Al menos doce soldados estadounidenses han resultado heridos, dos de ellos en estado grave, en un ataque con misiles lanzado por Irán contra la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, según ha informado un funcionario de Estados Unidos a Reuters. La ofensiva se ha producido este viernes en la instalación situada en Al-Kharj, al sureste de Riad, en un nuevo episodio de la escalada militar en la región. Según informaciones publicadas por The New York Times y The Wall Street Journal, el ataque se ha llevado a cabo con al menos un misil y varios drones. Los militares afectados se encontraban dentro de un edificio de la base en el momento del impacto. Además, varios aviones de revestimiento aéreo habrían sufrido daños materiales, según los mismos medios.
El ataque no solo ha dejado heridos, sino que también ha afectado equipamiento militar de los Estados Unidos desplegado en territorio saudita. Las informaciones apuntan a que diversas aeronaves han resultado dañadas, aunque no se ha concretado el alcance exacto de las afectaciones. Desde el inicio de la guerra, que este sábado ha hecho un mes, más de 300 militares norteamericanos han resultado heridos, de los cuales 273 ya se han reincorporado al servicio, según datos facilitados por el Ejército. En total, el balance de víctimas mortales entre las fuerzas de los Estados Unidos se eleva a trece soldados.
Trump pasa del triunfalismo bélico a la apuesta por el diálogo en el primer mes de guerra con Irán
Cuando hace un mes del inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el balance actual dibuja un escenario mucho más complejo de lo que había previsto la Casa Blanca. En estas cuatro semanas, el relato de Donald Trump ha evolucionado al ritmo de una respuesta iraní que ha complicado los planes iniciales de Washington. Lo que debía ser una victoria rápida —con el asesinato de Ali Khamenei como detonante— ha derivado en una búnkerización del poder en Teherán, donde las interminables líneas de sucesión y el paso adelante de la Guardia Revolucionaria han alejado la posibilidad de un cambio de régimen. Ahora, el conflicto se abre a dos escenarios inciertos: una salida negociada o un “golpe final” estadounidense, que podría implicar incluso el despliegue de tropas terrestres.
En este mes, Trump ha ido modulando su discurso en un intento de esquivar el callejón sin salida en que ha quedado atrapada la administración republicana. Inicialmente, insistía en que el conflicto estaba “prácticamente terminado”; después rebajó el tono asegurando que “se acabaría pronto”. Los mensajes del republicano, sin embargo, han chocado reiteradamente con la realidad sobre el terreno. El presidente, que antes de volver a la Casa Blanca prometía terminar la guerra de Ucrania en 24 horas —cuando el conflicto ya acumula cuatro años—, intenta proyectar una imagen de control que no se corresponde con la percepción que se respira en Washington, donde diversos sectores del Congreso aseguran que el ejecutivo no ha dejado de improvisar. La prueba más evidente es el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, una vía por donde circulaba cerca del 20% del petróleo y el gas mundial y que se ha convertido en el principal punto de presión de Teherán. La interrupción de esta arteria clave del sistema energético global ha desencadenado una crisis inmediata en los mercados, con el precio del barril de Brent superando los 100 dólares por primera vez desde 2022.
