin de ofrecer una imagen completa de la mentalidad y las intenciones de este individuo en el momento de presentar los cargos ante el tribunal", ha explicado Patel a Fox News antes de la audiencia.

La Casa Blanca revisará los protocolos de seguridad y acusa a la oposición de "alimentar la violencia"

La Casa Blanca ha afirmado este lunes que se van a revisar los protocolos de seguridad para eventos en los que participe Trump que se celebren fuera de la oficina presidencial, en una reunión que se hará esta semana con altos mandos del Departamento de Seguridad Nacional y del Servicio Secreto. Tras el incidente, en Estados Unidos se ha puesto el foco en el dispositivo de seguridad. Según publica The Washington Post, no se activó el máximo nivel pese a que se encontraban en el recinto muchos altos cargos del Gobierno. Desde la Casa Blanca, la portavoz gubernamental Karoline Leavitt ha acusado a los medios de comunicación y al Partido Demócrata de demonizar a Trump y de alimentar la "violencia política" que motivó a Allen a actuar.